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Con sus palabras · 14

Ahí es donde desaparezco

Son las mismas treinta personas y las mismas 36 sesiones de la pieza anterior de esta serie: gente que ya conocía la DMT y la tomó en su casa, con los investigadores a su lado, callados salvo para preguntar cada poco por la intensidad. Allí contaron con quién sintieron encontrarse. Aquí, lo que les pasó por dentro: cómo empezó, qué fue del cuerpo, de los sentidos, de la memoria y del propio yo, y qué sintieron. En 34 de las 36 sesiones hablaron de emociones buenas: paz, belleza, amor, gratitud, risa.

Traducido del artículo «An encounter with the self: A thematic and content analysis of the DMT experience from a naturalistic field study» · Frontiers in Psychology, 2023

ZDTreinta y pocos · unas veinte veces RVCuarenta y pocos · una vez DMT, además de cuatro de ayahuasca BBTreinta y tantos · entre quince y veinte veces JBCuarenta y pocos · unas ocho veces GRVeintitantos · dos veces RHCincuenta y tantos · cientos de veces · tres sesiones

Y también: OR, LG, MS, ST, SH, FF, AF, BW, TM, JM, JA, AN, AZ, RS, MP, LR, SP, EM, DS, AB, TC y AV.

El estudio, en pocas líneas

Investigadores de la Universidad de Greenwich, en Londres, acompañaron a personas que ya conocían la DMT mientras la tomaban en su casa o en su jardín, y las entrevistaron nada más volver. De ese estudio de campo salieron, entre otros, dos artículos: el primero, que contamos en Nos conocemos, analizó lo que vivieron como ajeno a sí mismos, los seres y los mundos; este, de 2023, lo que tiene que ver con uno mismo.

Para participar había que haber tomado DMT y haber llegado alguna vez a la experiencia más intensa, la que se vive como sumergirse en otro espacio y que quienes la toman llaman breakthrough: «atravesar». Cada uno ponía su DMT. Quedaba fuera quien había tenido alguna vez una experiencia con estas sustancias que le dejara dificultades duraderas y quien tenía, o había tenido hacía poco, un problema psiquiátrico. Como la DMT es ilegal en el Reino Unido, todo fue anónimo: nadie dio su nombre, su teléfono ni su dirección, y en el artículo aparecen con dos letras.

La fumaron o la vaporizaron, en cantidades de 40 a 75 miligramos, 54,5 de media. En una escala del 1 al 10, en la que el 1 es el estado normal y el 10 es estar demasiado alterado para comunicarse, todos menos uno llegaron al menos al 8, y la media fue 9,5. Cuando volvían al 1, empezaba la entrevista, que solía durar al menos media hora.

La entrevista les pedía que lo contaran todo, en orden y con sus propias palabras, sin las de otros ni las de la cultura popular. Luego preguntaba por partes: qué era lo primero que recordaban, cómo sintieron el cuerpo, si vieron geometrías, adónde fueron, si se encontraron con alguien, si entendieron algo, cómo pasó el tiempo, qué emociones tuvieron y cómo era su sentido de sí mismos.

Entre todos hicieron 47 sesiones, y los dos artículos analizan las mismas 36, las de 30 personas (cuatro de ellas tienen más de una sesión entre esas 36). Quedaron fuera las de menos de 40 miligramos, una de changa, tres de personas que no forman imágenes mentales y cuatro superficiales o de las que apenas quedó recuerdo. Así que las 36 son, por esa selección, sesiones en las que contaron haber atravesado. Ocho de las 30 personas eran mujeres. Tenían de 23 a 58 años, 37 de media, y la mayoría eran británicos. Algunos la habían tomado una, dos o tres veces (además de ayahuasca o de sustancias parecidas); otros, cientos.

Los autores ordenaron lo que contaron en cinco grandes apartados (cómo empezó, el cuerpo, los sentidos, la mente y las emociones), cuatro de ellos basados en los de una escala con la que Rick Strassman midió los efectos de la DMT en los años noventa; lo que hay dentro de cada uno salió de lo que dijo la gente. Añadieron un sexto con algo por lo que la entrevista no preguntaba: cómo interpretaron lo vivido. Las cifras dicen en cuántas de las 36 entrevistas aparece cada cosa. Sus palabras van con sus dos letras y, cuando el artículo lo dice, con el número de sesión: «primer viaje», «segundo», «tercero».

Antes de leer sus palabras, una advertencia. Son personas con experiencia, que se presentaron voluntarias y que no tenían problemas psiquiátricos. Los propios autores escriben que, con gente así, era de esperar que contaran experiencias sobre todo positivas y solo alguna vez aterradoras. Las citas las eligieron los investigadores para ilustrar cada tema. Lo que cuentan aquí no tiene por qué ser lo que vive quien la toma por primera vez, ni todo el que la toma.

  • Qué esEntrevistas nada más volver de la experiencia (estudio de campo cualitativo)
  • Quiénes30 personas con experiencia, en 36 sesiones
  • SustanciaDMT fumada o vaporizada, en su propia casa
  • DóndeLondres y el sureste de Inglaterra
  • Publicado2023, en Frontiers in Psychology
  • LicenciaCC BY: se puede traducir citando la fuente

Como un tornado

Muchos recordaban la entrada como una avalancha, y varios, como quedar sumergidos. LR habló de «muchísimas ideas y muchísimas cosas entrando a raudales», y TM, en su segundo viaje, de que «me vino encima como un tifón». En el tercero volvió a la misma imagen:

«La primera parte fue demasiado rápida, de verdad, demasiado rápida, las imágenes se desbordaban, no podía entender nada… Era como si estuviera en medio de un tornado, todo iba a una velocidad inimaginable, no podía seguir nada… Quizá una sensación como si me hubiera ahogado… ahogándome, pero en colores e imágenes.»

TM, tercer viaje

Lo de AN fue «un poco oceánico»: «Me sentí sumergida… Me sentí bajo el agua, de algún modo, o contenida por una energía». ZD, que además sintió que estaba dentro de algún ser, oía desde el fondo la pregunta con la que los investigadores medían la intensidad:

«[Fue] como estar en el fondo de la piscina, como oír a alguien de pie en el borde que dice: “¿Cómo de intensa es la experiencia?”. Sí, era como si pasaran tantísimas capas de cosas a la vez… que mi cerebro no podía con ello. Estaba en tantas experiencias distintas a la vez… Era muy caótico, y agotador… Era como si me zarandearan un montón de corrientes distintas que competían entre sí, unas intentando hundirme más y otras intentando sacarme… Corrientes de energía que intentaban llevarme en direcciones distintas.»

