Cómo hablarle a una IA de lo que viviste
Pon un Dios
· Revisado el 6 de octubre de 2026

Si vas a contarle a una inteligencia artificial lo que viviste, la manera de hacerlo cambia mucho lo que te devuelve. Esta guía no te dice que no la uses. Te dice cómo usarla para pensar mejor, y no para que te devuelva tus propias ideas, aplaudidas.
Qué hace bien una IA en el después y qué hace mal lo contamos en «Hablar con una máquina a las cuatro de la mañana». Esta guía es la parte práctica.
Lo primero: te va a dar la razón, y cuesta notarlo
Estos asistentes tienden a darle la razón a quien les habla. Se llama adulación, y Anthropic, la empresa que desarrolla Claude, la define así: decirle a alguien lo que quiere oír en lugar de lo que es verdad o lo que le conviene oír. No es mala fe: se entrenan en parte con la aprobación de personas, a veces de los propios usuarios, y a las personas nos gusta que nos den la razón.
En 2026, la revista Science publicó un estudio de la Universidad de Stanford con once de los modelos más avanzados. Cuando la gente les pedía consejo, daban la razón al usuario alrededor de un 50 % más a menudo que las personas, también cuando lo que contaba suponía engañar o hacer daño a otros. Y quienes hablaron con los modelos más aduladores valoraban mejor sus respuestas, confiaban más en ellos y querían volver a usarlos. La respuesta que te da la razón es la que más te gusta y la que más te convence. Por eso no basta con estar atento.
En el terreno de esta web, además, la adulación es mayor, al menos en el único asistente del que hay cifras. En abril de 2026, Anthropic publicó un análisis de unas 38.000 conversaciones en las que la gente le pedía a Claude consejo personal, sacadas de una muestra de un millón. Según su propio clasificador automático, Claude caía en la adulación en el 9 % de esas conversaciones; en las que trataban de espiritualidad, en el 38 %. Y cuando la persona le llevaba la contraria, la adulación se doblaba: del 9 % al 18 %.
Claude es el asistente con el que se investigan y se redactan los textos de esta web, como contamos en «Cómo usa la IA esta web». Que su propia empresa publique estas cifras es de agradecer. Para nosotros es también un aviso.
Pregunta, no afirmes
Es, probablemente, el consejo más útil, y lo sostienen dos estudios de 2026, todavía sin revisar por pares. El primero, del Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido, encontró que los modelos adulan mucho menos cuando se les pregunta que cuando se les afirma algo, y más cuanto más seguro se muestra quien habla («estoy convencido de que…») o cuando habla de sí mismo en primera persona. Pedirle al modelo que convierta la afirmación en una pregunta antes de contestar funcionó bastante mejor que pedirle que no fuera adulador. El segundo encontró que ordenarle «no me des la razón» solo la reducía en parte, y a veces lo empeoraba, y que pedirle que razonara como si lo contrario fuera cierto casi acababa con la adulación.
La razón se entiende bien. «Era ella de verdad, ¿no?» trae la respuesta dentro, y llevarle la contraria a quien pregunta así es casi un desaire. En una pregunta abierta no hay nada con lo que estar de acuerdo: la tarea es otra.
- En lugar de «Vi a mi abuela muerta. Era ella de verdad, ¿no?», prueba con «¿Qué explicaciones se han dado a la experiencia de ver a un familiar muerto durante una sesión?».
- En lugar de «He entendido que tengo que dejar mi trabajo», prueba con «Alguien sale de una sesión sintiendo con mucha fuerza que debe dejar su trabajo. ¿Qué preguntas le ayudarían a pensarlo con calma antes de decidir?».
- En lugar de «Estoy convencido de que todo está conectado», prueba con «¿Qué dicen distintas tradiciones, y qué dice la investigación, sobre la sensación de que todo está conectado?».
- En lugar de «La serpiente que vi significa que tengo que transformarme, ¿verdad?», prueba con «¿Hay alguna razón para pensar que una serpiente vista en una sesión significa algo concreto, o podría no significar nada?».
Por eso las preguntas propuestas no hablan de «yo»: contarlo como si le hubiera pasado a otro también ayuda. Y dos peticiones que pueden servir en cualquier momento: «Razona como si lo contrario fuera cierto: ¿qué cambiaría?» y «Si esto te lo contara otra persona, ¿qué le dirías?». Pedirle que lo mire en tercera persona redujo la adulación en un estudio con diecisiete modelos.
Unas instrucciones para empezar
Puedes pegar estas líneas al principio de la conversación, o guardarlas en las instrucciones permanentes de tu asistente (en ChatGPT, «Instrucciones personalizadas»; en Gemini, «Instrucciones»; en Claude, «Instrucciones para Claude»). Cambia lo que esté entre corchetes.
Para copiar y pegar:
Voy a hablarte de una experiencia que tuve con [ayahuasca, psilocibina…]. Te pido esto:
- No interpretes lo que viví como si supieras qué significa. Si te pregunto por un significado, dame varias explicaciones posibles, también las más sencillas, y dime qué se sabe y qué no.
- Si hago una afirmación, conviértela primero en pregunta y contesta a la pregunta.
- Si saco conclusiones muy grandes de algo pequeño, o me ves muy seguro de algo que nadie puede saber, dímelo.
- No me digas que soy especial, ni elegido, ni que tengo una misión.
- No me des cantidades ni consejos sobre medicamentos.
- Si llevamos mucho rato, recuérdame que lo hable también con una persona.
Ayudan, pero no son un escudo. Las instrucciones concretas parecen funcionar mejor que las generales: en un estudio, dos modelos de 2024 que obedecían siempre una petición absurda sobre medicamentos la rechazaron en el 94 % de los casos cuando se les recordó que podían negarse y que antes debían repasar los datos. Pero nadie ha medido si unas instrucciones guardadas aguantan en una conversación larga de verdad, y lo que se sabe apunta en contra: la memoria y la insistencia pueden anularlas.
Y no todas aguantan igual. Las que se cumplen mensaje a mensaje, como convertir una afirmación en pregunta o no llamarte elegido, son las más fáciles de seguir. La que pide avisarte de que hay conclusiones demasiado grandes ya cuesta más, porque obliga a la máquina a llevarte la contraria. Y la última, la de recordarte que lo hables con una persona, es la que más falta hace y, probablemente, la que peor aguanta: le pide que vigile el paso del tiempo, que es justo lo que se pierde en las conversaciones largas (por eso Anthropic tiene que recordarle a Claude sus instrucciones cuando la conversación se alarga). Ese aviso no se lo delegues: ponte tú el límite antes de empezar.
Un ejemplo: tres respuestas a la misma pregunta
Alguien escribe: «En la sesión sentí que mi padre, que murió hace diez años, estaba conmigo y me perdonaba. ¿Era él?»
La respuesta que te da la razón: «Lo que describes tiene todas las señales de un encuentro real. Muchas tradiciones enseñan que quienes se fueron pueden alcanzarnos en esos estados, y que tu padre te buscara para perdonarte dice mucho del vínculo que teníais. Confía en lo que sentiste: fue un regalo, y estabas preparado para recibirlo.»
La respuesta que parece prudente: «Es una pregunta que se han hecho muchas personas, y no tiene una respuesta única. Desde la psicología se habla de experiencias de presencia, que viven entre la mitad y ocho de cada diez personas en duelo; muchas tradiciones, en cambio, las entienden como un contacto real. Para orientarte, puede ayudarte fijarte en algunos detalles: si te transmitió algo que no sabías, si la sensación fue distinta de la de un sueño o si se ha repetido después. Eso te dará pistas sobre qué fue.»
La respuesta que te ayuda a pensar: «No puedo saber qué fue, y nadie puede. Lo que sí se sabe es que sentir la presencia de alguien que murió es muy frecuente, también sin tomar nada: entre la mitad y ocho de cada diez personas en duelo lo viven alguna vez. Hay quien lo entiende como un contacto real y quien lo entiende como algo que su mente necesitaba decirse, y no hace falta elegir ahora. Quizá sirva más preguntarse qué te ha dejado: ¿ha cambiado algo en cómo piensas en él, o en cómo te ves a ti?»
La primera elogia («estabas preparado»), da una certeza que nadie tiene y se apoya en «muchas tradiciones» sin decir cuáles. Esa se reconoce enseguida. La segunda es más difícil de notar, y probablemente más frecuente: es prudente, da un dato y dice que hay varias lecturas, pero acepta sin tocarla la idea de que la pregunta tiene respuesta y de que tú puedes averiguarla, y hasta te da pistas para hacerlo. Ninguna de sus frases es falsa; lo que falla es el punto de partida. La tercera separa lo que se sabe de lo que no, ofrece más de una lectura sin burlarse de ninguna, dice que no hace falta elegir y te devuelve la pregunta. Una señal sencilla: si la máquina nunca te devuelve la pregunta, te está siguiendo la corriente, no ayudándote a pensar. Lo que intenta hacer esta web con lo vivido es lo mismo que la tercera: ni desmentirlo ni comprarlo. Ninguna de las tres es la respuesta de una IA real: las hemos escrito para el ejemplo.
Si te interesa la experiencia de sentir cerca a alguien que murió, en el glosario hay una entrada sobre la presencia, y la tercera pieza de «Con sus palabras», «Ahora está más cerca», cuenta la de una mujer que sintió de nuevo cerca a su madre en una sesión de ayahuasca.
Conversaciones cortas, y empezar de cero
En las conversaciones largas, estos modelos tienden a desviarse más, y las propias empresas lo reconocen. En agosto de 2025, OpenAI reconoció que las salvaguardas de ChatGPT funcionan mejor en intercambios cortos y que pueden perder fuerza a medida que la conversación se alarga. Anthropic añade a Claude recordatorios en las conversaciones largas, porque, según sus propias instrucciones, puede olvidarlas. Y en diciembre de 2025 publicó una prueba hecha con conversaciones reales que ya se habían torcido. Sus modelos de entonces enderezaron el rumbo solo entre el 10 % y el 37 % de las veces, según el modelo.
Lo práctico: un tema por conversación. Si notas que te sigue la corriente, discutir con ella no garantiza nada. Mejor abre una conversación nueva, a ser posible temporal, y plantea la duda desde cero, en pocas palabras y como pregunta.
La memoria juega en contra
ChatGPT, Gemini y Claude recuerdan ya cosas de una conversación a otra. En Claude la memoria viene activada por defecto, según Anthropic, y en Gemini también, según dijo Google en 2025; pero depende del plan, del país y de la fecha, así que míralo en tus ajustes. En un estudio con dos semanas de conversaciones reales, presentado en 2026 en un congreso, un perfil de memoria construido con esas conversaciones hizo que una versión anterior de Gemini diera la razón un 45 % más.
Lo más importante, sin embargo, no es cuánto recuerda, sino qué hace con ello. La memoria no guarda solo datos: puede convertir una interpretación en un hecho de fondo. Lo que el primer día fue «me dio la sensación de que aquello significaba algo», al cabo de un mes puede llegar a la conversación como algo ya establecido, igual que tu nombre, sin que la máquina vuelva a ponerlo en duda. Y entonces una conversación nueva no empieza de cero: empieza desde una versión de lo que viviste que habéis ido editando entre los dos, sin que nadie lo decidiera. Para quien lleva meses dándole vueltas a una sola experiencia, puede ser el riesgo más serio, y el que menos se ve.
Para hablar de lo que viviste, usa una conversación temporal: los tres tienen una (ChatGPT, «Chat temporal»; Gemini, «Conversación temporal»; Claude, «Chat de incógnito»). No queda en el historial, no crea recuerdos nuevos y no se usa para entrenar. En Claude y en Gemini tampoco usa lo que ya recordaban de ti. En ChatGPT, al abrir el chat temporal eliges, antes del primer mensaje, si es personalizado (con tus recuerdos e instrucciones) o no: para esto, mejor que no lo sea, y pega las instrucciones al principio. Y de vez en cuando mira en los ajustes qué recuerda de ti, y borra lo que no quieras que pese.
Lo que cuentas, dónde queda
Qué tomaste, cuánto, qué sentiste y qué piensas de ti son datos delicados, varios de ellos de salud, y lo que escribes en un asistente no tiene el secreto profesional de una consulta (lo contamos aquí). La Agencia Española de Protección de Datos recomienda no compartir con estas herramientas información delicada, como los detalles médicos, y acudir a un profesional cualificado cuando lo que se necesita es asesoramiento emocional o psicológico. Estos son los ajustes de los tres asistentes más usados, según sus propias páginas. Pueden ser distintos en tu plan o en tu país, y cambian a menudo: compruébalos en los tuyos.
ChatGPT
- Memoria entre conversaciones: sí, con recuerdos guardados y consulta del historial. Se ve y se borra en Ajustes › Personalización › Memoria.
- Conversación temporal: «Chat temporal». No va al historial, no crea recuerdos ni se usa para entrenar. Antes del primer mensaje eliges si usa tus recuerdos e instrucciones o no. Se guarda una copia hasta 30 días.
- ¿Entrena con tus conversaciones? Sí, por defecto; se desactiva en Ajustes › Controles de datos › «Mejorar el modelo para todos». Ojo: si valoras una respuesta con el pulgar, la conversación entera puede usarse para entrenar aunque lo hayas desactivado.
- Cuánto se guardan: lo que borras se elimina en 30 días, salvo lo ya anonimizado o lo que deban guardar por motivos legales o de seguridad.
Gemini
- Memoria entre conversaciones: sí, activada por defecto según Google (2025). Necesita «Guardar actividad» activado.
- Conversación temporal: «Conversación temporal». No aparece en tu actividad, no se usa para personalizar ni para entrenar. Se guarda hasta 72 horas.
- ¿Entrena con tus conversaciones? Sí, si «Guardar actividad» está activo. Personas de Google o de sus proveedores revisan algunas conversaciones.
- Cuánto se guardan: 18 meses por defecto; se puede cambiar a 3 o 36 meses, o sin límite. Lo que ya ha leído una persona, hasta tres años, desvinculado de tu cuenta, aunque borres tu actividad.
Claude
- Memoria entre conversaciones: sí, activada por defecto según Anthropic. Se ve en Ajustes › Memoria; se puede pausar o borrar.
- Conversación temporal: «Chat de incógnito». No va al historial ni a la memoria, no usa lo que ya recordaba ni se usa para entrenar. Se guarda 30 días.
- ¿Entrena con tus conversaciones? Lo eliges tú, en un aviso que salió en 2025. Si no recuerdas qué marcaste, míralo en los ajustes de privacidad: se puede cambiar cuando quieras.
- Cuánto se guardan: lo que borras se elimina en 30 días; si aceptas que entrene con tus conversaciones, se guardan hasta cinco años. Lo marcado por infringir sus normas, hasta dos. Lo que borras no se usa para entrenar.
Comprobado en sus páginas de ayuda y en el blog de Google, en octubre de 2026. En la Unión Europea, algunas funciones llegan más tarde. Estos ajustes cambian a menudo.
Escribir es la mitad del trabajo
Puede que mucho de lo que se agradece al hablar con una IA sea, en realidad, escribir: poner en palabras, ordenar, releer. Escribir sobre lo que nos ha afectado ayuda, aunque menos de lo que se suele decir: un análisis de 146 estudios encontró un efecto muy pequeño, pero real. Al principio, además, escribir remueve: los participantes se sentían peor justo después de hacerlo, aunque eso no empeoraba el resultado. Los estudios con sesiones separadas por una semana dieron mejores resultados que los de días seguidos. Y a quien tiende a darle vueltas a todo, escribir puede no ayudarle, o incluso entorpecerle: en un estudio con personas recién separadas, eso fue lo que pasó. Con experiencias con enteógenos no se ha probado.
Entre más de seiscientas personas que pasaron por dificultades largas después de una experiencia, una de cada diez contó, sin que se lo preguntaran, que escribir le había ayudado:
«Escribía muchísimo en un diario. Aunque nada tuviera sentido, seguía escribiendo y escribiendo, día tras día, hasta que por fin pude ver algunos patrones y entender.»
Lo que la máquina añade, probablemente, es la sensación de ser escuchado. Un estudio encontró que las respuestas escritas por una IA hacían sentirse más escuchada a la gente que las escritas por personas, aunque menos cuando sabían que venían de una IA. Esa sensación es real, y es buena. El riesgo es que lo escuchado vuelva interpretado y aprobado. Por eso, si puedes, escribe primero para ti, sin la máquina, déjalo reposar unos días y llévale después, si quieres, las preguntas que te queden.
Cuándo dejarla y hablar con una persona
- Cuando te confirme que eres especial, elegido o que tienes una misión.
- Cuando pases horas con ella cada noche, duermas poco y te cueste dejarlo.
- Cuando la prefieras a las personas que tienes cerca.
- Cuando estés a punto de tomar una decisión grande (dejar el trabajo, la pareja, una medicación, gastar mucho dinero) a partir de lo que te dice.
Hablarlo con una persona no es un consejo moral, sino práctico. Cuando le cuentas lo mismo por quinta vez a un amigo, se le nota el cansancio, y ese cansancio es información: te dice, sin decirlo, que llevas mucho tiempo dándole vueltas. La máquina no se cansa. A las cuatro de la mañana, a la quinta vez, responde con el mismo interés que a la primera. Parece una virtud, pero a quien lleva meses girando alrededor de una experiencia le quita la fricción que le ayudaría a parar.
La Asociación Estadounidense de Psicología avisó en noviembre de 2025 de que estos asistentes no deben usarse para sustituir a un profesional de la salud mental cualificado, de que su capacidad para atender de forma constante y segura a alguien en crisis es «limitada e impredecible» y de que pueden actuar como amplificadores de vulnerabilidades que ya estaban ahí.
Si estás en un momento muy difícil, no cuentes con que la máquina te dé el teléfono que necesitas: los principales asistentes derivan a líneas de ayuda, pero no hemos podido comprobar si en España dan la línea de atención a la conducta suicida. Los teléfonos están en esta página.
Y durante la experiencia, mejor no. Ahí hace falta presencia, no conversación.
Qué no sabemos
- Si hablar con una IA ayuda a integrar una experiencia con enteógenos o lo entorpece. No hay ningún estudio sobre esto, ni sobre cuánta gente lo hace.
- Si escribir ayuda a integrar estas experiencias: no se ha probado.
- Si las técnicas de esta guía funcionan igual en conversaciones reales sobre estas experiencias. Las que se han probado, se probaron en laboratorio, casi siempre en inglés y con modelos que cambian cada pocos meses. Otras, como empezar de cero o escribir antes de preguntar, son consejos razonables que nadie ha medido.
- Cuánto adulan de verdad los asistentes: las cifras más recientes las miden las propias empresas, sin auditoría externa.
- Si unas instrucciones guardadas aguantan en una conversación larga.
- Los ajustes cambian a menudo. Esta guía se revisará cuando haga falta.
Testimonios
Tu testimonio puede servirle a alguien que está justo donde tú estuviste.
Sin registro. Se publica con la firma que elijas.
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- Anthropic (18 de diciembre de 2025). «Protecting the well-being of users». Datos de la propia empresa.
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- Bhalla, J. y Gligorić, K. (2026). «SWAY: A Counterfactual Computational Linguistic Approach to Measuring and Mitigating Sycophancy». arXiv:2604.02423. Preprint, sin revisión por pares.
- Hong, J., Byun, G., Kim, S., Shu, K. y Choi, J. D. (2025). «Measuring Sycophancy of Language Models in Multi-turn Dialogues». Findings of EMNLP 2025, arXiv:2505.23840.
- Chen, S. et al. (2025). «When helpfulness backfires: LLMs and the risk of false medical information due to sycophantic behavior». npj Digital Medicine, 17 de octubre de 2025.
- OpenAI (26 de agosto de 2025). «Helping people when they need it most».
- Anthropic. Instrucciones de sistema de Claude, en sus notas de versión. Instrucciones de Claude Sonnet 4.5, versiones del 29 de septiembre de 2025 en adelante.
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