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Con sus palabras · 6

Mi cuerpo tenía permiso para sanar

Una mujer de 23 años, con un estrés postraumático que apenas había cedido a los tratamientos, inhaló una sola vez la secreción del sapo del desierto de Sonora. Un profesional sanitario la siguió durante un año. Esto es lo que contó y lo que pasó después, terrores nocturnos incluidos.

Traducido del artículo «5-MeO-DMT for post-traumatic stress disorder: a real-world longitudinal case study» · Frontiers in Psychiatry, 2023

El estudio, en pocas líneas

Es el caso de una sola persona: según sus autores, el primero publicado de alguien con estrés postraumático seguido durante un año después de tomar 5-MeO-DMT. No fue un experimento. Los datos los fueron reuniendo ella y el profesional que la acompañó, para ver cómo evolucionaba y por su seguridad, y un equipo de investigadores los analizó después. Ella dio su consentimiento por escrito para que se publicara. Sus palabras llegan a través de los autores, a veces en frases sueltas.

  • Qué esUn caso, seguido durante un año
  • QuiénUna mujer de 23 años con estrés postraumático crónico
  • Sustancia5-MeO-DMT de la secreción del sapo, una sola vez
  • DóndeEn su casa, en Oregón (Estados Unidos)
  • Publicado2023, en Frontiers in Psychiatry
  • LicenciaCC BY: se puede traducir citando la fuente

Ella

23 años · estrés postraumático

«Mi cuerpo tenía permiso para sanar»

Tenía 23 años y un estrés postraumático crónico que venía de su adolescencia, cuando sufrió abusos sexuales repetidos durante seis años. Se lo habían diagnosticado a los 19, junto con una depresión. Tenía terrores nocturnos, evitaba todo lo que le recordara al trauma, vivía en alerta constante y con el ánimo hundido.

Había probado los tratamientos que se recomiendan. Tres terapias psicológicas distintas, de diez, doce y ocho sesiones, le sirvieron de poco. Un antidepresivo (sertralina) no le funcionó lo suficiente, la dejaba aletargada y le alteraba el sueño; al dejarlo, los síntomas se alargaron y los terrores nocturnos aumentaron. Un medicamento para el insomnio (trazodona) le alivió algo, y siguió tomándolo. No había probado nunca un enteógeno; a veces fumaba cannabis para la ansiedad.

La pandemia la dejó encerrada, lejos de sus amigos y de su familia. Quería acabar con lo que llamaba un «dolor emocional intenso» y una «tristeza crónica». Aislada, desesperada y con riesgo de suicidio, decidió tratarse por su cuenta con 5-MeO-DMT. Había leído sobre ella en noticias y estudios; en su estado, Oregón, se acababa de despenalizar la posesión de sustancias (la despenalización se revirtió en 2024), y, por medio de una amistad, conoció a alguien con mucha experiencia con la 5-MeO-DMT y un enfoque atento al trauma.

Lo hizo al margen de su psiquiatra, pero no sola. Esa persona la aconsejó sobre la cantidad y guio la sesión, y además la acompañó un profesional sanitario con licencia, que le pasó los cuestionarios, le tomó la tensión y el pulso, la observó durante cinco horas y la llamó al día siguiente, a las 36 horas y a los tres días, y después una vez al mes durante un año.

Fue en su casa. Antes de empezar, se puso una intención:

«Quiero entender y aceptar las raíces de mi trauma.»

Hizo una meditación de respiración y atención al cuerpo, inhaló una sola vez la secreción seca del sapo, vaporizada, y se tumbó con un antifaz y música de fondo. El efecto llegó entre quince y treinta segundos después, fue máximo durante diez o quince minutos y se acabó a la media hora.

Lo vivió como algo «profundamente fuerte». Dice que salió «disparada al instante» a otra dimensión. Primero vio colores muy vivos, que se convirtieron en una «blancura completa»; las imágenes eran «brillantes y como divinas», pero vagas y fugaces, y no conseguía darles sentido.

«Sentía mucho calor, como si mi cuerpo se derritiera. Era tranquilo y dichoso.»

«No tenía identidad. Seguía viva, pero mi cuerpo había desaparecido. Fue bastante abrumador. No me quedaba más que rendirme.»

