Con sus palabras · 9
Trabaja, es por toda la vida
Son mestizos de ciudad que un día se acercaron a las ceremonias wixárika del peyote y ya no las dejaron. Peregrinan al desierto, siembran maíz, cantan a los dioses, y alguno ya dirige ceremonias o se forma para hacerlo. Lo que cuentan no es una experiencia: es un compromiso, para algunos de por vida, y no siempre fácil.
Del artículo «Los nuevos huicholes: peyoteros contemporáneos» · Ciencias Sociales y Religión, 2023
El estudio, en pocas líneas
El antropólogo Aldo Arias Yerena, de la Universidad de Guadalajara, siguió durante un año y cuatro meses a varios grupos de mexicanos no indígenas que han adoptado «el costumbre»: así llaman en castellano los wixárika (huicholes) a su tradición, con sus rituales, su calendario ligado a la siembra y la cosecha del maíz, y la peregrinación al desierto de Wirikuta, donde se recoge el peyote. Asistió a sus ceremonias, los entrevistó y reconstruyó cómo empezó todo. El artículo se apoya en su tesis doctoral, de 2022, que cita a menudo.
A estas personas las llama «nuevos huicholes», aunque ellas no se llaman así. Suelen tener entre 20 y 50 años, aunque los hay de 60 y 70; son sobre todo de clase media, y se dedican a cosas muy distintas: hay artistas y artesanos, sastres y comerciantes, académicos y pequeños empresarios.
La puerta se abrió en los años setenta, cuando un mara'akame, como llaman los wixárika a sus especialistas en los rituales, empezó a llevar en sus peregrinaciones a un mestizo, un estudioso del arte wixárika. En los ochenta la abrió a grupos organizados, y desde 2010, según el autor, las ceremonias de inspiración indígena se han popularizado en México. El artículo da solo los nombres de pila de quienes hablan, y no dice si son los reales.
- Qué esEtnografía: más de un año de observación y entrevistas
- QuiénesMestizos de ciudad que siguen la tradición wixárika del peyote
- SustanciaPeyote, en ceremonias y peregrinaciones
- DóndeSobre todo en Jalisco (México), y el desierto de Wirikuta
- Publicado2023, en Ciencias Sociales y Religión
- LicenciaCC BY-NC-SA: se puede reutilizar sin fines comerciales, citando la fuente y con la misma licencia
Cómo llegaron
Cada uno por un camino: uno, por los grupos de danza y de cultura indígena; Arturo, por la necesidad de sanarse, que le llevó a psicoterapias y temazcales; Armando, por el desencanto con las religiones de siempre; Rodolfo, por una búsqueda espiritual más general. Rodolfo estuvo en los comienzos, en los ochenta, cuando el mara'akame que les abrió la puerta los invitó a sus ceremonias en la sierra:
«poco a poco fuimos relacionándonos, identificándonos con esa tradición wixárika. Y la intención que empezó a nacer ahí fue pues… meternos más de lleno con ellos.»
RRodolfo
Años después, en una ceremonia en Wirikuta, aquel mara'akame contó un sueño: se le habían aparecido dioses muy antiguos, que ya no se dejaban ver, para decirle que los que estaban allí eran los nuevos huicholes. Rodolfo lo cuenta, y añade:
«Entonces hay ciertas versiones, que andan también por ahí rumores, que dicen que están reencarnando los huicholes de ahora, que somos los que vivimos en este tiempo, ¿y quiénes son? Pues tú, y tú, y yo, y los otros. Siempre y cuando que tengan esa conciencia de huicholes.»
RRodolfo
Lo que les dio
En las ceremonias y en las entrevistas, el autor oyó muchas veces frases como «Hikuri lo es todo», «él es la vida» o «él me salvó la vida» (hikuri es el nombre wixárika del peyote). Le atribuyen milagros y curaciones, haber recompuesto relaciones familiares y haber sacado a gente de las adicciones. Según el autor, a varios estos rituales les han permitido sanar situaciones personales complicadas, hasta el punto de querer quedarse. Arturo lo cuenta así:
«comencé a aprender muchas cosas, a no sufrir, a no vivir con tonterías en la cabeza y fue eso lo que me ha traído a este camino, no lo he dejado ni lo pienso dejar. Hice un compromiso con el fuego, dije ‘yo aquí, hasta que me vaya.»
AArturo
«Todo es a base de compromisos»
Para quedarse hay que comprometerse. Quien quiere ser parte del grupo va a los rituales de todo el año, siembra y cosecha el maíz, participa en los sacrificios de animales y en las peregrinaciones. Quien quiere ir más allá se compromete a peregrinar durante cinco años a Wirikuta y a otros lugares sagrados, y a veces sigue después. Rodolfo lo aprendió de los propios wixárika:
«Nos fuimos comprometiendo también porque para ellos todo es a base de compromisos. Ellos no hacen nada si no está el compromiso de por medio, por delante para poder compartir, transmitir todo lo que ellos tienen, lo propio de su costumbre, su tradición. (…). (Parte de nuestros compromisos) era ir a sus ceremonias, sus peregrinaciones a Wirikuta, que son de las principales; hay que ir y participar de cualquier manera, ya sea económicamente, físicamente, ceremonialmente. Y lo primero más importante para ellos y para nosotros es que te piden que si aceptas el compromiso por cinco años (…) ellos como quien dice, todo se basa en compromisos: si tú quieres saber algo, te tienes que comprometer, no te pueden decir así nomás porque sí.»
RRodolfo
No todos dijeron que sí. A los de la comunidad de Rodolfo, el mara'akame les ofreció abrirles del todo «el costumbre» si se comprometían de por vida, y la mayoría lo valoró, pero no lo aceptó: les pareció un compromiso muy complicado. Para los peregrinos que han hecho ese compromiso, se convierte en un modo de vida:
«Es una planta que era completamente desconocida para mí, y ahora no concibo mi vida sin ella, sin las ceremonias, sin la comunión con el peyote. (…) Cuando terminas el agradecimiento, preguntas qué viene para ti, un compromiso de porvida, o ya no vas a peregrinar. En mi caso me dijeron (haciendo referencia a seres superiores) ‘nosotros te avisamos cuando termina esto’ jajajaja. Pero para mí ese ‘nosotros te avisamos’ fue ‘trabaja, es por toda la vida’. Eso entendí.»
AArmando
Balam lleva casi veinte años en esto y se está formando para ser mara'akame, con la aprobación de los propios wixárika:
«Tiene mucho que ver el compromiso personal de uno, tu palabra, tu palabra que diste. Entonces es tu palabra, tu compromiso como persona, como hombre o como mujer, qué quieres, qué pides, qué te dan, qué sientes.»
BBalam
Doblar un poco las cosas
El grupo que el autor siguió más de cerca sigue «el costumbre», pero con cambios. Ninguno habla wixárika, así que en sus ceremonias cantan en castellano y en lakota, porque varios de ellos bailan también la Danza del Sol, de tradición lakota. Usan pulque en lugar de la bebida de maíz de los wixárika, rapé antes de los rituales, y en sus limpias con fuego dibujan una rueda lakota.
«Incluso nosotros como mestizos, como tewaris tenemos la libertad de doblar un poco las cosas. (…) Sí seguimos la línea, por ejemplo, si vamos al desierto, sabemos dónde tenemos que pararnos, dónde son las puertas, dónde están los permisos que habitan ahí, para que obviamente nos dejen pasar y nos den un buen camino, una bendición.»
AArturo
«Nosotros cantamos para llamar a los espíritus, a los dioses. Y bueno, cantamos en español, en lakota. (…) Se nos permitía como tal, porque nos decía nuestro maestro que nosotros no somos wirras, pero también tiene un sentido saber que hay cantos de despedida, canto para llamar a los espíritus, canto de curación. Los wirras lo hacen en su lengua, pero nosotros no.»
AArmando
Tewari es como llaman los wixárika a quien no lo es, y wirra es como llaman ellos a los wixárika y a su lengua. Y el autor señala un cambio más hondo: a uno del grupo le oyó decir que «Hikuri es dios», un dios que lo sabe y lo puede todo. Para los wixárika, el peyote no es eso, sino una parte de su trinidad sagrada, junto al maíz y el venado.
Lo que no es fácil
La relación con los wixárika no es siempre cómoda. Balam se está formando en una comunidad que, según su experiencia, es donde más racismo hay hacia los mestizos. Lo cuenta sin rodeos:
«…lamentablemente en el mundo wixárika hay gente bien chida y hay gente que no te ve más que como centavo o como un mensillo. Y no te sueltan, tú traes todas las ganas, traes el ímpetu; el “hermano mayor” (se refiere a Tamasti Kauyumarie) te reconoce y ellos se dan cuenta que te está estirando los dioses. A mí [mi maestro] me dijo que las vírgenes me habían llevado para la sierra. (…) y decía que hay veces que la gente es así, pero hay pocos, muy pocos como [él] que dice ‘¡sobres! ¿Quieres? ¡Ahí va!’»
BBalam
Tamatsi Kauyumarie, el «hermano mayor» de la cita (el artículo lo escribe ahí «Tamasti»), es un héroe de la mitología wixárika, el Venado Azul, que hace de puente entre los humanos y los antepasados, y con el que se identifica también al peyote.
Desde fuera de estos grupos, otros dos investigadores recuerdan que muchos indígenas no están de acuerdo con que sus especialistas rituales se vayan a las ciudades, y que muchas comunidades no quieren a gente de fuera; para algunos mara'akame, en cambio, estos grupos son una forma de sostener el ciclo de rituales de sus comunidades, que es muy caro. Y la ley mexicana, tal como la describían en 2019, solo ampara el peyote cuando lo usan los pueblos indígenas en sus ceremonias, así que estos grupos quedan fuera. Según esos investigadores, las autoridades entienden que fuera de los pueblos indígenas no hay acceso legal, algo que critican porque no reconoce el uso histórico del peyote por quienes no son indígenas ni que México es, en su mayoría, un país mestizo; aunque también ven a menudo como una impostura que grupos no indígenas se presenten como dueños de esas tradiciones.
El propio autor deja una nota sobre el mercado: hoy cualquiera puede pagar por una ceremonia de peyote anunciada en las redes sociales, sin pertenecer a ningún grupo ni comprometerse a nada. Frente a eso, los grupos que estudió se basan en el compromiso y, escribe, ofician «presumiblemente, sin fines de lucro».
Y queda el propio peyote, que crece muy despacio y es una especie vulnerable. Algunos de los peregrinos consagrados, cuenta el autor, quieren reproducirlo para devolverlo a Wirikuta:
«Nuestra intención es regresar (hikuri) al desierto, y plantar allá. No tomar tanto. Cuando vamos al desierto sólo tomamos lo que vamos a necesitar.»
AArturo
Como cuenta la ficha de la mescalina, las organizaciones indígenas que lo cuidan piden a quienes no pertenecen a sus comunidades que no lo arranquen de sus poblaciones silvestres.
Lo que dice el autor
Para él, lo que tienen en común los nuevos huicholes es el sincretismo, la mezcla duradera de tradiciones. Y dos rasgos más: los rituales son el centro de su vida, por encima del trabajo o la profesión, y todo gira alrededor del peyote. Distingue además entre el «neochamanismo», que ve fragmentario, urbano y muchas veces orientado al estatus o al dinero, y lo que llama «chamanismo contemporáneo»: mestizos que se forman durante años con un mara'akame y sirven a su grupo sin buscar beneficio económico, aunque al final admite que a veces sí buscan estatus. En su investigación solo encontró dos que hubieran completado, o estuvieran completando, esa formación, Balam entre ellos. A otros, la dureza de la formación, e incluso el celo con que los wixárika guardan su tradición, los frenó o los hizo renunciar; a Rodolfo, entre ellos.
En la segunda pieza de esta serie, a quienes una experiencia dejó sin suelo les ayudó encontrar un marco para entender lo que habían vivido. Aquí el marco es una tradición entera, y para algunos, para toda la vida.
Qué es la mescalina, qué dice la investigación y por qué el peyote está amenazado lo cuenta su ficha.
- Arias Yerena, A. (2023). «Los nuevos huicholes: peyoteros contemporáneos». Ciencias Sociales y Religión, vol. 25, e023021.
- Para el contexto: Genet Guzmán, M. y Labate, B. C. (2019). «Reflexiones sobre la expansión y legalidad del campo peyotero en México». Frontera Norte, vol. 31, art. 17.

