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Lo que no sale en el folleto de un retiro


Lo sabido ·
Pon un Dios
· Revisado el 10 de octubre de 2026

Cada año, decenas de miles de personas toman ayahuasca en un retiro, y a la mayoría le va bien. Este análisis cuenta lo que un folleto no suele contar: quién responde por lo que pasa allí, qué ha fallado cuando algo ha salido mal y qué conviene preguntar antes de ir. No recomendamos ningún retiro ni desaconsejamos ir a uno. Si solo vas a leer una parte, lee «Antes de ir», al final.

Un folleto enseña la maloca, la selva, al curandero y una promesa. Es publicidad, y la publicidad cuenta lo bueno. Aquí contamos el resto, con datos y sin nombres: no nombramos ningún retiro, centro, curandero ni facilitador, ni a nadie que haya sufrido un daño. Las citas de textos en otro idioma las hemos traducido nosotros.

Empezamos por lo que dicen los datos sobre cómo le va a la gente. En una encuesta internacional con más de 10.000 personas que habían tomado ayahuasca, casi siete de cada diez tuvieron algún efecto físico durante la ceremonia o poco después, sobre todo vómitos, que forman parte de la experiencia. Solo un 2,3 % de quienes respondieron a esa pregunta dijo haber necesitado atención médica. Más de la mitad notó algún efecto adverso en su salud mental en las semanas o meses siguientes, pocas veces intenso, y casi nueve de cada diez de ellos lo vivieron como parte de un proceso de crecimiento. La encuesta se hizo por internet, con quien quiso responder, y sus autores no recibieron financiación específica para hacerla.

También hay estudios hechos dentro de un retiro. En uno de 2021, con 63 personas que pasaron por un centro de la Amazonía peruana, los síntomas de depresión y de ansiedad bajaron de forma clara al terminar, y la mejora se mantenía seis meses después. Los propios autores reconocen sus límites: no hubo grupo de control, los participantes se apuntaron por su cuenta y los criterios para participar los fijó el centro. Lo pagaron el Medical Research Council británico y el King's College de Londres.

Los problemas graves existen, pero son raros, y casi siempre tienen que ver con las condiciones en que se toma y no con la bebida, como contamos en la ficha de la ayahuasca. Un retiro es, precisamente, un conjunto de condiciones. Esto es lo que conviene saber de ellas.

Cuánta gente y cuántos retiros

Nadie lleva la cuenta. La única estimación mundial que hemos encontrado la publicó en 2023 una fundación sin ánimo de lucro favorable a la ayahuasca. Sus propios autores la llaman «estimación aproximada» y reconocen que «no pasaría una revisión académica normal». Calculan que más de cuatro millones de personas la habrían tomado alguna vez en América, Europa y Oceanía, y unas 820.000 solo en 2019. Ese año, según sus cálculos, 232 centros de la Amazonía y Costa Rica especializados en retiros, 173 de ellos en Perú, habrían recibido a unas 62.000 personas. Es una extrapolación a partir de los 35 centros que respondieron, y sirve como orden de magnitud, no como dato.

Un estudio de 2025 buscó en internet las organizaciones que anunciaban retiros en inglés y encontró 298. Casi tres de cada cuatro ofrecían ayahuasca. El precio por participar iba de 20 a 150.000 dólares, en retiros de cualquier duración; el estudio no dice a qué correspondía cada extremo. Lo pagó la Ortus Foundation.

Quién responde por un retiro

En ninguno de los países que hemos revisado hay una norma específica que diga qué tiene que tener un retiro de ayahuasca, quién puede dirigirlo o qué debe hacer si algo sale mal.

Perú, donde están la mayoría de los centros de la Amazonía, declaró en 2008 patrimonio cultural de la nación los conocimientos y usos tradicionales de la ayahuasca de las comunidades nativas amazónicas. Según la agencia oficial de noticias del país, la declaración quería distinguirlos de «los usos occidentales descontextualizados, consumistas y con propósitos comerciales». Protege la tradición; no regula el negocio. Y ni siquiera esa protección se ha concretado: en 2022, una médica peruana que trabaja en un centro de tratamiento con ayahuasca escribía que las normas «que puedan ofrecer una protección concreta» seguían «pendientes». La DMT, el principio activo de la chacruna, está en la lista peruana de sustancias cuya producción, comercio y uso están prohibidos. No hemos encontrado ninguna norma peruana sobre los centros ni ningún registro oficial de curanderos.

La norma federal de Brasil solo reconoce el uso religioso. La resolución de 2010 de su Consejo Nacional de Políticas sobre Drogas restringe la ayahuasca a los «rituales religiosos» y considera uso inadecuado, entre otras cosas, el comercio, «la explotación turística de la bebida» y la publicidad. Es decir, el tipo de uso que ofrece un retiro para extranjeros es el que la norma brasileña considera inadecuado.

En Colombia, una antropóloga escribía en 2010 que el yagé, «por el momento», no había sido objeto de ninguna política del Estado, y no hemos encontrado nada posterior. Costa Rica publicó en enero de 2025 una advertencia sanitaria sobre el uso, el consumo y la publicidad de la ayahuasca y la ibogaína. En México, la ley penal no persigue la posesión de peyote y hongos destinados a las ceremonias de los pueblos indígenas y afromexicanos, pero esa excepción no alcanza a la ayahuasca.

En España, como contamos en la ficha, la DMT es una sustancia fiscalizada, pero la bebida como tal no lo es: la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes «ha señalado reiteradamente» que la ayahuasca como bebida tradicional no está fiscalizada, recuerda un estudio jurídico de 2025. Ese mismo estudio añade que «un alto porcentaje» de los casos juzgados en España son de personas de países con tradición ayahuasquera que la introducen en el país y ejercen como guías de ceremonias. Otros países europeos son más estrictos: Italia, por ejemplo, añadió en 2022 la ayahuasca, la liana y la chacruna a su lista de estupefacientes.

Tampoco hay ninguna certificación reconocida para quien dirige ceremonias. En 2014 se presentó un proyecto para crear un sistema de evaluación de centros, con una campaña para recaudar fondos, y más de 60 académicos y otros expertos lo criticaron en una declaración pública: decían que llevaba la ayahuasca a un sistema de «certificación» guiado por el mercado y señalaban la falta de representación indígena. Un certificado que enseñe hoy un retiro lo ha emitido alguien, pero no lo respalda ninguna autoridad.

Dicho de otro modo: más allá de las leyes generales, en un retiro quien responde es el propio retiro. Cada centro decide a quién admite, qué pregunta, qué sirve y qué hace si alguien se pone mal.

Cómo es cuando alguien sí responde

Donde mejor se ve es en dos estados de Estados Unidos, Oregón y Colorado, que han regulado cómo se acompaña a quien toma un enteógeno fuera de un hospital. Las normas se hicieron para la psilocibina, no para la ayahuasca, pero sirven de espejo.

En Oregón, para ser facilitador hace falta una licencia. Se pide tener al menos 21 años, haber terminado la secundaria, completar un programa de formación aprobado de más de cien horas y 40 horas de prácticas presenciales, aprobar un examen y pasar una comprobación de antecedentes penales. Antes de la sesión, el cliente rellena un formulario, y no puede participar quien ha tomado litio en los últimos 30 días, quien tiene en ese momento pensamientos de hacerse daño o de hacérselo a otros, ni quien ha sido diagnosticado o tratado de una psicosis activa. Cada cliente tiene su plan de transporte, y si hay que llamar a emergencias, el centro debe comunicarlo por escrito a la autoridad en un plazo de 48 horas. El facilitador solo puede usar el contacto físico si el cliente lo pide y lo ha autorizado antes por escrito, y se limita a abrazos o a poner la mano en las manos, los pies o los hombros. Las relaciones románticas o sexuales con un cliente están prohibidas durante el servicio y hasta un año después. Y cuanto más alta es la dosis, menos clientes puede atender cada facilitador: de 25 con las más bajas a 2 con las más altas.

Un estudio sobre esos servicios, publicado en 2026, siguió a 346 personas en 24 centros. Según su resumen, cuatro de ellas, todas primerizas, tuvieron reacciones que necesitaron atención médica, y a los tres meses 7 de las 312 que respondieron consideraban dañina la experiencia. Según la universidad que lo hizo, lo pagaron organismos públicos de salud de Estados Unidos y la fundación de la propia universidad.

En Colorado, en las sesiones de grupo, cada facilitador atiende como mucho a cuatro personas, u ocho con dosis bajas. El participante puede retirar su consentimiento en cualquier momento, el contacto físico es siempre opcional, las relaciones románticas o sexuales están prohibidas durante el servicio y dos años después, y cualquier problema de salud grave se comunica a la autoridad en 24 horas. Colorado despenalizó además el uso personal de varios enteógenos de origen natural, la DMT entre ellos, pero no su venta: quien cobra por acompañar sin licencia no puede anunciarse y tiene que decir que no la tiene. Un retiro de ayahuasca anunciado y de pago no encaja en esa ley.

Eso es lo que significa que alguien responda: normas escritas, alguien que las vigila y un registro de lo que sale mal. Y aun así, cuatro de 346 personas necesitaron atención médica. Ninguna norma deja el riesgo en cero; lo que hace es que se sepa.

Lo que ha salido mal

El contexto cuenta. La encuesta del principio comparó dónde se había tomado la ayahuasca. Frente a quienes la toman en una iglesia como el Santo Daime o la União do Vegetal, todos los demás tenían más probabilidades de notar efectos adversos en su salud mental en las semanas o meses siguientes: quienes la toman con curanderos tradicionales, en ceremonias de estilo occidental y, sobre todo, sin nadie que guíe. Ese último fue el contexto de más riesgo, y el único en el que aumentaron también los efectos físicos. Un retiro puede caer en cualquiera de los dos primeros grupos, así que, según estos datos, un retiro con acompañamiento no es la opción más arriesgada; tomarla sin guía, sí. La encuesta no dice por qué: puede ser el acompañamiento, el entorno o el tipo de persona que va a cada sitio. Además, ocho de cada diez de quienes la tomaban en una iglesia eran brasileños, así que la comparación no es limpia. Aun así, indica que el contexto importa.

Las crisis graves son raras. Una revisión sistemática de 2017 sobre ayahuasca y psicosis concluye que es «un fenómeno raro». Otro estudio, con 608 personas que habían tenido dificultades después de tomar un psicodélico, encontró que la ayahuasca, la DMT y el LSD eran los que, de media, dejaban dificultades más largas, y que, contando todas las sustancias, en un tercio de los casos duraron más de un año. Es una muestra de personas con problemas, así que no dice cuántas los tienen, sino cómo son. Lo pagó una entidad benéfica estadounidense, Emergence Benefactors.

Las muertes. No se conoce ninguna muerte con autopsia en la que la causa fuera la ayahuasca sola. La única recopilación, hecha por la misma fundación que estimó el consumo, reunió las 58 muertes que la prensa de todo el mundo relacionó con la ayahuasca entre 1994 y 2022. Hubo 14 suicidios, 8 homicidios, 4 intoxicaciones por tabaco, 3 ahogamientos y 3 intoxicaciones por escopolamina (una confirmada y dos posibles), entre otras causas. En 16 casos se habló de una posible reacción a la ayahuasca, pero en ninguno se hizo autopsia. Quince de esas personas ni siquiera la habían tomado, y 17 casos tenían relación con centros de retiro para turistas. Una revisión científica de 2025, que reunió los cinco casos publicados de muerte tras tomar DMT, encontró en todos otras sustancias que contribuyeron.

Eso no quiere decir que no haya riesgo. Un estudio clásico calculó en 2007 que la dosis mortal de DMT sería más de veinte veces la de una ceremonia, pero lo extrapoló a partir de ratones y con supuestos que el propio autor llamaba arriesgados. Lo que se puede decir es que no se conoce ninguna muerte por la ayahuasca sola, no que no pueda haber una sobredosis. Y que, en los casos que se han podido estudiar a fondo, había algo más. Parte de ese algo más (lo que se añade a la bebida, la medicación de quien la toma, la vigilancia) depende de quien organiza la toma, sea un retiro o no.

Lo que se añade. Un estudio de 2026 entrevistó a 49 organizaciones que anunciaban retiros, seis de cada diez con sede en Estados Unidos y 30 de ellas con ayahuasca. El 38,7 % ofrecía más de una sustancia psicodélica, seis ofrecían 5-MeO-DMT y aparecían también el kambó y el rapé. Algunos de esos añadidos aparecen en casos graves documentados:

  • Kambó. Lo contamos aparte, más abajo, porque es el riesgo más fácil de evitar.
  • Toé. Entre los shuar de Ecuador y Perú, el toé (Brugmansia), una planta que contiene escopolamina, se añade a veces a la ayahuasca, aunque se considera «muy peligroso», según un estudio etnobotánico de 1992. Ya hemos visto que tres de las muertes recopiladas se atribuyen a la escopolamina.
  • Sapo. Una de las muertes recopiladas se atribuye probablemente a la 5-MeO-DMT sintética. Es otra sustancia, con su propia ficha, y conviene leerla antes si un retiro la ofrece.

La medicación. La ayahuasca no se combina con muchos antidepresivos, como explicamos en la ficha: la liana bloquea la enzima que regula la serotonina, y la mezcla puede provocar un síndrome serotoninérgico. Una revisión de 2024 no encontró ningún caso confirmado de síndrome serotoninérgico con ayahuasca. Pero en 2025 se publicó la muerte de una persona que, fuera de cualquier ceremonia, había combinado DMT y los alcaloides de la liana con dos antidepresivos: la causa fue una crisis hipertensiva con síndrome serotoninérgico. El riesgo está bien fundado, y los retiros lo gestionan de forma muy desigual. En el estudio de 2026, todas las organizaciones pedían el historial médico, tres de cada cuatro excluían a personas con ciertos problemas de salud y la mitad excluía a las personas con esquizofrenia o psicosis. Dos de cada tres tenían en el lugar, al menos a veces, personal sanitario o formado en emergencias. Casi nueve de cada diez exigían o recomendaban dejar ciertos medicamentos antes (dos de cada tres lo exigían), con plazos que iban de un día a más de seis semanas. Esos datos los dieron las propias organizaciones, y respondieron seis de cada diez de las que se intentó entrevistar. Lo pagó la misma fundación que el estudio de 2025. Quien toma un antidepresivo no debe dejarlo por su cuenta ni porque se lo diga un retiro: el plazo depende del fármaco y lo decide el médico que lo recetó.

Los abusos. No hay cifras fiables de abusos. Lo que está documentado es un patrón: un artículo de 2020 sobre los abusos sexuales en ceremonias explica que quien cura está en una posición de poder y de responsabilidad que crea un desequilibrio entre las dos partes, y un estudio de 2015 con participantes en rituales recogió que algunos contaban que el chamán había intentado seducir a mujeres del grupo. Una guía contra los abusos sexuales en ceremonias de ayahuasca, publicada en 2018 y traducida a catorce idiomas, dedica un apartado a los rituales individuales, como las curaciones, las sopladas o las limpiezas. Esas curaciones «NO implican que te toquen las partes íntimas», y «no es necesario en absoluto que estés desnudo». Si quien dirige la ceremonia quiere tener sexo contigo durante ella o poco después, eso se considera «inapropiado y espiritualmente peligroso en todas las tradiciones». La guía aconseja plantearse ir con alguien de confianza y recuerda que se puede denunciar después, aunque en el momento no se pudiera hacer nada.

Al volver a casa. En el estudio de 2026, todas las organizaciones ofrecían algún tipo de apoyo después, pero el acompañamiento estructurado era «la excepción». En un análisis de 2023 de la gran encuesta, una persona lo contaba así: «El centro de retiro al que fui debería haber esperado mucho más de dos noches antes de dar el alta a los pacientes». De lo que viene después hablamos en Nadie te dice qué hacer al día siguiente.

El agua del kambó

De todo lo que ha salido mal, esto es lo más fácil de evitar. Beber mucha agua junto con el kambó puede provocar una hiponatremia grave, una bajada brusca del sodio en la sangre, y ya ha acabado en una muerte cerebral.

En Chile, una persona tomó ayahuasca en un ritual de sanación, recibió kambó unas doce horas después y bebió al menos seis litros de agua. Llegó al hospital con una hiponatremia grave y convulsiones, y se recuperó. En otro caso, publicado en 2025 y sin ayahuasca de por medio, una paciente bebió grandes cantidades de agua antes de un ritual de kambó, por indicación de quien lo dirigía, y acabó en muerte cerebral. En la recopilación de muertes relacionadas con la ayahuasca hay otra por hiponatremia, por beber demasiada agua, y una revisión de 2025 recoge tres muertes tras el kambó en la literatura médica.

Si un retiro te pide beber litros de agua antes del kambó, esa es una de las respuestas que deberían hacerte dudar.

Iboga y psilocibina

Hay retiros de otras sustancias, y dos tienen datos propios.

La ibogaína se ha estudiado sobre todo para tratar la dependencia de opioides, y es otra cosa: afecta al corazón. Una serie forense contó 19 muertes fuera de África centro-occidental entre 1990 y 2008, y en 12 de los 14 casos con datos suficientes las enfermedades previas, sobre todo del corazón, o el consumo de otras sustancias explicaron la muerte o contribuyeron a ella. En un estudio de 2022 hecho en un hospital, con vigilancia médica, la mitad de los 14 pacientes llegó a un intervalo QT de más de 500 milisegundos, un nivel con riesgo de arritmia. Con la iboga, la vigilancia médica no es un extra.

Hay también retiros de psilocibina en los Países Bajos. En un estudio con 30 personas que habían pasado por uno, 9 contaron por su cuenta que les había costado integrar lo vivido, y en todos los casos fue pasajero, aunque eran personas que el propio centro reclutó entre quienes habían tenido una experiencia mística.

Lo que un folleto no puede prometer

En España, un folleto que atribuya al retiro una finalidad de salud está sujeto a la norma sobre publicidad con pretendida finalidad sanitaria, de 1996. Esa norma prohíbe, entre otras cosas, la publicidad de servicios «que proporcionen seguridades de alivio o curación cierta», la que use testimonios de profesionales sanitarios, de famosos o de «pacientes reales o supuestos», la que use el término «natural» como promesa de curación y la que pretenda «sustituir la consulta o la intervención de los profesionales sanitarios». La ley de competencia desleal, además, considera engañoso afirmar falsamente que un servicio puede curar enfermedades. Y una guía de buenas prácticas que encargó y publicó en 2019 el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña advierte: «Nadie que prometa resultados por adelantado está siendo honesto».

Un estudio de 2011 analizó a fondo la web de un retiro de ayahuasca: mezclaba el lenguaje de los negocios con el espiritual, prometía ceremonias que «cambian para bien la vida del participante» y decía que los habitantes de la zona la usaban para curar enfermedades «desde el dolor de cabeza hasta el cáncer».

Lo que el turismo hace en el lugar

Tampoco sale en el folleto lo que el retiro cambia alrededor, para bien y para mal. Un estudio etnográfico publicado en 2025 contó en un solo pueblo shipibo de la Amazonía peruana ocho albergues para turistas, con precios de entre 800 y 2.500 soles por una semana de tratamiento. Para algunas personas, el turismo ha supuesto «una notable mejora del nivel de vida», y algunas curanderas tienen «un éxito rotundo, superando a veces el de sus homólogos masculinos». Pero la autora observa a la vez un «fenómeno de pauperización de la mayoría de los hogares». En uno de los casos que describe, un socio extranjero «se embolsa la mayor parte de los beneficios». Uno de los curanderos lo contaba así: «Yo le decía a [el extranjero] que necesito mi parte del dinero por mi trabajo». El mismo estudio describe cómo el turismo ha reavivado la brujería entre curanderos rivales, y también contra los turistas.

Y está la planta. Un estudio de 2023 en la Amazonía peruana calculó que, a largo plazo, las poblaciones de la liana muy cosechadas disminuirían y las poco cosechadas crecerían. Durante el estudio, todas estaban disminuyendo.

Antes de ir

Si alguien decide ir a un retiro, estas preguntas salen de lo que ha fallado y de las normas y guías que existen. No garantizan nada, pero las respuestas dicen mucho.

  • ¿Qué me preguntan antes de admitirme? Un buen cribado pregunta por tu salud mental, por la de tu familia y por tu medicación.
  • ¿Quién decide sobre mi medicación? Tu médico, no el retiro.
  • ¿Qué se sirve, además de la ayahuasca? Kambó, sapo, rapé, tabaco, toé. ¿Puedo decir que no a todo eso?
  • ¿Cuántas personas cuidan del grupo y quiénes son? La guía de la Generalitat aconseja que ningún grupo lo dirija un solo guía.
  • ¿Qué pasa si alguien se pone mal? Si hay un plan de emergencias que conozca todo el equipo, a qué distancia está el hospital y cómo se llega.
  • ¿Sabe alguien en casa dónde voy a estar exactamente y cuándo vuelvo? No depende del retiro. La guía contra los abusos aconseja, además, plantearse ir con alguien de confianza.
  • ¿Puedo dejar de beber o saltarme la siguiente toma? En Oregón, tomar o no es «completamente voluntario» en todo momento, y en Colorado el consentimiento se puede retirar cuando se quiera.
  • ¿Habrá ceremonias individuales, contacto físico o desnudez?
  • ¿Qué pasa cuando vuelva a casa?
  • ¿Qué me prometen?

Y algunas respuestas que deberían hacerte dudar, porque van contra lo que piden las normas y las guías que hemos citado, o aparecen en los casos que hemos contado: que no pregunten por tu medicación; que te den un plazo para dejar un fármaco sin pasar por tu médico; que ofrezcan varias sustancias en el mismo retiro; que te pidan beber mucha agua antes del kambó; que te prometan curarte; que propongan ceremonias individuales con contacto físico o desnudez; que no tengan plan de emergencias.

Qué no sabemos

  • Cuántos retiros hay y cuánta gente pasa por ellos. Lo que hay son estimaciones gruesas, de una fundación favorable a la ayahuasca.
  • Con qué frecuencia hay abusos. No hay ninguna cifra fiable, ni para decir que son muchos ni para decir que son pocos.
  • Cuántas muertes ha habido de verdad. La única recopilación sale de la prensa, y la prensa no se entera de todo ni acierta siempre.
  • Si los retiros hacen lo que dicen. Lo que sabemos de cómo seleccionan a la gente lo contaron ellos mismos.
  • Si un retiro caro es más seguro que uno barato. No hemos encontrado ningún estudio que lo mida.
  • Si tomarla en casa con alguien de confianza es más o menos arriesgado que en un retiro. La encuesta mete en el mismo grupo a quien la toma solo y a quien la toma acompañado, pero sin guía.
  • Qué normas se aplican a los retiros dentro de Europa, como los de los Países Bajos o Portugal, que son los más cercanos para quien lee esto desde España. No hemos podido leer sus normas oficiales, y por eso se han quedado fuera.
  • Si las normas de Oregón y Colorado servirían para la ayahuasca. Se hicieron para la psilocibina, y aún hay pocos datos sobre sus resultados.
  • Y lo de siempre: de dónde viene lo que se vive en una ceremonia, en un retiro o en el salón de casa, no lo sabemos.

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Fuentes:
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