En el cuerpo, una náusea leve que se le pasó en media hora y una pequeña subida de la tensión y del pulso. Después volvió a meditar y habló de lo vivido con quien la había guiado. Tres horas más tarde rellenó un cuestionario de experiencia mística: sacó 135 puntos de 150 y pasó del 60 % en sus cuatro apartados, uno de ellos lo inefable, lo que no se deja poner en palabras. Es lo que ese cuestionario considera una experiencia mística completa.

El año siguiente

Al día siguiente, sus síntomas de estrés postraumático habían bajado tres cuartas partes. En la escala con la que la valoraba el profesional que la seguía, había pasado de «gravemente enferma» a «levemente enferma».

Su estrés postraumático, a lo largo de un año Una sola persona, la de esta pieza. Puntuación en el cuestionario PCL-5, de 0 a 80: cuanto más alta, más síntomas.
  1. Antes72
  2. 24 horas18
  3. 1 mes23
  4. 3 meses35
  5. 6 meses26
  6. 12 meses22

La línea marca el umbral (de 31 a 33 puntos) a partir del cual se sospecha un estrés postraumático. En oscuro, las puntuaciones que lo superan.

A los tres meses, algo se torció. Empezaron unos terrores nocturnos nuevos, sin que recordara de qué trataban, y todas sus puntuaciones subieron: la de estrés postraumático volvió a pasar el umbral. Después bajaron otra vez, y a los seis meses y al año esa escala la situaba en «nada enferma».

La desesperanza siguió el mismo camino. En la escala que la mide, de 0 a 20, a partir de 9 se considera que hay riesgo de pensamientos y conductas suicidas. Ella tenía 17 antes de la sesión; 8 al día siguiente; 4 al mes; 9 a los tres meses, y 3 a los seis meses y al año.

Lo que le dejó

Así lo resumió ella:

«Fue la experiencia más profunda y aterradora de mi vida. Vi colores brillantes. Estaba conectada con todas las cosas. Desaparecí en el espacio. Sonreí por primera vez en mucho tiempo. Lloré y grité. Me olvidé de [mi] dolor y [mi] trauma… y luego lo reviví. Mi cuerpo tenía permiso para sanar. Seguí adelante. Cuesta ponerlo en palabras… hermoso y difícil, supongo… sentirlo todo y nada a la vez. Pero me permitió ver mi trauma de otra manera. Como un superpoder. Eso que entendí se me ha quedado.»

No dice que el trauma desapareciera. Dice que pudo mirarlo de otra manera, y que esa manera de mirarlo se le ha quedado.

Lo que dicen los autores

Plantean, aunque reconocen que no se sabe, que el cambio pudo deberse en parte a la experiencia mística, por esa sensación que la acompaña de haber comprendido algo verdadero, y en parte a reprocesar y transformar el material del trauma. Pero admiten que no hay pruebas de que fuera la 5-MeO-DMT, por sí sola, la que produjo la mejoría: la meditación y el acompañamiento pueden haber pesado, para bien o para mal.

Para los terrores nocturnos dan dos explicaciones posibles. Una, que fueran reactivaciones: volver a sentir, días, semanas o meses después, parte de lo vivido, algo que cuentan a menudo quienes la han tomado (lo explicamos en su ficha) y que es más frecuente en mujeres, en quienes la toman en grupo, en sesiones estructuradas, y en quienes tienen una experiencia mística más fuerte. La otra, que el beneficio solo durara tres meses. No lo consideraron un efecto adverso grave, porque no se pudo establecer con seguridad que tuviera que ver con la sustancia y porque ni puso su vida en peligro ni necesitó tratamiento.

Aunque el balance que hacen es bueno, insisten en que no fue sin riesgos (las náuseas, unos efectos abrumadores y los terrores nocturnos) y en que tomarla por su cuenta, como hizo ella, no es una forma adecuada de usarla, sobre todo por seguridad. Añaden que no aprueban el uso ilegal de ninguna de estas sustancias.

En la pieza 2 de esta serie, varias personas cuentan que lo vivido les volvía por la noche, al quedarse dormidas, y qué les ayudó a salir de aquello.

El estrés postraumático tiene tratamientos, y que los primeros no funcionen no quiere decir que no vaya a funcionar ninguno. Si te reconoces en su historia, hablarlo con un profesional forma parte de la salida, y si ahora mismo lo estás pasando muy mal, en esta página están los teléfonos a los que llamar.

Lo que se sabe de la 5-MeO-DMT, incluidas las reactivaciones y por qué nunca se combina con ayahuasca, está en su ficha. En el glosario explicamos qué es el estrés postraumático.

Fuentes: