Ayahuasca y jurema: lo que hay en el vaso
Pon un Dios
· Revisado el 17 de octubre de 2026

Detrás de las palabras «ayahuasca» y «vino de jurema» hay más bebidas de las que parece, y mucha gente en Europa ha tomado una creyendo que tomaba otra. Aquí contamos cuántas hay, de dónde viene cada una, qué se sirve en Europa, qué cambia para quien bebe y qué dice la ley, con un dato que muchas webs siguen dando mal. No recomendamos ninguna ni llamamos falsa a ninguna: contamos qué es cada una.
Muchas personas han tomado por primera vez un enteógeno en una sesión en la que les sirvieron «ayahuasca», o «jurema», o «vino de jurema», sin saber exactamente qué había en el vaso, o la prepararon en casa con plantas compradas por internet, siguiendo lo que decía la tienda o un foro. Después, cuando intentan entender lo que vivieron, se encuentran con que los nombres no coinciden con lo que leen: que la ayahuasca lleva dos plantas que quizá no eran las suyas, que el vino de jurema es otra cosa, que lo que les dieron tiene un tercer nombre que nadie les dijo. Este artículo intenta poner orden en eso. Y adelantamos la conclusión, porque es la que menos se espera: la bebida que en Europa se confunde con «la jurema de Brasil» no es brasileña. Nació en México, por encargo de una ONG holandesa, hace menos de treinta años.
Dos nombres, al menos siete bebidas
Lo primero es contar. Con los dos nombres circulan, como mínimo, estas:
- La ayahuasca amazónica: la liana (Banisteriopsis caapi) cocida con hojas de chacruna (Psychotria viridis) o de chaliponga (Diplopterys cabrerana), y a veces con otras plantas añadidas; se han identificado hasta un centenar. Lo que la define en todas las descripciones es la liana, no la chacruna.
- El vino de jurema del nordeste de Brasil (vinho da jurema): corteza de raíz, o de tallo, de la jurema preta (Mimosa tenuiflora, antes llamada M. hostilis) en agua, sin ninguna otra planta que aporte lo que aporta la liana. Es la bebida de los pueblos indígenas del nordeste y de las religiones afrobrasileñas, documentada desde 1739. En las casas de umbanda lleva a menudo miel, vino o aguardiente de caña.
- La juremahuasca, o «anahuasca»: corteza de jurema con semillas de ruda siria (Peganum harmala), que hace de sustituto de la liana. Es la combinación que aparece en toda la literatura de los análogos y la que sirven los centros europeos que han sido estudiados. Entre quienes la buscan se llama, simplemente, «jurema».
- La liana con jurema: la ayahuasca con la chacruna sustituida por corteza de jurema. En las ceremonias europeas que se han analizado apareció una sola vez; pero las tiendas en línea que venden las plantas la presentan como ayahuasca corriente, y en la preparación casera es una de las combinaciones habituales, llamada ayahuasca o anahuasca. Cuál predomina ahí no lo ha medido nadie. En ninguna fuente escrita que hayamos leído se la llama «vino de jurema», aunque ese nombre circula de boca en boca.
Y además: un antidepresivo inhibidor de la MAO, la moclobemida, con jurema y psilocina, servido como «ayahuasca» en dos ceremonias europeas sin decírselo a nadie; la jurema fumada, vendida como «Jurema» o «DMT natural»; la liana sola o con trufas de psilocibina («psilohuasca», en los Países Bajos); la ruda siria sola presentada como ayahuasca, según la declaración de un organizador alemán; y la changa, jurema u otra planta con DMT fumada con betacarbolinas. Siete bebidas y dos formas de fumarla, contando por lo bajo.
Una advertencia más sobre la palabra «jurema», que no es un nombre botánico: en Brasil hay al menos diecinueve plantas que se llaman así, y las que se llaman «jurema blanca» no contienen DMT. Una de las personas que más hizo por difundir la mezcla con ruda siria avisaba ya en 1998 de que cuando alguien dice que bebe jurema negra «no significa necesariamente que esté bebiendo Mimosa hostilis». Hasta en Brasil, saber qué hay en el vaso cuesta.
La ayahuasca: lo que la define es la liana
De la bebida amazónica hablamos largo en su ficha, y aquí solo hace falta lo que sirve para comparar. La liana aporta las betacarbolinas (harmina, harmalina, tetrahidroharmina), que impiden que el cuerpo destruya la DMT antes de que haga efecto; las hojas añadidas aportan la DMT. Sin la liana no hay ayahuasca; sin la chacruna, según la región, hay ayahuasca con otra hoja. El químico que estableció el mecanismo en 1984 ya definía la bebida con tres plantas posibles como fuente de DMT, no con una.
Y un dato que desmonta una idea muy extendida: la planta tradicional es la irregular. Un análisis de 36 muestras de chacruna recogidas en 22 lugares de Brasil encontró hojas con DMT indetectable. La corteza de jurema, en cambio, es rica en DMT y relativamente constante, y por eso los preparados que la usan salen más fuertes y más variables, como veremos.
Sobre la antigüedad: el atado ritual de hace mil años hallado en Bolivia, que la ficha menciona, contenía trazas de harmina y de DMT juntas, además de bufotenina y cocaína. Los propios autores avisan de que sus resultados «no aportan una prueba concluyente» del uso temprano de la ayahuasca: es un atado con los dos tipos de alcaloide, no una bebida. Las primeras menciones escritas son de misioneros del siglo XVIII, y el botánico Richard Spruce la describió a mediados del XIX. A España llegó en 1988, a Almería, de la mano de Claudio Naranjo, y en agosto de 1989 cinco miembros del Santo Daime de Río de Janeiro celebraron allí los primeros trabajos de esa iglesia fuera de Brasil.
El vino de jurema: 1739, la Inquisición y para qué se bebe
El vino de jurema tiene una historia propia, que no tiene nada que ver con la Amazonía, y empieza con un documento. En 1739, el gobernador de Pernambuco informaba de que los indígenas tomaban «cierta bebida hecha de la corteza de un árbol así llamado, que beben metiéndose por los montes con ciertas hechicerías. Con esta bebida pierden los sentidos y así, alienados, tienen visiones e ilusiones del demonio». No hay ningún registro anterior, ni arqueológico ni escrito: la jurema no es, que se sepa, una tradición milenaria, aunque 1739 ya es antigüedad bastante.
Cuatro años después, en 1743, un fraile, José de Calvatam, denunció el rito ante la Inquisición de Lisboa y, sin querer, dejó la primera descripción detallada que existe. Las ceremonias las dirigían «mestres de jurema»; participaba casi toda la aldea, de todas las edades; antes de beber había que tener un maracá y ser «curado» con un sahumerio, porque «quien bebe jurema sin hacerse curar primero, dicen que muere»; y el mestre preparaba la bebida recitando palabras y cantando al son del maracá. Lo que contaban los bebedores de 1743 no es distinto de lo que se cuenta hoy de la ayahuasca: «los que beben jurema caen como muertos, pero al tocarlos el mestre con el maracá y cantar una cantiga, se levantan de repente»; uno, Mateus Barbosa, «vio cosas bonitas, como pinturas, palacios, iglesias»; otro, Agostinho, «cosas feas, caras con las bocas abiertas, y tienen cabellos que parecen serpientes»; y un tercero, José Dias de Oliveira, «por ver cosas espantosas, o al diablo mismo, quedó asustado y no quiso más jurema». Lo bueno y lo difícil, en el mismo folio, hace casi tres siglos.
La persecución fue rápida. En 1757 una ley del Directorio de los Indios la prohibió como «contraria a las buenas costumbres y nada útil, antes perjudicialísima a la salud de las gentes»; en 1758 hubo detenciones, y un indígena de 22 años, Antônio, murió en la cárcel de Natal por haber participado en el rito. Un párroco recibía instrucciones de que sus feligreses no practicaran «su célebre y antigua bebida llamada jurema», porque «fingen visiones indignas de católicos». En 1816 un viajero inglés anotó que los indígenas seguían «fumando en pipas y bebiendo jurema», pero «nunca pude persuadir a un indígena de que me la indicara». Sobrevivió escondida. En 1980, dos de los mayores botánicos del siglo la dieron por extinta; se equivocaban. El primer ritual registrado de forma sistemática es de 1938, entre los Pankararu, y en los años cuarenta un químico brasileño aisló de la corteza un alcaloide al que llamó «nigerina» y que resultó ser DMT: la primera vez que esa molécula se encontraba en una planta.
Hoy la toman pueblos indígenas del nordeste (Atikum, Pankararu, Kariri-Xocó, Truká, Fulni-ô, Xukuru y otros) y las religiones afrobrasileñas: el catimbó, la umbanda, la Jurema Sagrada. Los especialistas discuten si hay continuidad real entre los indígenas de 1743 y los de hoy o si la tradición se reinventó en el siglo XX: los Atikum, por ejemplo, aprendieron el toré y la jurema de otro pueblo en los años cuarenta, cuando empezaron a reclamar sus tierras. «No hay linealidad aquí, aunque haya recurrencias», escriben dos de los antropólogos que mejor la conocen. «Cada ritual es único, cada mestre un bricoleur.»
El rito, tal como lo describen entre los Atikum, es reconocible desde 1743. El pajé recoge la corteza de la raíz por el día y la deja en agua fría hasta la noche: se macera, no se cuece, aunque otros pueblos la hierven largo rato en una olla de barro hecha para la ocasión. Hay un altar, pipas hechas de raíz de jurema que se usan al revés, con la cazoleta en la boca, para soplar el humo sobre las personas y el lugar; maracás; una «cura» de jurema, ajo y aguardiente a la que se prende fuego. Alguien sale fuera y silba con pitos de madera para invitar «a los seres de los montes o a los Encantados». Se canta, se baila en círculo en sentido contrario a las agujas del reloj, y entonces se sirve la jurema. Algunas personas entran en posesión. En las mesas de catimbó de Recife o de Alhandra, el mestre recibe a los «mestres de luz» y atiende consultas: «llega uno, llega otro, se está muriendo, yo me preparo, mi mestre de luz baja, hago aquella caridad, aquel beneficio, y él vuelve a su salud».
Y aquí está la diferencia de fondo con la ayahuasca, más que en las plantas. El vino de jurema, en los contextos estudiados hoy, no se bebe para ver. «Los efectos propiamente alucinatorios no se buscan en estos rituales», escribe el antropólogo Rodrigo Grünewald, «que buscan una comunión espiritual más amplia con los invisibles»; cuando hay alteraciones de la percepción, «se entienden como fenómenos espirituales o mediúmnicos». Se bebe para limpiar, para «firmar» el trabajo, para curar, para recibir a los encantados, para «recibir la ciencia». Un juremeiro que es además investigador lo dice sin rodeos: «No es relevante si las partes de la planta que se usan en los preparados rituales contienen DMT o no: es para limpiar, purificar, llamar a las fuerzas, con fines terapéuticos». Y la bebida ni siquiera está siempre: el toré público se celebra «muchas veces sin consumo de jurema»; es en los ritos cerrados donde ocupa el centro.
Eso explica algo que a quien viene de la ayahuasca le sorprende: muchas de las bebidas de jurema que se toman hoy en el nordeste son flojas, o simbólicas, y sus propios practicantes lo saben. En Campina Grande la llaman «xerequeté» y su efecto se compara con el de un licor casero; en la Jurema Sagrada de Pernambuco se distingue la bebida «de salón» de la «de consagración», hecha con la entrecorteza, cuyo conocimiento «ya habría sido perdido por muchas personas»; entre los Kariri-Xocó se toma hoy la jurema «mansa» y no una variante fuerte. Dicho desde fuera, eso suena a «su bebida no funciona». Dicho desde dentro, es lo que decía el juremeiro: no la toman por la molécula.
Queda el enigma, y es real. La corteza de jurema contiene DMT y no contiene, según toda la química publicada, betacarbolinas: nada que impida que el cuerpo la destruya al tragarla. Y sin embargo hay relatos, desde 1743, de efectos. La explicación que más circula, que la jurema lleva «su propio inhibidor» en un compuesto llamado yuremamina, no la hicieron los químicos que lo aislaron en 2005: es una lectura de terceros, y la estructura del compuesto fue además corregida en 2015. No existe ningún estudio de farmacología humana del preparado tradicional, ninguna medición de si los extractos de la corteza inhiben la MAO, y los relatos etnográficos de efectos son heterogéneos: somnolencia y sueños en unos, euforia y mareo en otros, nada en muchos. La revisión más completa concluye que «todavía no hay pruebas firmes de que la bebida sea alucinógena por sí misma». Lo que sí hay es un dato que invierte la pregunta tal como suele plantearse: Jonathan Ott, el etnobotánico que más hizo por los análogos, no encontró inactiva la corteza, sino activa, en una infusión en frío y sin ningún inhibidor; quienes no notaron nada fueron otros, con preparados cocidos. El enigma no es por qué funcionaría una bebida que no debería funcionar; es que a veces funciona y nadie sabe por qué.
