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Con sus palabras · 1

Nadie lo ve, pero todo ha cambiado

Cuatro personas con cáncer tomaron psilocibina dentro de un ensayo clínico de la Universidad de Nueva York, y el equipo que las acompañó contó después sus historias una a una. Son muy distintas entre sí. Lo que tienen en común es lo que vino después.

Traducido del artículo «Individual Experiences in Four Cancer Patients Following Psilocybin-Assisted Psychotherapy» · Frontiers in Pharmacology, 2018

El estudio, en pocas líneas

Veintinueve pacientes con cáncer, y con una ansiedad o una depresión ligadas a la enfermedad, participaron en un ensayo con dos sesiones cada uno, separadas por unas semanas: en una tomaban psilocibina y en la otra niacina, una vitamina que da calor y rubor y sirve de placebo, sin que ellos ni sus terapeutas supieran cuál era cuál. Antes y después había psicoterapia. Los resultados de conjunto, publicados en 2016, fueron claros: la ansiedad y la depresión bajaron deprisa, y la mejoría se mantuvo.

Dos años después, el equipo eligió a cuatro participantes y contó cada caso por separado, con sus entrevistas, lo que escribieron y las notas de sus terapeutas. Los nombres son inventados, la edad se da por décadas y algunos datos se cambiaron para que nadie pudiera reconocerlos.

  • Qué esCuatro casos de un ensayo clínico doble ciego
  • QuiénesPacientes con cáncer y ansiedad o depresión (29 en el ensayo)
  • SustanciaPsilocibina, frente a niacina como placebo
  • DóndeUniversidad de Nueva York
  • Publicado2018, en Frontiers in Pharmacology
  • LicenciaCC BY: se puede traducir citando la fuente

Victor

Veintitantos · linfoma

«Elegí este cuerpo»

Victor tenía veintitantos años y estudiaba un posgrado. Le diagnosticaron un linfoma en el instituto. Se había criado en la fe judía y la perdió entonces: sentía que «Dios le había fallado» y que su «sensación de invulnerabilidad se había hecho añicos». Cuando entró en el ensayo, el cáncer estaba en remisión, pero él vivía con ataques de pánico y con el miedo constante a que volviera.

En la sesión le acompañó una presencia a la que llamó su «guía espiritual». Vio su propia concepción, su nacimiento y su muerte, y a su familia en su propio funeral. En un momento dejó de tener cuerpo: «No tenía cuerpo… Era solo como un alma, una entidad». Y tuvo que elegir uno:

«Vi todo lo que le había pasado a mi cuerpo: toda la comida que había comido, las drogas que había tomado, el alcohol [que había bebido], la gente con la que me había acostado, la quimio, el ejercicio, todo lo que le había pasado a mi cuerpo. Lo asimilé de golpe, y entonces tomé la decisión. Algo así como: vale, necesito un cuerpo para seguir, así que elegiré este cuerpo. Y más o menos lo acepté, y en ese momento dejé de ser esa entidad, esa alma. Se convirtió en mí, integró mi mente en mi cuerpo.»

Hacia el final, el guía se convirtió en su padre, que le dijo que todo iba a salir bien, y se encontró con personas queridas que habían muerto.

Después, en la entrevista de seguimiento, lo resumió así:

«Diría que [tengo] menos ansiedad por mi cuerpo y por la enfermedad, por que vuelva el cáncer… Vi este cuerpo por lo que vale, lo elegí, es mío… Creo que esa aceptación ha sido liberadora.»

Y sobre el cáncer: «Es lo que es… No merece la pena preocuparse por lo que no puedes cambiar».

Tom

Cincuenta y tantos · leucemia

«No me cambió la vida»

Tom tenía cincuenta y tantos años, era cristiano y trabajaba en recursos humanos. Poco antes de entrar en el ensayo le diagnosticaron una leucemia. Nunca había tomado nada parecido.

Su sesión empezó con una cara de mujer, inhumana y agresiva, que sentía que le mordería si pudiera, y que se transformó en una figura masculina, menos amenazante, que le invitó a empezar. Luego vino la música:

«No solo oía la música: la tocaba. Todo mi cuerpo era el instrumento de cada sonido que me pasaba por la cabeza.»

Más tarde llegó una sensación de saberlo todo:

«No hay nada que temer cuando dejas de estar en tu cuerpo… No hay ni infierno ni cielo, simplemente no hay nada que temer.»

Y un amor que le desbordaba: «Sentí la necesidad de decirle a la gente que deje las tonterías y que nada importa salvo el amor».

Sus cuestionarios mejoraron de forma moderada, también el del miedo a la muerte: «No le tengo miedo a la muerte. Bueno, tampoco tengo ningún deseo de morirme… Ahora me interesa la vida más que nunca… La muerte en sí no me asusta». Pero la experiencia le decepcionó, y lo dijo sin rodeos cuando le preguntaron qué había cambiado en su vida:

«Para serte sincero, no mucho… Quiero decir, fue intenso, pero… no me cambió la vida, y he oído que a otra gente sí.»

Y, aun así, añadió que había descubierto que «no hay nada más que amor. Como cantaban los Beatles: All you need is love. Es muy verdad».

Chrissy

Cincuenta y tantos · cáncer de mama

«Elegí vivir»

Chrissy tenía cincuenta y tantos años y un cáncer de mama con metástasis en los pulmones. Se definía como atea, vivía sola y nunca se había casado ni había tenido hijos. Había tomado psilocibina y LSD en el pasado.