ZD

Otros hablaron, sin pánico, del subidón del principio, que se cuenta a menudo: el «corazón… a cien» (BB), un «calor que corre por todas partes» (EM), «un golpe de kundalini en la base de la columna» (MP).

A veces, la emoción del principio fue tan fuerte que se notó en el cuerpo. Unos hablaron de un miedo leve: «Ser un mono asustado ante esta realidad», dijo GR. En seis llegó al terror o al pánico, y tres de esas seis eran de RH, que tomó DMT tres veces durante el estudio. En cinco de las seis, el terror iba unido al miedo, o sobre todo a la sensación, de estar muriéndose, y en muchas, a que costaba respirar, algo que los autores creen que puede tener que ver con el propio vapor de la DMT. Así contó RH el momento «horripilante, aterrador, horrible» de su segundo viaje:

«Tuve los terrores durante un rato porque estaba en un sitio bastante nuevo que no reconocía bien, muy sobrecogedor… Recuerdo que luchaba por respirar, que pensé que iba a vomitar en algún momento… Es difícil pasar del miedo en la primera parte, mucho terror… Me estaba entrando un poco el pánico porque de verdad era superintenso… Estaba muy preocupado… por si no volvía o algo así… Morirme al principio, dolor, confusión: eso fue jodidamente potente, la verdad… Parecía que estaba en algo que se sentía de verdad como la muerte.»

RH, segundo viaje

A varios les costó respirar. ZD, por ejemplo: «Quería que alguien me rescatara. Joder, qué horrible fue… Sentía como si me hubiera quedado sin aliento o algo así, una sensación horrible en el pecho… Tenía la sensación de que no iba a sobrevivir, la sensación de estar en una crisis existencial que nunca había tenido antes». Para muchos, pasada la entrada, llegó la calma, como se verá más abajo.

También el tiempo y el espacio se movieron nada más empezar. A algunos se les estiró el tiempo: RH contó que siempre se veía lanzado a una especie de vacío en el que se moría y que se le hacía «ridículamente largo, como, eterno». ST lo notó desde la primera calada:

«Después de soltar el humo, cuando volví a respirar normal, en lugar de dejar que siguiera empecé a participar en ello, porque parecía tan ralentizado, en tantos pasos distintos, que podía entrar en cualquier momento.»

ST

Otros sintieron que lo que tenían alrededor se deshacía, antes de sentir que entraban en otra realidad. «Es sobre todo una sensación de deconstrucción, las cosas como que se despegan, por así decirlo», dijo JM; BW vio cómo «el campo visual se vuelve cada vez menos complejo, y más contornos marcados, y luego siluetas, y luego bloques de colores básicos». La mayoría sintió algún tipo de traslado de este mundo a otro, pero unos pocos insistieron en que no hubo túnel ni nada parecido: «Simplemente ¡bang!, allí… llegar inmediatamente a esa escena» (MP). Y GR fue el único que contó que su cuerpo se expandía:

«En el espacio del corazón, una especie de sensación como derretida, húmeda, pegajosa, como fuuush, ya sabes, como se derrite la nieve… Sí, era como una esponjita [ahí], luego se hizo más esponjosa… y eso trascendió mi cuerpo… simplemente empezó a expandirse más allá de mis límites.»

GR

Casi sin cuerpo

Del cuerpo hablaron poco, y por una razón: la mayoría contó que había dejado de sentirlo (algo más de la mitad, según otro trabajo del mismo equipo). Los autores llaman a este apartado «un dichoso desembarco del cuerpo».

Cuando hablaron de él, fue sobre todo para bien. A dos se les fue el dolor. TM, en su primer viaje: «Por la fibromialgia tengo un dolor casi continuo en las articulaciones… A los 3 o 4 segundos, desapareció por completo». A MS los achaques también se le fueron «por completo… No estás en este mundo, estás en ese otro mundo… [donde] estás como sin dolor, sin nada, ¿no?». Otros hablaron de éxtasis; dos sintieron que se fundían con la persona que tenían al lado, y BW comparó lo que vino después con lo que queda tras un orgasmo.

Otras veces, lo que pasó no fue ni bueno ni malo, o fue las dos cosas. Algunos hicieron con las manos, sin buscarlo, gestos como los de las religiones: «mudras instintivos», dijo JA. RH lo contó en su segundo viaje:

«Bailando, moviéndome con esta forma, y me doy cuenta de que me gusta hacer [estos gestos] cuando estoy en este espacio, para [las entidades], con ellas. Y sí que me recuerda un poco a los mudras hindúes.»

RH, segundo viaje

Hubo también vibraciones o convulsiones, y alguien contó que, con las vibraciones, sintió que soltaba un trauma. TM, en sus dos primeros viajes, se convenció de haber tenido convulsiones, aunque solo las sintió él: «Me estaba viendo aquí, en el sofá… ¡Tuve convulsiones como diez minutos en mi viaje!». En la entrevista las reconstruyó: «aún más que esto, como El exorcismo, doblado… Mi cuerpo reaccionó… muy violentamente, y quería pedir perdón». Y AZ, sentado en su jardín, fue el único que sintió que se convertía en planta, algo que los autores llaman «fitantropía»:

«Entonces, de repente, pude verme entero colocado como el corazón de un árbol… Veía ramas que me salían del torso. Y en cada rama había seres que parecían una botella con patas, y marchaban adelante y atrás, infinitamente. Por raro que parezca, sentía todos sus movimientos dentro de mí.»

AZ

Y a veces hubo algo incómodo, como pesadez o una sensación de parálisis.

Eres tú

Algunos contaron lo que vieron con los ojos abiertos, antes de sumergirse en otro espacio o al abrirlos un momento. A veces, sintieron que la realidad se rompía en píxeles. En su segundo viaje, TM vio a los investigadores «muy pixelados, con píxeles grandes… Erais como un videojuego muy viejo de los setenta. ¡Peor que eso!». MS vio cómo las lucecitas de una guirnalda se transformaban «en… un montón de calaveras», y a su perra convertida en el flujo de energía entre ella y quien tomaba DMT con ella: «Porque todo se descompone… todos os descomponéis en una cosa u otra».

Con los ojos cerrados, tres de cada cuatro contaron lo que vieron: sobre todo geometrías y fractales de colores en movimiento, y varios hablaron de un caleidoscopio. Muchas veces no había forma de describirlas. Cuando le preguntaron si podía, DS respondió: «Ni de broma». BB habló de «lo intrincadas que son, y de que son infinitas y todo eso», y MS, de que «es otro mundo muy ajetreado, y formas y fractales, ¡y absolutamente alucinante!». Algunos sintieron, además, que esas formas estaban vivas y que eran ellos mismos. Así lo dijo RV:

«Me vi transportado exactamente al sitio al que me llevó la ayahuasca en el viaje anterior. Un sitio de una geometría hiperinteligente increíble y de formas cambiantes… Es tan, tan difícil de describir. Pero es colorido, está por todas partes, se mueve, es muy, muy preciso, está muy lleno de forma… ¡y eres tú, ya sabes! Como que te das cuenta de que, sea lo que sea, tú también lo eres.»

RV

AZ sentía que esas geometrías se dejaban tocar: «podía de algún modo manipularlas y sentirlas». A RH, en su primer viaje, lo desbordaron: «Cada parte se estaba fractalizando, no había nada a lo que agarrarse».

Muchos contaron que todo estaba en movimiento. A veces, ese movimiento se detenía de golpe y daba paso a lo que sentían como un mundo más estable: «Eran imágenes locas, locas, locas… y, ¡bang!, esta cosa, y solo esta cosa», dijo BB. Otras veces seguía: «Pasaban un millón de cosas, cambiando de una a otra» (GR). MS le dio a sus fractales de esqueletos un sentido:

«Eso es lo que me enseñó, la impermanencia de todo. Y todo se mueve, nada se queda quieto. Nada. Eso es lo que de verdad, de verdad me dice mucho… y cuanto antes nos demos cuenta en esta realidad, mejor nos irá. [El entrevistador le pregunta si toda esa imagen de muerte quiere decir que nuestras vidas son pasajeras.] Es exactamente eso, exactamente eso es. Solo estamos aquí un instante, y la muerte no es algo malo.»

MS

Algunos sintieron que el espacio tenía más dimensiones que las tres de siempre. RS vio unas «muy intrincadas… celosías danzantes» de «al menos 4 o 5 dimensiones espaciales… Sábanas que vuelan al viento, ¡pero sábanas hiperdimensionales!». RH, en su primer viaje, vio un jardín que era «muchísimo más que cualquier cosa en 3D». SH lo intentó con más palabras:

«Hubo un momento en que como que giró, vuuup, y se volvió como angular, un poco a lo ketamina, cuando haces como zzzz y pasas a dimensiones raras, o las cosas cambian de tamaño o te conviertes en otro formato… Era casi como si me hubiera hecho pequeña y estuviera debajo de un mueble o algo así. No era así, pero es lo mejor que puedo intentar describirlo.»

SH

También hubo sonidos, aunque no muchos. MS oía siempre el mismo: «Rauuuughh… ¡está este sonido!… Una especie de sonido que venía con ello, ¿como rrrrrrnngg? Raro… Un sonido de vibración, de frecuencia… En todos los viajes de DMT que he hecho viene con él». Y a varios se les mezclaron los sentidos. ST describió algo en lo que se juntaban lo que veía, lo que sentía en el cuerpo y su propio yo: un hipercubo que se correspondía con lo que le costaba respirar y con él mismo.

«Es casi como si viera lo que siento… Era ese mismo proceso de enseñarme a asociar la sensación de… esa cosa de “cíborg autobot”, que podía visualizar como mi experiencia de Mí… Es casi como verte cortado en mil millones de trozos… Parece más bien un movimiento multidimensional, distintos tipos de componentes que siguen pareciendo conectados haciendo este tipo de movimiento… Parecía un proceso en el que me decía: “Imagina que esto te representa”, y entonces ese reino, esa imaginación, hace inmediatamente que me represente, de modo que lo que le pasa a eso lo siento yo, o más bien se transmite a la parte de mi experiencia que sea.»

ST

ZD vio su propia respiración, y en ella se vio desaparecer:

«Me hice muy consciente de mi respiración… Casi puedo verla… Muy consciente de la respiración mientras empieza a pasar toda esta cosa geométrica, y es como si la respiración se visualizara como un pilar en el centro de todo, y podría ser como… una línea blanca y fina en el centro de todo, y se expande y se contrae mientras respiro, y luego como que hace blip y se queda en nada… y entonces ahí es donde desaparezco yo.»

ZD

Lo que no cabe en palabras

En 31 de las 36 sesiones, la experiencia afectó a la memoria o al lenguaje. A muchos les resultó «muy difícil ponerlo en palabras», y muchos recurrieron a metáforas. Ni siquiera eso bastaba. «Es tan sutil que, si uso cierta palabra, va a llevar muy a engaño», dijo ZD. DS no lograba decir qué era «esta cosa de aquí en medio, lo que coño fuera, me dan ganas de decir que era una serpiente, pero no era una serpiente de ninguna manera». Las palabras de SH sobre sus «patrones preciosos» se quedaban cortas: venían «todos, vvrrr, rodeando estas habitaciones… No eran habitaciones, pero habitaciones». Cuando le propusieron dibujar a la entidad que había visto en su segundo viaje, RH respondió: «Lo haré, pero me preocupa que esta mente humana la distorsione». Y JB, que sus viajes son «más una sensación, una especie de sensaciones. Siento que si intento dibujar, estaría racionalizándolo, y la parte de mi cerebro que lo intentaría sería la equivocada». La memoria tampoco ayudaba: «Es muy difícil de memorizar, ¿no? Es tan abstracto, te agarras a cosas que creías haber visto», dijo JM. Y, después, muchos no recordaban parte de lo vivido.

Pero a muchos se les borró algo durante el propio viaje, sobre todo en el momento más intenso, en el primer o el segundo minuto. Algunos olvidaron algo tan simple como que estaban en un estudio. EM intentó «“tener presente la pregunta y recordar que eres el sujeto de una investigación”… pero una fracción de segundo después ya como que no». Otros olvidaron más: quiénes eran. Los autores lo comparan con la disolución del yo, aunque en estos casos no contaban haber perdido el propio punto de vista ni había rasgos místicos. SP lo describió así: «Simplemente volví en mí… con la sensación de que, como, venía de la nada. No había mucho en medio. Nada. Como despertarse… sin haber soñado nada». FF: «No era muy consciente de que no sabía quién era… como: “Vaya, aquí estamos, vamos a observar y nadar y tomarlo sin más”». RH, en su tercer viaje, pensó en pleno viaje que «no hay manera de que vaya siquiera a recordar esto, estoy completamente en otro mundo, con solo un pequeño recuerdo de que también hay un mundo humano en marcha». Y GR:

«Ni siquiera sabía si erais reales o no, o si esto es la vida real o no, o la realidad o no… No había ningún punto de referencia, nada… Lo que me habría llevado a ver más habría sido… si mantuviera los ojos cerrados… pero no tenía la noción de ojos, así que es muy difícil… Así que recuerdo pensar: “¿Dónde estoy? ¿Se va a acabar esto? ¿Cuándo se va a acabar?”… Porque perdí la memoria, o lo que hice, o el hecho de que tomé DMT: eso no existía, esa información ya no estaba… Como si me hubieran teletransportado sin nada del pasado… a un sitio, piuuu, como: “¿Qué coño…?”. ¡Eso sí, todavía tenía la capacidad del lenguaje!»

GR

A veces, un pensamiento se repetía en bucle. A BW, uno «de esos del TOC» le volvía una y otra vez, y se le mezclaron el pensar y el hablar: «He perdido la capacidad de distinguir entre hablar y pensar… […] ¿Lo estoy diciendo o lo estoy pensando?». Hasta que se dio cuenta: «Probablemente no estoy hablando en absoluto, y todo esto está en mi cabeza… “Van a pensar que estoy loco”».

Seguir siendo uno

Sobre su sentido de sí mismos, perderlo, del todo o en parte, fue más común, como se ha visto con la memoria, pero cinco contaron lo contrario: que en ningún momento dejaron de ser ellos. «Siempre fui consciente de que era yo y de que estaba teniendo una experiencia con DMT… pero la realidad había sido sustituida por completo», dijo AB. LG se sintió «muerto en un carámbano», y su «[yo etérico] se fue a otro plano», pero:

«Seguía siendo yo: mis procesos de pensamiento seguían sintiéndose igual… Poco a poco fue como: “Estoy muerto”, pero mi ego seguía aquí, así que la muerte es como… ¡no tan grave!»

LG

A JB, el yo le iba y venía:

«Estaba bastante lúcido, medio allí, medio aquí, a ratos… No tuve ninguna especie de… No sentí que me encontrara con entidades externas… salvo una Unidad, una entidad Todo, una entidad Universal… Dios, o lo que sea… Yo como que estaba dentro… [El entrevistador le pregunta si seguía teniendo la sensación de su propia identidad.] De eso es de lo que no paraba de reírme, de que la tenía… en cierto modo… Me sentía totalmente [unido]… Seguía habiendo cierta conciencia de mí mismo. No creo que me perdiera del todo.»

JB

Unos siguieron dándose cuenta de lo que tenían alrededor, y otros no. Y a muchos se les torció el tiempo durante todo el viaje: se estiraba, se encogía o hacía cosas más raras.

Lo que sintieron

Las emociones son el apartado más largo del artículo, y aquí ocupan varios: las buenas, las que no fueron ni buenas ni malas («Fue un 10») y las difíciles. En 34 de las 36 sesiones hubo emociones buenas, y los autores escriben que, pese a lo que asustaba a veces el principio, la experiencia acabó siendo abrumadoramente positiva. Lo más frecuente fue la paz: «muy agradable, muy tranquilo», «muy seguro… tan protegido», «tan armonioso». Para EM fue «un viaje tan suave, tan bonito, tan precioso», entre su «comunidad de arlequines». TM, en su tercer viaje, admitió que «venía de ese tormento del principio», pero de repente «estaba muy en paz… ¡Casi esperaba oír pájaros cantando!». Muchos contaron ese paso de un principio movido a una «visita amable». JM:

«Si no te pones un poco nervioso cuando la cabeza se te va por todas partes, es que te pasa algo… Pero, pasado ese subidón del principio, fue amable… muy cómodo, un poco calentito y mullido… Estaba sonriendo.»

JM

Muchos hablaron también de belleza y de profundidad. FF había entrado con la intención de «poner en orden mi puñetera cabeza» y terminó siendo «solo un espectador de este entorno fenomenal y ajeno». Aun así:

«Me sentí privilegiado de estar viendo… Estoy en la gloria. Me siento bendecido por haber tenido esta oportunidad de ir allí… Lo bonito de estas cosas es que su profundidad ya es en sí misma una comprensión, y luego eso… lleva a lo mejor a ayudar con la intención… si trabajas en ti mismo.»

FF

JB no se trajo respuestas prácticas, pero aquello valía por sí mismo:

«Estaba en otro mundo… Sí, fue a tope, precioso. Totalmente dichoso… Pero me deja preguntándome: “¿Y qué más?”. O como: “¿Qué hacemos con eso?”. Sí, pero en sí mismo es simplemente una experiencia poderosa. Para recordarme la naturaleza abstracta de la realidad, me hizo sentir este plano universal distinto. Que simplemente se siente muy profundo, y muy bonito de recordar.»

JB

Esa profundidad hizo sentirse pequeños a algunos. RV, ante algo «tan asombroso», se vio como «un ego diminuto que forcejea», y con la sensación de que su vida todavía estaba por debajo de aquella verdad: «Esto es de una importancia absoluta, pero es tan desorientador».

Reírse de uno mismo

Todo eso, por serio que fuera, venía a menudo mezclado con el humor, a veces a carcajadas. BB explicó de dónde le venía la risa:

«Otra razón de las risas fue… Te dije que suelo entrar con una pregunta y nunca te da la respuesta a esa pregunta: te da la respuesta a una pregunta que deberías haber estado haciendo. Es simplemente una especie de desinflado de lo que queda de tu ego, para decirte: “Sí, no tenías ni puta idea, ¿verdad?”. Una especie de sensación de: “Vale, muy bien, me rindo, lo que sea, guay, genial… ¿Qué más tenemos? Ah, qué pasada, ¡nubes!”… Lo avaricioso con lo que entras… te dice: “No necesitabas eso, ¡zas!, gilipollas, ¡necesitabas esto! Así que venga, disfruta”… Así que reírte de ti mismo.»

BB

SH y AF, que sintieron que los seres les mostraban un «juego cósmico» (lo contamos en Nos conocemos), salieron con una sensación de liberación. SH:

«Era como: este es El Juego, simplemente vas, entras en experiencias y ves adónde te llevan, sin pretender tener una expectativa ni una lección ni una historia ni una razón. Lo que es, simplemente es. Bastante profundo… En medio de la tontería… es tan liberador. A menudo, cuando me llegan estas descargas de los viajes, se sienten bastante pesadas, como “arggh”; esta se sintió como pfffuaaa. Increíble, como una gran liberación.»

SH

AF lo comparó con la ayahuasca:

«La segunda parte, cuando me tumbé… y el llanto, se sintió como la ayahuasca… Solo comparo las dos cosas porque fue muy liberador, y simplemente como… ¡Sí, simplemente ser! Tuve esa sensación de simplemente existir. Y quiero que dure todo lo posible… Simplemente me abrí… Uau, qué potente es lo que estudiáis [riéndose]. Madre mía… Hasta el llanto era como “sííí”, llorar, simplemente “ahh, déjalo ir”.»

AF

A JB le hacía gracia otra cosa:

«También un poco de cháchara sobre el ego, y sobre “no ser especial”. Porque parte de ello es que hay una especie de… sensación de “Jesús”, una cosa de ego iluminado. Sientes: “¡Hala, soy tan especial!”… Y luego esa especie de darte cuenta, riéndote, de lo que estás diciendo y pensando, y de lo absurdo que te suena a ti mismo.»

JB

Sanar, agradecer

Algunos contaron que sintieron que algo se curaba allí mismo, durante el viaje. BB, que en la visión se encontró con figuras de su mujer y de su hijo:

«Hay un tipo particular… de cercanía emocional, de amor, básicamente, que busco constantemente… en particular con mi hijo: abrirme del todo a eso, cosa que siento que hago. Pero me acabo de dar cuenta de que probablemente no del todo. Pero… la intensidad de esa sensación, esa es la medicina que necesito. Solo esa sensación de que hay como otra capa, otro tipo de amor… Está esa otra cosa, siempre en el fondo de mi mente: “¿Por qué siento que no me quieren lo suficiente?”. Y había algo, un pequeño cerrojo en algún sitio dentro de mí, al que no he llegado… Esa sensación de… ya sabes: coge un 5 % que te ha jodido la vida entera, y si era por esto, y de repente: “¡Eso es lo que es, idiota!”. Y es muy agudo y evidente.»

BB

JA lo hizo con sonidos: dice que, si conecta con «una sensación de miedo o una sensación de que me falta amor propio» y consigue hacer «el sonido adecuado, la frecuencia adecuada», eso le ayuda «a purgar esa energía que está como atascada dentro de mí». En ese estado, dice, se da cuenta de «cuánto cargo cada día» y siente que puede «recordar cómo procesar las energías que son difíciles de soltar en la vida diaria».

Con tanta emoción, muchos dieron las gracias. MP, y RH en su tercer viaje, repetían «gracias» en pleno viaje. MP lo explicó después: «Simplemente la oportunidad, y la sanación, y simplemente estar vivo para presenciarlo». AF estaba de lo más agradecida por poder «disfrutar de todas las cosas que olvidamos que somos», y se preguntó: «¿De verdad todo este tiempo está dedicado a mí? Como que siempre tuve esa sensación, parece que todo es para mí. De ahí viene el llanto [empieza a llorar]». OR, que pertenece a una iglesia afrobrasileña que toma ayahuasca, dio gracias en su primer viaje por algo distinto: acababa de ver pasarlo mal a su compañero, que no era religioso.

«En mi corazón, si puedo decirlo así, estaba muy agradecido por tener una doctrina o una religión a la que voy. Porque literalmente oía como: “¿Sabes lo que pasa cuando no estás preparado para ciertas cosas?”. Y el guía espiritual decía: “¡Tú estás bien! Tienes esta [doctrina], ¡no pasa nada!”.»

OR, primer viaje

Varios dieron las gracias a los seres con los que sintieron encontrarse. RV sintió que unas entidades empezaban a trabajar en la tensión de su mandíbula: «Vieron que parte del trauma está bloqueado… Y estaba agradecido por eso».

Amor

A muchos les brotó el amor, o la sensación de estar unidos a otros. A veces, entre ellos y los seres: «Oh, os quiero tanto, es como si fuéramos una sola cosa. ¡Oh, me encanta tanto estar aquí!», decía RH en su tercer viaje, cuando todavía sentía que estaba con sus entidades. BB, en esas figuras de su hijo y de su mujer, sintió la «conexión íntima con otras personas que anhelo… desesperadamente»: no un amor de él hacia el niño y otro del niño hacia él, sino «una forma compartida de amor… cristalizada en esta figura de niño».

JB y RV lloraron al contarlo. JB, entre lágrimas y risas, todavía se pillaba diciendo «yo»:

«Uau. Solo amor. No sé qué traerme de eso. Uau… No era tan visual… no tan cerebral, solo esta especie de conexión total, con todo el cuerpo… y simplemente recordarme que “yo pedí esto”, y que os quiero a todos, y que quiero todo, y joder… Cuánta confianza y cuánto amor… [Empieza a llorar, y a reír.]… Solté algunas lágrimas, pero lágrimas de bonito… lágrimas muy felices, lágrimas de risa. No paraba de reírme de mí mismo por pensar en mí como “yo”. Mi mente decía algo como “me encanta, quiero a todo el mundo”. Y yo era como: “Sigo ahí, sigo diciendo que yo quiero todo, ¡sigo atascado en este yo!”.»

JB

RV habló de la vida que querría vivir:

«Sería algo mucho más fluido, una expresión mucho más espontánea del amor en el día a día. Serían abrazos, y bendiciones, y dar, no acumular nunca, no exigir nunca [empieza a llorar]… De hecho he pensado en ser sacerdote… alguien cuyo trabajo sea bendecir y amar y dar, y la modestia, y la dulzura, y la calma [llorando, abraza al entrevistador]… Para eso estamos aquí, ¿no?… Sí, y está esta sensación de que, si libero el centro de mi corazón, mi vida tiene que cambiar… para ser… una especie de vehículo del amor. Siento que puedo serlo, pero me he resistido toda la vida, ya sabes… [El entrevistador le dice que tiene un gran corazón.] Sí, pero es lo que hacemos para cerrarlo.»

RV

Ya había estado aquí

Una sensación volvía una y otra vez: la de conocer aquello. Ya aparecía con los seres, en Nos conocemos, pero muchas veces esa familiaridad, como un déjà vu, lo impregnaba todo. JB lo vivió como una vuelta: «recordar» después de haber «vuelto a algún sitio». RS:

«Siempre me siento muy cómodo allí; a menudo siento como “ah, sí, aquí es donde estaba antes, y aquí es adonde iré después, ¡se me había olvidado!”, en plan: “¡Genial!” [se ríe]. Como si se levantara esta amnesia.»

RS

AF estaba segura: «Sé que estuve allí, es otra vez como siempre, conozco este sitio, es familiar. He estado allí antes, lo sé, lo sé, ¡he estado allí antes!». A AN, esa familiaridad le hizo pensar en su propio origen:

«Sentí que venía de ahí, que había venido de esa inmersión, de ese campo de energía en el que estaba; sentía que era de ahí de donde vengo, así que me resultaba natural recomponerme desde ese espacio. Me resultaba familiar… hacer eso, recomponerme, me resultaba natural. Algo que había hecho antes.»

AN

Y FF dejó claro que no era solo porque ya hubiera tomado DMT:

«La intensidad y el sitio en el que estás… es tan fenomenalmente ajeno, pero familiar también, pero chocante… En el segundo en que entré, y esa sensación de miedo, como “vale, he estado aquí antes”… [El entrevistador le pregunta si le resulta familiar más allá de haber estado allí antes, literalmente, al tomar DMT.] ¡Oh, sí, sin duda! No, recuerdo pensar esto la primerísima vez que tomé DMT, que está en algún sitio muy dentro… que es un amigo, ya sabes… Es muy interesante lo familiar que es ese mundo.»

FF

Fue un 10

En 21 de las 36 sesiones hablaron de lo intenso que fue, muchas veces hasta desbordarlos. Cuando les pedían una cifra del 1 al 10 para todo el viaje, lo que más se oía era «fue un 10. Sí, no había adónde más ir». Al principio sobre todo, insistían en que «se había salido de la escala» (RH, segundo viaje), «fue un 11, fue jodidamente alucinante» (RH, primer viaje), «simplemente parecía desternillante, porque era tan jodidamente intenso que a duras penas entendía la pregunta» (ZD). En el caso de MS, «era tan, tan potente que lo único que quería era asegurarme de que respiraba», y solo le quedaba «¡aguantar como fuera!». En algunos, esa intensidad coincidió con el derrumbe de su mundo: el segundo viaje de RH «se sintió como la muerte» y «fue tan intenso… que el ego se fracturó». GR buscó dónde agarrarse:

«Fue muy abrumador… Y recuerdo que simplemente me iba, mi sentido del yo se disipó, simplemente ya no existía… Abrí los ojos en algún momento, y esa era mi realidad de siempre, lo que fue bastante reconfortante en cierto modo, porque buscaba un ancla… Estaba pasando tantísimo, como: ¿qué demonios está pasando?»

GR

Algunos contaron que pudieron soltarse, pese a las sacudidas del principio. OR lo atribuyó a lo aprendido en su religión:

«Es como una sensación, un sentimiento de que no debería limitarme a viajar: debería entender que esto es una herramienta; puedo dejarme llevar por la corriente, o puedo… Es una perspectiva distinta de la posición neurótica de “tengo que controlar esto”… Es como: “Eh, puedo estar en el mar, entre las olas, y dejar que me tiren contra las rocas, o puedo aprender a surfear”. Es el mismo espacio y el mismo sitio, pero mi perspectiva sobre ese espacio es distinta. Puedo simplemente ser [hace un ruido de ahogarse] o [hace un ruido de volar].»

OR, segundo viaje

Lo difícil

Sin contar el miedo del principio, que es otro recuento, durante el viaje hubo emociones difíciles en seis o siete sesiones (el artículo da las dos cifras), y quizá solo en tres fue lo que más pesó en el viaje. Los autores citan, entre otros, el vacío fracturado de RH, la confusión de BW o la angustia existencial de ZD que se han leído más arriba. Quizá el que más, el de RV, que sintió miedo a soltarse y revivió un trauma antiguo, lo que le llevó también a su anterior viaje con ayahuasca:

«Así que mi ego no está lo bastante desarrollado como para dejarme entrar en eso, como para permitir que el yo desaparezca, permitir que ese “Supersitio” se trague al yo… Así que usa el trauma, o al menos una especie de miedo de fondo que… sé… que existe en la infancia… El miedo como una forma de seguir agarrado a un zarcillo, de impedir que me trague… Así que lo que veo en ese espacio es que este miedo que tengo, que viene de este trauma, es, bueno, como una forma de mantenerme separado… Es una forma de impedir ese perderse a uno mismo, extático… Soltarse y atravesar esta experiencia requiere este desapego amoroso tan especial, tan precioso… Lo que significa soltar también, en cierto modo, a los que más quieres… En el último viaje de ayahuasca, eso fue un gran desafío para mí: “Para vivir esto, tienes que soltar a [tu mujer y tu hija]”. Eso es lo que me decían… ¿Me estáis diciendo que tengo que dejarlas literalmente? No era eso, era que, para extirpar esto, tienes que extirpar lo que es en esencia un miedo, un miedo a la pérdida, ¿no? Es jodidamente difícil.»

RV

LG vivió algo parecido desde el otro lado: sintió que moría y, ya muerto en su viaje, sintió duelo por quien se quedaba, y culpa.

«Era como: así que estoy muerto, estoy muerto ahora. Luego miraba alrededor, en este plano… Estaba… viendo mi cara, como el shock, la magnitud de lo que acababa de pasar. Había casi como una sensación de… supongo que fue duelo lo que se instaló… Duelo, pero no por mí, sino por ella [su pareja]… Fui como vrroohhmm a esta aura etérea de no sé qué cosa de carámbano. Luego fue simplemente intentar sobrellevarlo, y aceptar el hecho de que esta cosa, este amor, se ha acabado, y… ella va a tener que lidiar con el duelo y el dolor… Yo estaba allí en plan: “¿Qué coño es esto?”. Ni siquiera podía prestar mucha atención a lo que había alrededor, porque estaba tan angustiado por el hecho de estar muerto [risas].»

LG

Aun así, según los autores, nunca ocuparon el viaje entero: en los relatos de RV, RH y LG hubo también partes buenas. En el caso de LG, añaden, no hubo una reacción traumática: la experiencia le llevó a valorar la vida por lo pasajera que es. Nadie contó un malestar que llegara a ser un problema clínico, aunque, escriben, un par de personas sí contaron dificultades que no se les habían ido del todo.

Cómo lo leyeron

La entrevista no les preguntaba cómo interpretaban lo vivido, y aun así muchos lo contaron. Los autores lo recogen aparte, en su material complementario.

La huella de cada uno. Los autores ven en 30 sesiones, en algún momento, la huella de la mente de cada uno. La ven, sobre todo, en lo que traían consigo (en 17) o en el lugar y la compañía (en 16), lo que se suele llamar set y setting. BB lo explicó con la figura de su hijo:

«No me pareció inmediatamente mi hijo; me pareció alguien en ese papel, que cumple esa función. Así que, claro, mi cerebro, igual que en un sueño, le pone una cara… “¡Y aquí tenemos uno que hice antes!”… Esta presencia tan, como dije, tan fuerte de este tipo particular de personaje representa para mí este tipo particular de cosa: mi hijo… La razón por la que mencioné un sueño, un estado de sueño, es que las cosas, el estado de sueño frente a la realidad, son como lo contrario. Por ejemplo, en la realidad ves algo inmediatamente concreto y sólido y definible, que con el tiempo te afecta y cambia tu estado interior, y que al final acaba haciéndote sentir algo. Pero en el sueño y en el estado psicodélico son exactamente las mismas cosas, pero al revés, justo en el orden opuesto. Así que sientes algo increíblemente fuerte que da lugar a asociaciones, que acaba quizá formando una imagen visual. Pero esa imagen no es lo que es; es solo lo que se te ocurre… Es como la palabra que mejor encaja. Así que no era mi hijo, “eh, hola, Bean, ¿qué tal?”; no, era simplemente: uau, esta forma de amor, esa forma de amor, estaba ahí sin más, este tipo de relación. Ni siquiera una persona. Como dije, en lo más abstracto… En la vida normal acabas con sentimientos que se abstraen de algo concreto. Y esto empezó en lo completamente abstracto, así que una forma de amor, que cristalizó en: “¡Ah, familiar, sí, eso lo conozco!”.»

BB

La mayoría dijo que se limitaba a mirar, «solo un visitante, un observador», pero algunos contaron algo que hicieron o se propusieron allí dentro. SP, en su segundo viaje, entró «diciendo, básicamente, me entrego al universo», y sintió que participaba en la creación del cosmos.

Varios sintieron que podían cambiar lo que veían, casi como quien controla un sueño lúcido. AZ notó que «las figuras geométricas se multiplicaban y yo podía de algún modo manipularlas»; RS, que con esos patrones «a veces puedes interactuar, y moverlos»; LR, que intentaba «manipular las imágenes… y empujarlas».

Para AF, lo que cambiaba las cosas era la atención: contó que un cubo de muchas dimensiones se movía allí donde ella miraba, y que unas «mujeres sensuales» le decían que «todo lo que quiero es posible: solo tengo que poner mi foco en ello, y el juego empezará. Pero tengo que seguir moviéndome. La vida existe en el movimiento, y todo se mueve». BB lo dijo del cubo que veía girar: «El acto de mirarlo, de prestarle atención, lo crea».

Lo que creyeron que era. Muchos hablaron de qué era real, y bastantes dijeron que aquello lo era más que este mundo. MP disfrutó de «saber que eres inmortal, que no hay muerte, saber que hay mucho más en la realidad que lo puramente físico». Para LR fue «tan real, tan real. Tan, tan real. Si acaso, era como más real que lo real. Qué tópico». RH, al volver de su segundo viaje, estaba convencido «al 110 %»: «No hay duda. Joder, estoy tan, tan convencido». RS pensaba en «la idea de una conciencia que no genera el cerebro, sino antenas que captan ciertas frecuencias: es como si la DMT ajustara un poco la antena». JA sentía que hablaba con alguien:

«Ha pasado demasiadas veces… Siento que estoy en diálogo con algo de fuera de mí, porque me dicen cosas que simplemente no sé… Me dan enseñanzas o maneras de entender cosas que no creo que pudiera inventarme yo solo. Y el diálogo tiene una calidad muy distinta de los que tengo conmigo mismo.»

JA

OR, en cambio, lo sentía a la vez como otro y como parte de sí. Le preguntaron qué era su guía espiritual, un preto velho, una de las figuras de espíritus de las religiones afrobrasileñas:

«Diría que otra conciencia, separada de mí. Imagina, en realidad es la verdad, pero imagina que mis pensamientos están en una onda, pero, cuando siento esta presencia, puedo darme cuenta del cambio de estas ondas. Así que es como que, aunque eso sea yo, me doy cuenta de que es otra parte de mí que piensa y se da cuenta y ve la realidad de una manera distinta a mí. Como que puedo ser, digamos, lo que entiendo como [OR] piensa así, y estos otros pensamientos, puedo tener esta sensación de “estoy de acuerdo contigo”, pero de algún modo siento que no soy yo.»

OR

Para RV no hubo «ni la más mínima sombra de duda» sobre la realidad de aquel espacio, pero, por lo desorientador que era, dudaba de si abrírselo a nadie: «Casi siento que no está del todo bien sacar a la gente de Matrix a menos que se sientan absolutamente llamados a ello, ¿sabes lo que quiero decir? ¿Debería darle a mi mujer la oportunidad de ver esto? No lo sé, no a menos que se sienta absolutamente llamada a ello, porque es tan desorientador. Quizá sea mejor simplemente vivir en Matrix, e intentar encontrar el Amor y ser Amor, encontrar la humildad y ser humildad».

BW volvió con la conclusión contraria. En su anterior viaje con DMT había visto el mundo y a los suyos como hechos de código de ordenador; esta vez, no:

«Salí de ese último [viaje con DMT] y durante semanas seguí un poco psicótico, me duró semanas y hablamos de ello, de “Matrix”. Como: ¿hay una matriz, estamos…? [El entrevistador le pregunta cómo lo ve ahora.] No lo siento en absoluto, nada en absoluto, ni rastro. Ni rastro de “¡he vislumbrado cómo es de verdad el mundo!”. [La última vez] salí creyendo que había vislumbrado la verdadera naturaleza de la realidad. Lo que acabo de ver [hoy] no era la verdadera naturaleza de la realidad; esto [el mundo de todos los días] es la verdadera naturaleza de la realidad. [El entrevistador le pregunta qué siente ahora sobre aquella experiencia anterior.] En parte aliviado, y en parte decepcionado. Decepcionado porque no me ha movido existencialmente como el anterior. Me siento, de una manera aterradora y aburrida, existencialmente intacto. Fue una experiencia alucinante con una droga. Pero salí de la anterior hablando durante semanas de “¿es real o no?”, y ahora simplemente sé que fue una experiencia con una droga.»

BW

A algunos, lo vivido les había hecho saltar lo que creían saber del mundo, lo que los autores, a partir de Terence McKenna, llaman «muerte por asombro». TC sintió que «lo que creo que es la realidad, de repente, quedó completamente en cuestión». Para RH, en su primer viaje, el terror de sentirse morir tenía «más que ver con el hecho de que la realidad está tan rota, ha desaparecido».

Lo que entendieron. Muchos contaron algo que habían comprendido, sobre el mundo o sobre sí mismos. BB, «el amor que ya tengo». LR, «recordatorios de lo que ya sé, este conocimiento antiguo dentro de mí». RS, que «hemos perdido algo, como humanidad» y que «los humanos han olvidado cómo escuchar al mundo». AV, «la responsabilidad que tenemos como seres humanos, de sostener el espacio para los demás, de cuidar el planeta». ST sacó una lección de su hipercubo y de su respiración atascada: «Ríndete a lo que esté pasando, simplemente respira y deja que pase solo… […] ¡Simplemente vive, vive!». Como tiende a pensar demasiado las cosas, se dijo que, igual que respirar, puede «simplemente hacerlas», sin «marcar todas las casillas antes de dar un paso».

Y LG, que en su viaje sintió que moría de un infarto, sacó de aquella escena una manera de mirar la vida: «No sabes lo que hay a la vuelta de la esquina, ¡así que saborea lo que esté pasando en cada momento!». Pensó en «cómo todo es pasajero», y en que «la muerte es solo parte de ese proceso».

Lo que vuelve. Varios vieron cosas que ya habían visto en otros viajes (los autores apuntan que puede tener que ver con una memoria que depende del estado en que se está); otros, cosas nuevas.

Lo que dicen los autores

Lo que encontraron se parece a lo que cuentan otros estudios con DMT: el único análisis parecido, de relatos de una encuesta por internet, que ya hablaba de familiaridad, de lucidez y de lo difícil que es ponerlo en palabras, y uno de laboratorio con trece voluntarios sanos, en el que casi todos tuvieron emociones, sobre todo buenas, y cuatro sintieron ansiedad o miedo. Encuentran ecos en lo que cuentan quienes dicen haber sido abducidos por alienígenas (sentirse atrapado, las vibraciones, el éxtasis, las curaciones), en los viajes de los chamanes (hundirse al principio, como en un descenso al inframundo; el miedo a morir, como en el motivo de morir y renacer) y en las experiencias cercanas a la muerte, aunque creen que este último parecido puede haberse exagerado y lo dejan para otro trabajo.

Proponen explicaciones del cerebro, sin darlas por cerradas. La experiencia que más se parece es el sueño: también en él hay conciencia sin contacto con lo de fuera, y la DMT y el sueño comparten algunos ritmos del cerebro. Sería algo así como un sueño lúcido, con la diferencia de que uno está despierto y casi siempre vive lo que ve como real, aunque reconocen que gran parte de lo que se vive con la DMT se parece poco a lo que se sueña. Para el tiempo que se estira, recuerdan que lo que el cerebro no consigue predecir parece durar más. Para el yo, ven un continuo: se pierde en el pico, cuando más se altera lo que en el cerebro sostiene el sentido de uno mismo, y está más presente justo antes y justo después, cuando suelen aparecer los encuentros con los seres. La familiaridad la relacionan con el déjà vu. Y la sensación de morir la relacionan, como especulación, con la idea de que el cuerpo libera DMT al morir. Citan un estudio en ratas en el que, tras una parada cardiaca, la DMT del cerebro subía; en personas, esa idea sigue sin demostrarse (lo contamos en la ficha de la DMT).

Y piensan en la terapia. Lo emocional, escriben, podría pesar mucho en que funcione si la DMT llega a usarse para tratar a alguien: en otros estudios con psicodélicos, sentir una liberación emocional o tener una experiencia mística se ha relacionado con un mayor bienestar después. Ven valor en estar en el presente sin más, como FF o SP, que se parece a la atención plena; en el amor y la gratitud; en la risa del «juego cósmico», que comparan con la idea hindú de lila, el universo como juego, y en que el yo de LG siguiera ahí y le llevara a pensar que la muerte no es para tanto, algo que podría aliviar el miedo a morir.

Pero advierten también. La intensidad del principio, con la sensación de amenaza para la vida y de no tener ningún punto de referencia, podría ser un peligro psicológico real para quien la toma por primera vez o para un paciente. Citan a Joseph Campbell: «El psicótico se ahoga en las mismas aguas en las que el místico nada con deleite», que podría ser un aviso para quien tenga predisposición a la psicosis. Lo que remueven sobre qué es real también puede traer dificultades: en una gran encuesta sobre los encuentros con DMT, 26 personas, un 1 %, dijeron que la experiencia les había cambiado la idea que tenían de la realidad de una manera que no deseaban. Destacan que OR, según contó él, se movió con soltura gracias a su marco religioso, a diferencia de su compañero, ateo, y que eso va en contra de lo que hacen hoy los ensayos clínicos, que no dudan en dar experiencias que pueden hacer tambalear lo que uno cree que es real. Y recuerdan las pautas de la investigación que valdrían para la clínica: descartar a quien no debe tomarla, preparar bien a cada persona y acompañarla después, y cuidar el lugar, que sea seguro y con gente de confianza.

BW contó que, después de un viaje anterior, pasó semanas preguntándose si el mundo era real. De personas a las que una experiencia dejó sin suelo durante meses, y de cómo volvieron a pisar tierra, trata la pieza 2 de esta serie. Y en la pieza 5, una paciente cuenta que, al poco de su sesión, lo que había entendido le pareció «tonterías».

Lo que vivieron como ajeno a sí mismos, los seres y los mundos, está en Nos conocemos. Qué dicen de esos encuentros otros estudios, las tradiciones, la psicología y la neurociencia, en ¿Quién hay ahí?.

Si estás pensando en la DMT, empieza por su ficha. Cuenta lo que se sabe de ella y cuándo puede ser peligrosa: con ciertos antidepresivos o con la liana de la ayahuasca, con litio, o si hay antecedentes de psicosis o de trastorno bipolar, personales o en la familia cercana; lo de la psicosis lo advierten también los autores, al hablar de la intensidad del principio.

Fuentes:

Otros estudios

Una mujer criada en el Santo Daime cuenta su vida, cómo entiende la salud y lo que le pasó al traer ayahuasca a España.
Una mujer con estrés postraumático tomó una vez 5-MeO-DMT del sapo y la siguieron durante un año.
Once personas con una depresión que no cedía tomaron psilocibina en un ensayo. Cuentan el antes, la sesión y el después.
Mestizos de ciudad que adoptaron el peyote y la tradición wixárika cuentan lo que les dio y lo que les pide.