La juremahuasca: nació en México, por encargo holandés
La bebida que en Europa se toma por «la jurema de Brasil» tiene una fecha y un lugar de nacimiento, y no son brasileños. En los años noventa, Jonathan Ott, que había publicado en 1994 un libro sobre los «análogos de ayahuasca» (combinaciones de cualquier planta con DMT y cualquier fuente de betacarbolinas, con el mismo mecanismo que la bebida amazónica), preparó en México una mezcla de corteza de jurema con semillas de ruda siria a petición de la presidenta de una ONG holandesa que trataba adicciones con ayahuasca y quería un sustituto más fácil de conseguir. Esa mujer, Yatra Barbosa, lo contó ella misma en 1998: había visitado a los Truká, en el nordeste, y «me di cuenta, después de un ritual de curación, de que la bebida que tomaban no tenía propiedades psicoactivas»; «llevaba conmigo semillas de Peganum harmala, y propuse que hiciéramos un ritual con una combinación de jurema y P. harmala». Y añade lo que le respondieron: «Dijeron: "Por fin hemos encontrado las raíces de nuestra tradición"». Es una frase que hay que leer con todo su contexto.
La mezcla entró en Brasil en enero de 1997 desde Ámsterdam, y al mes siguiente ya había «trabajos espirituales» con ella en Río de Janeiro. Seis grupos rituales la adoptaron en los años siguientes; uno se constituyó como iglesia en 2002 y duró poco. La bautizó una antropóloga en 2000: «juremahuasca». Las primeras remesas de jurema venían de México, y las semillas de ruda, «de Europa y del norte de África». Es decir: la bebida que en Europa se toma por tradicional llegó a Brasil desde Europa hace menos de treinta años, y en Brasil tiene menos historia que el Santo Daime en España.
Los propios investigadores brasileños denuncian la confusión. «A pesar de llamarla "ayahuasca"», escriben Grünewald y Savoldi, «gran parte de los relatos de experiencia se refieren a recetas de jurema con ruda siria y no propiamente a ayahuasca»; y «esa jurema mezclada con ruda siria es llamada solamente "jurema" por sus buscadores». Ni siquiera Ott, el padre de los análogos, identifica las dos bebidas: en su artículo de 1999 llama al vino de jurema «el enteógeno tradicional brasileño parecido a la ayahuasca». Parecido. Y el mismo Grünewald resume las dos miradas que se cruzan en el vaso: para los indígenas y los juremeiros, la jurema es «una tradición de conocimiento»; para los psiconautas, «lo que importa es la psicoactividad de la jurema. Y cuanto más psicoactiva, mejor. El pensamiento recae sobre la sustancia, la molécula de DMT».
Lo que se sirve en Europa
¿Y qué se toma aquí? Hay menos datos de los que debería haber, y los que hay no dicen lo que casi todo el mundo cree.
El único estudio que ha analizado bebidas de ceremonias europeas, publicado en 2021 por un equipo de Estonia y Brasil, reunió 102 muestras donadas por comunidades de ocho países europeos, de Brasil y de Estados Unidos. Su primer hallazgo va contra la idea de que en Europa casi todo es análogo: la gran mayoría de las bebidas europeas era ayahuasca tradicional, importada ya en líquido desde Sudamérica o preparada con plantas importadas. Los análogos eran minoría: los usaban cinco facilitadores distintos, «con consentimiento parcialmente informado de los participantes». Entre el Santo Daime europeo no apareció ninguno: la preparación comunitaria de la bebida, abierta a los miembros y de varios días, «parece servir de salvaguarda contra la adulteración». De las muestras europeas con jurema, solo una tenía perfil de liana con jurema y nada más; otra llevaba, además, ruda siria. Dos facilitadores servían un té de ruda siria media hora antes de la ayahuasca y se lo decían a la gente: «para preparar el cuerpo». Y luego está el caso que da sentido a todo el artículo: dos muestras de dos noches consecutivas del mismo facilitador contenían moclobemida, un antidepresivo inhibidor de la MAO, psilocina y mucha DMT de jurema, con apenas rastro de liana. Preguntado, el facilitador dijo que había usado liana «mala» comprada por internet, confirmó la moclobemida (añadirla era, según él, más seguro que añadir ruda siria) y negó haber añadido hongos; la psilocina estaba. «No se informó a los participantes de que se había añadido moclobemida y psilocina a la bebida.» La bebida produjo muchos vómitos y, sobre todo, diarrea. Los autores explican también por qué cuesta tanto saber qué hay en el vaso: las ceremonias neochamánicas «no suelen anunciarse como ceremonias de ayahuasca, sino como "círculos" o "retiros"; la bebida se llama "la medicina"», y se pide a los participantes que no pregunten por sus componentes por correo ni por teléfono. Es una precaución legal, «pero también puede servir para ocultar el uso de sustitutos».
En los Países Bajos, donde hay tres estudios que identifican las plantas centro por centro, el análogo que se sirve es ruda siria con jurema. Un ensayo de 2022 con pacientes deprimidos lo dice con una frase que vale por todo un informe: los participantes se reclutaron «a través de tres centros de los Países Bajos que anunciaban que servían ayahuasca, pero en realidad usaban análogos de ayahuasca». En la República Checa, un estudio etnográfico de 2019 cuenta un ritual neochamánico con cabaña de sudor y altar con cabezas de jaguar en el que «la mayoría se acercó a beber ayahuasca… sin embargo, resultó ser la llamada rucacha, una combinación de ruda siria y acacia». El libro no dice que se les ocultara; dice que fueron a beber una cosa y resultó ser otra.
Hay además una población que ningún estudio ha medido: la gente que no va a ninguna ceremonia, compra las plantas por internet y prepara en casa. Que esa vía existe y es la principal en Europa sí está documentado: la investigación habla de «la disponibilidad de material vegetal por internet y en tiendas» (Gaujac et al., 2013), la Junta Internacional de Fiscalización advertía ya en 2010 de que la gente se informa en internet de que las plantas no están fiscalizadas y de dónde comprarlas, y en Alemania hay una condena de 2022 por importar corteza de jurema desde Brasil declarada como colorante. Lo que no hay es ningún estudio de qué se prepara con ellas. Lo que se ve, en octubre de 2026, en los catálogos de esas tiendas, casi todas con sede en los Países Bajos y con páginas en castellano, es que ofrecen en una misma categoría llamada «ayahuasca» la liana, la chacruna, la chaliponga, la corteza de jurema y la ruda siria; y que sus guías presentan la jurema como la planta que «normalmente» aporta la DMT, con la liana como lo imprescindible y la chacruna como sustituta. Es decir, lo que el mercado vende como ayahuasca corriente es, muchas veces, liana con jurema. Es un mercado, no un estudio: dice qué se ofrece y cómo se llama, no qué toma más gente.
Y en España, nada: no hay ningún análisis químico publicado de bebidas de sesiones, ninguna encuesta que pregunte qué plantas llevaba, y ni las organizaciones que analizan sustancias ni las que estudian la ayahuasca han publicado nada al respecto. Lo más cercano es un trabajo académico de 2008 que ya decía de las sesiones neochamánicas españolas que «también pueden usar anahuasca como si fueran ayahuasca», y añadía algo que merece discusión: que eso «no afecta a las expectativas de los participantes» y que exigir que si se anuncia ayahuasca se dé ayahuasca «no sería muestra sino de cierto fetichismo». Trece años después, los autores del análisis químico escribían lo contrario: «servir sustitutos de ayahuasca a los participantes sin su conocimiento y consentimiento puede considerarse poco ético». Entre esas dos frases está el debate, y esta web está más cerca de la segunda, no por fetichismo de la planta, sino porque quien toma tiene derecho a saber qué toma. El mismo investigador de 2008 lo explicaba después desde el otro lado: «para el chamán altoamazónico, la ayahuasca es una "planta maestra"… desde su cosmovisión carece de sentido emplear una anahuasca como si fuera ayahuasca. Para el chamán, lo relevante de la ayahuasca es su "espíritu", no sus propiedades farmacológicas». Y un participante europeo, al que sí le dijeron que la DMT venía de la jurema, dio la versión de dentro: «No importa de dónde venga la DMT, la magia está en la liana».
Sobre el nombre, por último: en portugués, vinho da jurema es la bebida nordestina de jurema sola, y la palabra «vino» es antigua: un diccionario botánico brasileño de 1881 ya decía que los indios extraen de la jurema «cierta especie de vino, que embriaga, con transporte delicioso». A la mezcla con ruda siria nadie la llama así en ninguna fuente que hayamos leído. Si en España se oye «vino de jurema» para una bebida con inhibidor, es un uso de boca en boca, probablemente nacido en el mundo de la preparación casera, donde los nombres los pone cada uno; no lo hemos encontrado en ninguna fuente escrita.
Lo que cambia para quien toma
Para quien va a una sesión, lo anterior se reduce a unas pocas cosas.
Las interacciones son las mismas. Da igual que las betacarbolinas vengan de la liana o de la ruda siria: bloquean la misma enzima, y todo lo que dice el apartado «Antes de tomarla» de la ficha de la ayahuasca (antidepresivos, tramadol, hipérico, litio, antecedentes de psicosis) vale igual para cualquier análogo.
La ruda siria tiene su propio historial. Con la liana sola no hay casos graves publicados que hayamos encontrado; con la ruda siria sola, sí: hay series de intoxicaciones graves, incluso mortales, casi todas por usos abortivos o suicidas en países donde la planta es de uso popular, no por ceremonias. Con la corteza de jurema no hemos encontrado ningún caso humano de intoxicación publicado. Nadie ha comparado las dos en condiciones iguales; es lo que hay.
La jurema es más concentrada y el preparado, menos previsible. La corteza de jurema es rica en DMT, y los preparados neochamánicos analizados en Europa tenían más DMT, y más variable, que los indígenas. Lo que la gente cuenta de que «la jurema es más suave» o «más fuerte» que la chacruna no lo ha medido nadie como bebida; lo único medido dice que la chacruna es la irregular y que los preparados de fuera son los fuertes.
Lo que no se declara. Moclobemida, psilocina, ruda siria sin avisar: está documentado en Europa. La única defensa es preguntar, antes, qué lleva la bebida, y que la respuesta sea concreta: qué plantas, de dónde, quién la preparó. «La medicina» no es una respuesta. Si la pregunta molesta, ya sabes algo del contexto.
Y «jurema» no dice qué planta es. Diecinueve especies, y la corteza se vende en Europa etiquetada como tinte o como espécimen botánico, «no apta para el consumo», en tiendas que bloquean los envíos a los países donde temen a la aduana. Quien prepara en casa con corteza comprada por internet no sabe, en rigor, qué ha comprado.
La ley: una corrección
La DMT está fiscalizada en España desde 1977, en la lista más estricta. La harmina y la harmalina no lo están. Las plantas tampoco: la jurema y la chacruna no han figurado nunca en ninguna lista española, y la ayahuasca como bebida, según la propia Agencia del Medicamento, «no está sometida a control de acuerdo con la legislación española». Lo que sí existió fue una orden de 2004 que prohibía vender al público 197 plantas por su toxicidad, entre ellas la liana (con el nombre de «liana de la muerte») y la ruda siria, y que muchas webs siguen citando como vigente. No lo está. La Audiencia Nacional la anuló en junio de 2005 por un defecto de forma (no se había comunicado a la Comisión Europea), y el Tribunal Supremo cerró el asunto en 2008. El Boletín Oficial no anota la anulación en su ficha, y por eso se sigue citando. Que la venta de la liana no esté prohibida no cambia lo demás: la bebida lleva DMT, y lo que pasa con eso ya lo contamos en Prohibido no es peligroso.
Fuera de España, la situación de la jurema varía. Francia es el único país europeo que hemos encontrado que fiscalice la jurema por su nombre: en su lista de 2005 están la Mimosa hostilis, la liana, la ruda siria y la chacruna. Italia fiscaliza desde 2022 la liana, la chacruna, la harmina y la harmalina, pero no la jurema. En Alemania hay jurisprudencia específica sobre la corteza: un tribunal condenó en 2022 a cinco años y cuatro meses a un hombre que la importaba de Brasil declarándola «colorante para curtir» y la vendía por plataformas de anuncios; la sentencia dice que «la mera posesión o venta de la planta no es punible» en sí misma, y que lo punible es venderla sabiendo que se compra para consumirla. En el plano internacional, las plantas no están controladas, y el comentario oficial del Convenio de 1971 nombra expresamente las raíces de Mimosa hostilis entre lo que queda fuera. De procesos en España por jurema o por ruda siria no hemos encontrado ninguno.
Quién pagó estos estudios
El análisis de las 102 bebidas lo pagaron el Consejo de Investigación de Estonia, fondos europeos de desarrollo regional y agencias públicas brasileñas, y sus autores declaran no tener conflictos. El ensayo holandés con pacientes deprimidos, sin grupo de control, tampoco declara conflictos. Los trabajos brasileños sobre la jurema (Grünewald, Palitot, Salles, la revisión de de Souza) son de universidades públicas, con financiación del CNPq en el caso de la revisión. El libro checo es de una universidad pública y fue aprobado por su comité. La revisión sobre el tepezcohuite mexicano es de una universidad pública mexicana. El relato de Yatra Barbosa se publicó en el boletín de la MAPS, la asociación que promueve la investigación con estas sustancias, y ella dirigía la ONG que encargó la mezcla: es una fuente de parte, y la citamos como tal. Los textos de Jonathan Ott son de un autor que defiende los análogos y los popularizó.
Lo que se repite sin prueba
«El vino de jurema es la ayahuasca de Brasil.» Son dos tradiciones distintas, de dos regiones distintas, con plantas distintas y propósitos distintos; y la bebida que en Europa se confunde con ella se creó en México en los noventa y entró en Brasil desde Ámsterdam en 1997.
«Es una tradición milenaria.» No hay registro anterior a 1739, ni escrito ni arqueológico. Casi tres siglos documentados bastan sin inventar milenios.
«La jurema lleva su propio inhibidor.» No descrito en la química publicada; la atribución a la yuremamina no la hicieron quienes la aislaron, y nadie ha medido si la corteza inhibe la MAO.
«El vino de jurema tradicional no hace efecto.» Tampoco está probado: no hay ningún estudio en humanos del preparado tradicional, hay relatos de efectos desde 1743, y la inactividad de muchas preparaciones de hoy «podría deberse a una dosis insuficiente», según la revisión más completa. Pregunta abierta.
«La ayahuasca verdadera solo se hace con chacruna.» La definición científica de 1984 admite tres plantas; se conocen un centenar de añadidas; lo que la define es la liana.
«Lo que se sirve en Europa es ayahuasca traída de la selva.» Mayoritariamente cierto en las muestras de ceremonias analizadas; falso como universal, y sin aplicación a la preparación casera, donde las plantas vienen de tiendas en línea que ofrecen la jurema junto a la chacruna. Nadie ha medido la proporción en España.
Cómo lo cuenta esta web
No hay en este artículo una bebida verdadera y otras falsas. La ayahuasca con jurema es ayahuasca hecha con otra hoja; la juremahuasca es una mezcla nueva que funciona por el mismo mecanismo y que algunos grupos brasileños han convertido en treinta años en una religión; el vino de jurema es una tradición de casi tres siglos que no gira alrededor de la molécula. Lo que les falta a las dos primeras no es legitimidad: es historia, y a menudo, información para quien las toma. Un antropólogo brasileño lo escribió de la juremahuasca: su religiosidad «es tan legítima y auténtica como las tradicionales». Nosotros no entramos en eso. Entramos en lo otro: en que quien bebe sepa qué bebe, quién la preparó y con qué, y en que a una bebida se la llame por su nombre. Lo demás, lo que cada cual haga con ella y lo que signifique, es suyo.
Qué no sabemos
- Qué se sirve y qué se prepara en España. Ni un análisis, ni una encuesta: ni de las sesiones ni, menos aún, de lo que la gente prepara en casa con plantas compradas por internet. Sabemos qué venden las tiendas y cómo lo llaman; no sabemos qué combinación toma más gente. Haría falta un análisis de muestras o una encuesta que preguntara qué plantas llevaba la bebida, y no existe ninguna.
- Por qué hace efecto el vino de jurema, cuando lo hace. Sin estudios en humanos, sin mediciones de la corteza, con relatos contradictorios.
- Cómo cambia la experiencia según la fuente de betacarbolinas o de DMT. Nadie ha comparado en un mismo estudio liana con chacruna, liana con jurema y ruda siria con jurema. Lo que se cuenta en foros es lo que es.
- Si las dos persecuciones se parecen. Los frailes de 1743 y los funcionarios brasileños que prohibieron provisionalmente la ayahuasca en 1985 persiguieron bebidas distintas por razones parecidas; la comparación es nuestra, y nadie la ha estudiado.
- De dónde viene lo que se vive con cualquiera de ellas. Sobre eso no tenemos respuesta, y no vamos a fingir que la tenemos.
| Ayahuasca amazónica | Vino de jurema (nordeste de Brasil) | Juremahuasca | Liana con jurema | |
|---|---|---|---|---|
| Plantas | Liana (B. caapi) con chacruna o chaliponga; hasta un centenar de añadidas | Jurema preta (Mimosa tenuiflora); en umbanda, con miel, vino o aguardiente | Ruda siria (Peganum harmala) con jurema | Liana con jurema |
| Parte usada | Tallo de la liana; hojas | Corteza de raíz o de tallo | Semillas; corteza | Tallo; corteza |
| Qué aporta las betacarbolinas | La liana | Nada conocido | La ruda siria | La liana |
| Antigüedad documentada | Menciones del s. XVIII; Spruce, s. XIX; atado boliviano del s. X-XII con los dos alcaloides (no concluyente) | 1739; Inquisición 1743-1759; primer registro etnográfico 1938 | Hacia 1995-1997, México; en Brasil desde 1997 | Sin historia propia; desde los años noventa, con los análogos |
| Dónde y quién | Amazonía; iglesias brasileñas; Europa desde 1988 | Nordeste de Brasil: pueblos indígenas y religiones afrobrasileñas | Seis grupos brasileños desde 1997; centros y psiconautas europeos | Preparación casera con plantas de tiendas en línea, que la presentan como ayahuasca; en ceremonias analizadas, una muestra |
| Cómo se prepara | Cocción larga; en el Daime, ritual comunitario de días | Maceración en frío o cocción larga, según el pueblo | A menudo en dos bebidas separadas | Como la ayahuasca, con corteza en lugar de hojas; sin descripción etnográfica |
| Contexto | Curandero e ícaros; iglesia e himnos; terapia | Toré y mesa: mestre, maracá, pipa, humo, cantos, posesión | Marco copiado o inventado; «círculos» y «retiros» | Sin datos |
| Qué se busca | Visión, curación, aprendizaje, sacramento | Limpiar, firmar, curar, recibir a los encantados; no las visiones | La experiencia; «cuanto más psicoactiva, mejor» | Lo mismo que con la ayahuasca; sin estudios |
| Qué se sabe de los efectos | Mucho | Casi nada: ningún estudio en humanos | Autoinformes; sin comparación controlada | Nada publicado |
| Legal en España | DMT fiscalizada; la bebida, sin control; la orden que prohibía vender la liana, anulada en 2005 | La jurema nunca estuvo en ninguna lista; la corteza se vende como tinte | La ruda siria estuvo en la orden anulada; harmina y harmalina, sin fiscalizar | Como sus dos partes |
| Nombres | Ayahuasca, yagé, daime, hoasca, «la medicina» | Vinho da jurema, ajucá, anjucá, xerequeté | Juremahuasca, anahuasca, «jurema»; en Chequia, «rucacha» (con acacia) | «Ayahuasca» o «anahuasca»; de boca en boca, «vino de jurema» |
Testimonios
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Sin registro. Se publica con la firma que elijas.
- de Souza, R. S. O., Albuquerque, U. P., Monteiro, J. M. y Amorim, E. L. C. (2008). «Jurema-Preta (Mimosa tenuiflora [Willd.] Poir.): a review of its traditional use, phytochemistry and pharmacology». Brazilian Archives of Biology and Technology, vol. 51, n.º 5, págs. 937-947.
- Barbosa, Y.-W. M. da S. (1998). «Jurema Ritual in Northern Brazil». MAPS Newsletter, vol. 8, n.º 3, págs. 27-29.
- McKenna, D. J., Towers, G. H. N. y Abbott, F. (1984). «Monoamine oxidase inhibitors in South American hallucinogenic plants: tryptamine and β-carboline constituents of ayahuasca». Journal of Ethnopharmacology, vol. 10, n.º 2, págs. 195-223.
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- López Pavillard, S. (2008). Recepción de la ayahuasca en España. Trabajo de investigación, Universidad Complutense de Madrid.
- Palitot, E. y Grünewald, R. de A. (2021). «O país da jurema: revisitando as fontes históricas a partir do ritual atikum». Acervo, vol. 34, n.º 2, págs. 1-21.
- Samorini, G. (2018). «El culto a la Jurema en los documentos históricos». Cultura y Droga, vol. 23, n.º 25, págs. 33-47.
- Grünewald, R. de A. y Savoldi, R. (2020). «Cada jurema é uma jurema: Continuidade, rupturas e inovações em religiosidades no Brasil». Revista del CESLA, n.º 26, págs. 221-244.
- Albuquerque, M. A. de S. y Aureliano, W. de A. (2006). «Toré Atikum: etnofotografia do "encantamento"». Tellus, vol. 6, n.º 11, págs. 173-179.
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- España. Real Decreto 2829/1977, texto consolidado. BOE.
- ICEERS (2017). Ayahuasca: Informe Técnico.
- España. Orden SCO/190/2004, BOE n.º 32, de 6 de febrero de 2004. Anulada por la Audiencia Nacional (Secc. 4.ª), sentencia de 29 de junio de 2005, rec. 270/2004; casación inadmitida por el Tribunal Supremo, sentencia de 9 de julio de 2008, rec. 5579/2005 (ECLI:ES:TS:2008:4180).
- Achour, S. et al. (2012). «L'intoxication au Peganum harmala L. au Maroc: à propos de 200 cas». Thérapie, vol. 67, n.º 1, págs. 53-58.
- Landgericht Würzburg, sentencia de 26 de octubre de 2022, 8 KLs 822 Js 14426/19.
- Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (2010). Informe de la JIFE para 2010 (E/INCB/2010/1), §§284-287.
- Gaujac, A. et al. (2013). «Determination of N,N-dimethyltryptamine in beverages consumed in religious practices by headspace solid-phase microextraction followed by gas chromatography ion trap mass spectrometry». Talanta, vol. 106, págs. 394-398.
- Catálogos y guías de tiendas en línea de etnobotánica con sede en los Países Bajos y España, consultados en octubre de 2026.
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