Supo que la sustancia empezaba a hacer efecto cuando pudo «ver la música». Se vio rodeada del cosmos, de espíritus y de luz, y oyó dentro de su cabeza una voz que no era la suya: «Estamos todos juntos».

«Veía como unas caras de piedra, y eran preciosas, y se iban convirtiendo en polvo, y luego volvían a levantarse, y luego volvían a ser polvo, así que lo veo como… así es la vida… sube y baja; así es como son las cosas.»

Vio una noria, que entendió como un círculo en el que «la vida viene de la muerte y la muerte viene de la vida». Y sintió dolor en el vientre, donde tenía el cáncer, que vivió como su «cordón umbilical con el universo»:

«Por ahí se me iría la vida algún día, y me entregaría de buen grado cuando me llegara la hora.»

Esa paz con la muerte no la llevó a rendirse. Según contó después, en aquella sesión «eligió vivir», y la experiencia la ayudó a tomar esa decisión. También se hizo una pregunta:

«En un momento pregunté: “¿Va a haber cura para el cáncer?”. [Y] da igual. Todos vamos a morir; eso no cambia nada. Esa fue mi respuesta.»

En un cuestionario de seguimiento escribió que la experiencia «dio vida a mis creencias, las hizo reales, algo tangible y verdadero; hizo que fueran más que algo en lo que pensar: algo en lo que apoyarme y que esperar con ilusión».

Brenda

Sesenta y tantos · cáncer de colon

«Nadie lo ve, pero todo ha cambiado»

Brenda tenía sesenta y tantos años y un cáncer de colon en estadio inicial, el segundo de su vida. Era atea, estaba divorciada y tenía dos hijos adultos. Nunca había tomado nada parecido.

Describió su sesión como «una especie de montaña rusa». En un momento se sintió tumbada en una nube húmeda, contenta, y pensó: «Si esto es así, va a ser muy interesante. Esto va a ser increíble. Y estoy lista para irme». Se sintió «fuera del espacio y del tiempo, de una forma muy, muy, muy reconfortante y preciosa».

«Yo era la nube, yo era todo, y ese fue el tema de toda la [experiencia]: que yo era todo esto, que esto era yo. Y era tan maravilloso… creerlo. Y lo sigo creyendo: eso soy yo.»

Dos veces sintió que vivía su propia muerte. La primera: «Entré en esa zona negra y era simplemente maravilloso… Pensé: creo que esto podría ser lo que la gente vive cuando muere». La segunda, ante una construcción de ladrillo que reconoció como una especie de crematorio:

«Yo solo era parte de este mundo grande y precioso… y eso es lo que va a pasar cuando me muera… A lo mejor la muerte es algo precioso.»

La sesión le devolvió también recuerdos de una agresión sexual que sufrió de niña y que seguía sin cerrar. Ella misma dice que el estudio fue el empujón para empezar a curar esa herida.

Cuando le preguntaron qué había cambiado en su vida, respondió:

«Lo curioso es que nadie puede verlo, pero, para mí, todo ha cambiado… Me siento más contenta y más feliz con mi lugar en el mundo, con todo lo que hago.»

Después del ensayo empezó a meditar, porque no quería perder lo que había encontrado:

«He estado probando si puedo recuperar otras sensaciones de aquello… y he podido, y he meditado mucho. Empecé a meditar después porque era como: “No quiero perder esto”… Tengo una casa cerca de un monasterio en la montaña y subí allí, y fue muy reconfortante conectar de esa manera… Sentí de verdad que había una conexión real entre el budismo, la meditación y la experiencia con psilocibina. Y lo hago todos los días.»

Lo que tienen en común

Ninguna de las cuatro experiencias se parece a las otras. Victor eligió su cuerpo, Tom se convirtió en música, Chrissy vio caras de piedra hacerse polvo y Brenda fue una nube. Sin embargo, los cuatro mejoraron en varias de las medidas del ensayo, fuera cual fuera el contenido de su sesión.

Hay algo más que los autores señalan y que cualquiera que haya pasado por esto reconocerá. A los participantes les costaba mucho describir lo que había pasado en la sesión; les resultaba más fácil contar cómo les había hecho sentir y cómo había cambiado su manera de pensar y de reaccionar en el día a día. Los autores lo atribuyen quizá a una «inefabilidad propia de la experiencia», y añaden algo importante: poder contarlo o no contarlo no parecía tener nada que ver con cuánto les había servido.

Los cuatro hablaron además de cambios que fueron más allá de la sesión: empezaron a comer mejor, a hacer más ejercicio y a cultivar, sin ninguna sustancia, prácticas espirituales o de meditación. Y en los cuatro las experiencias fueron más allá del cáncer: hablaban de compasión hacia sí mismos, de amor, de aceptar la muerte y de heridas antiguas.

Tom es el contrapunto, y por eso importa. Sus cuestionarios mejoraron y perdió el miedo a morir, pero a él la experiencia no le pareció gran cosa. Que lo dijera, y que el estudio lo recogiera, dice algo bueno de los dos.

La pieza 5 de esta serie cuenta otro después de la psilocibina: once personas con una depresión que no cedía, una sola sesión y, en la mayoría, ningún cambio claro.

La pieza 7 cuenta cómo miran su propia muerte seis supervivientes de los primeros años del sida, ya mayores, tras una terapia de grupo con psilocibina.

Si quieres saber qué es la psilocibina y qué dice el resto de la investigación, está su ficha.

Fuentes: