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title: "¿Tenía razón Escohotado?"
description: "Qué vio antes que casi nadie Antonio Escohotado, qué le discuten hoy los historiadores y qué dijo de la experiencia, con la fuente de cada dato."
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date: "2026-10-31T01:31:33+00:00"
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[ Análisis ](https://ponundios.com/analisis)

#  ¿Tenía razón Escohotado?

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 Lo sabido ·

######  Pon un Dios

######  · Revisado el 9 de octubre de 2026

![](https://ponundios.com/images/antonio-escohotado.jpg)

*Antonio Escohotado es la gran referencia en castellano sobre la historia de estas sustancias. Se le cita mucho, a veces con frases que no escribió, y se le ha discutido poco. Aquí le aplicamos su propio método.*

En 1989 salieron en Alianza los tres tomos de la *Historia de las drogas*, que en las ediciones siguientes pasó a llamarse *[Historia general de las drogas](https://ponundios.com/consulta/lecturas#l-historia-general-de-las-drogas)*. Su autor, [Antonio Escohotado](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-antonio-escohotado), profesor de la UNED, había escrito buena parte en una cárcel. Más de treinta y cinco años después sigue siendo la obra de referencia en castellano, y su nombre aparece en casi cualquier conversación sobre la prohibición, sobre los enteógenos o sobre el derecho de cada uno a alterar su propia conciencia.

En nuestro análisis *[¿Tomó Jesús algún enteógeno?](https://ponundios.com/analisis/tomo-jesus-algun-enteogeno)* hicimos nuestra una cosa que él pedía: «un claro deslinde entre lo imaginado y lo documentado en cada caso». Este texto le aplica ese mismo deslinde a él. Qué vio antes que casi nadie, con las fuentes que hoy lo confirman. Qué le discuten los historiadores. Qué se repite de él sin pruebas. Y lo que dijo sobre la experiencia, que es lo que más importa en esta web. No es una estatua ni un derribo.

Hemos leído entera la *Historia general*, en la edición de un solo tomo que incluye un apéndice sobre los efectos de cada sustancia, y también sus memorias de Ibiza, el diario que se publicó después de su muerte, su artículo de 1986 en una revista de sociología, una conferencia de 1997 y lo que escriben hoy los historiadores del control de estupefacientes. Las frases entre comillas están copiadas tal cual de esas fuentes.

### Quién era

Su vida importa aquí por tres razones: explica cómo se escribió el libro, y de paso algunos de sus errores; desmiente varias cosas que se repiten de él; y es la de alguien que habló de estas sustancias desde la experiencia propia, durante más de medio siglo.

Nació en Madrid el 5 de julio de 1941 y, según la agencia EFE, vivió en Brasil de los cuatro a los catorce años. Se doctoró con una tesis sobre Hegel y en 1972 publicó *La conciencia infeliz*, un ensayo sobre su filosofía de la religión. Antes de enseñar sociología había enseñado, como él mismo escribió, «metafísica y derecho». A finales de 1970 se instaló en Ibiza para vivir de traducir: en trece años, cuenta, tradujo «unos cuarenta libros», entre ellos obras de Hobbes, Newton y Jefferson. Más tarde tradujo varios libros del psiquiatra Thomas Szasz, de quien tomaría la palabra con que resumió su tesis: «farmacracia».

Empezó a experimentar en 1964, cuando terminaba la carrera. Alguien le consiguió LSD, entonces legal, y lo probó «con una mezcla de miedo y viva curiosidad». «Me decidí entonces a tratar de conocer por ese medio», escribió años después, «usando la modificación química de la conciencia como una ventana a lo interno y lo externo».

En 1976, con el dinero que le había dejado su madre y un amigo de la escuela como socio, abrió en una casa de campo alquilada la discoteca Amnesia. Fue, dice, «director y primer accionista», pero «unos meses como empresario sobraron para entender que no era compatible con seguir estudiando». Según recoge *elDiario.es*, lo resumió así: «Abrimos en junio y creo que para marzo ya lo había vendido». Cofundador, por tanto, y por poco tiempo.

**La detención.** Pocas semanas después de defender la legalización en *La Clave*, el programa de debate de Televisión Española, lo detuvieron en Ibiza, el 3 de febrero de 1983. Según su propio relato, un viejo amigo se presentó en su casa con dos compradores de cocaína, y él, tras intentar desentenderse, aceptó estar presente en la venta como garante. Los compradores eran un inspector de policía y un confidente, y el dinero, «fondos reservados». En el prólogo de la *Historia general* se cuenta entre los «tres usuarios interpuestos» entre vendedores y compradores: «uno de ellos yo mismo». Pasó noventa y tres días en prisión preventiva, en el castillo de Dalt Vila. Según recordaba él, un periódico tituló entonces: «El catedrático de Ética es un traficante de droga dura». No era catedrático, y nunca lo fue: a una cátedra se presentó una sola vez, en 2006, y obtuvo, cuenta, «siete ceros de otros tantos juzgadores».

**El juicio.** Llegó cinco años después. En 1988, la Audiencia de Palma lo condenó a «dos años y un día» de prisión, según él, o a dos años y una multa, según EFE. El día de más, explica, servía «para asegurar al menos un año de cumplimiento», porque con dos años justos y sin antecedentes la pena podía quedarse en un aviso. Según cuenta, la condena fue por un delito «en grado de tentativa imposible», porque quienes vendían y quienes compraban eran policías o «peones suyos». La condena fue por narcotráfico, en lo que él describió como una operación montada por la policía, y no por sus ideas, como a veces se lee. Por sus ideas sí lo persiguieron una vez, años después y en Argentina: en 1996, tras dar su opinión sobre estas sustancias en un programa de televisión, el fiscal general pidió procesarlo por «apología del crimen» y un juez dictó una «orden de busca y captura». Según contó él, la causa acabó sobreseída. De la trampa de 1983, sospechó que tenía que ver con su paso por televisión, aunque en sus memorias admite que no estaba «para nada seguro». En un dato su relato no coincide: en el prólogo de 1998 el fiscal pedía seis años, y en lo que escribió en 2017 y 2019, «ocho años». No hemos podido leer la sentencia.

**La cárcel.** No recurrió: «preferí cumplir la condena sin demora». Según cuenta, entró en el penal de Cuenca en 1988, y pidió una celda de aislamiento y un ordenador. Allí tuvo, escribe, «interruptor de luz dentro de la celda, un arcaico PC y aislamiento». Salió «un martes a principios de enero», sin año en el texto. Como cuenta que el Muro de Berlín había caído pocas semanas antes y que al salir dos tomos del libro «estaban ya en la calle, vendiéndose como rosquillas, y el tercero acababa de imprimirse», lo más probable es que fuera en enero de 1990. Él habla siempre de un año, y un capítulo de sus memorias se titula «El año a la sombra»; para que las cuentas salgan, tuvo que entrar a finales de 1988. Ninguna de las dos fechas está documentada. Según su testimonio, pasó en prisión unos tres meses en 1983 y alrededor de un año en Cuenca, no los «dos años» que a veces se repiten.

**Cuánto escribió allí.** En 1998 contó que en la cárcel «se redactaron cuatro quintas partes de esta obra», a partir de «no pocos kilos de fichas y notas, recogidas durante largos años». En 2019 escribió que el año de Cuenca «sobró para terminar el mamotreto», con unas prisas que, reconoce, afearon «los últimos capítulos». En lo que hemos leído no dice que la escribiera entera en la cárcel, como se repite.

**Los últimos años.** Fue profesor de la UNED, donde llegó a titular de Sociología, hasta que se jubiló en 2013. Ser «el de las drogas» le cansaba («un sambenito quizá poco ecuánime, del que estoy harto, aunque la culpa sea mía»), y dedicó casi veinte años a los tres tomos de *Los enemigos del comercio* (2008, 2013 y 2016), que en su diario llamaba su «pesquisa sobre la conciencia comunista». En ese diario se había definido en 2002 como «liberal hasta la médula», y en 2019 el Instituto Juan de Mariana le dio su premio «a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad».

**El diario.** Su último libro se publicó después de su muerte, como él había pedido: *Confesiones de un opiófilo* (2023), un diario de 1992 a 2020. En él cuenta, con la misma franqueza con que habló siempre de su experiencia, que desde 2000 tomaba heroína a diario y que lo vivía como un experimento. Lo llamó «pacto fáustico», y no escondió el precio: «En mi variante de pacto fáustico el pago es hacerse insensible —tolerar la tolerancia—, y contra eso toca lidiar todos los días» (2015). En 2018, unos análisis le confirmaron que lo que compraba venía muy adulterado.

Murió en Ibiza el 21 de noviembre de 2021, a los ochenta años.

### Lo que se le atribuye

Algunas frases y datos circulan con su nombre sin ser suyos, o no exactamente.

- **La palabra «enteógeno».** No la inventó él. La propusieron en 1979 Carl Ruck, Jeremy Bigwood, Danny Staples, Jonathan Ott y R. Gordon Wasson. Escohotado la usa en la *Historia general* con un sentido más amplio que el de esta web: «El vino y el tabaco han sido y son tan “enteogénicos” desde un punto de vista histórico-cultural como el ololiuhqui o el yagé». Y tampoco le convencía del todo: revisando en 1982 un texto suyo, cuenta, «el tufillo clerical derivado de llamarlas enteógenos» le hizo buscar otro enfoque. Por qué la usamos nosotros, sabiendo de dónde viene, lo contamos en [*Por qué decimos «enteógeno»*](https://ponundios.com/analisis/por-que-decimos-enteogeno).
- **«No hay drogas buenas ni malas».** No la hemos encontrado así en nada suyo. Lo más parecido está en la *Historia general*, donde la presenta como la lección de la Antigüedad pagana: «no hay drogas mejores y peores, sino maneras juiciosas y maneras insensatas de consumirlas».
- **El medio millón de brujas quemadas.** A veces se le atribuye esa cifra. En la *Historia general* aparece como cálculo del historiador C. H. Lea, y él mismo la corrige: «estudios posteriores reducen esa cifra a unas 60.000 ejecuciones».
- **«De panacea a pócima infernal».** Esta sí es suya, pero no está en la *Historia general*: la dijo en 2019, en una entrevista con el periodista Ramón Lobo, y dice así: «no ha habido un sólo caso de sustancia psicoactiva que no haya pasado de panacea a pócima infernal, o simple desvergüenza punible». En nuestro análisis *[Prohibido no es peligroso](https://ponundios.com/analisis/prohibido-no-es-peligroso)* la citábamos recortada. Ya está completa.

### El libro

Cuando lo empezó, escribe en la introducción, faltaba «cosa semejante a una historia cultural o general de las drogas». Una de las primeras reseñas académicas, de 1989, en una revista catalana de etnografía, coincidía: la obra venía «a omplir un buit», a llenar un vacío.

El libro cambió mucho con los años. La edición de 1992 incorporó «una revisión muy meticulosa de todo el texto» de Jonathan Ott, uno de los que habían propuesto la palabra «enteógeno», y Escohotado admitió que «los peores defectos sustantivos derivaban de mis insuficiencias en botánica y química». En 1998 salió en un solo tomo, «la edición definitiva», con un apéndice sobre los efectos de cada sustancia, «Fenomenología de las drogas». Según la nota del editor de su diario póstumo, lleva quince ediciones. No hemos encontrado una traducción completa: la versión inglesa de 1999, *A Brief History of Drugs*, traduce una versión breve que publicó en 1996, la *Historia elemental de las drogas*, y en francés solo se publicó el primer tomo, en 2004.

**La idea de partida.** Toda la obra descansa en una palabra griega, *phármakon*, «que indica remedio y veneno. No una cosa u otra, sino las dos inseparablemente». De ahí sale lo demás: «La frontera entre el perjuicio y el beneficio no existe en la droga, sino en su uso por parte del viviente». Y de ahí su forma de ordenarlas, no por su química, sino por lo que buscan quienes las toman: las que dan «alguna medida de paz», las que dan «alguna medida de energía» y las que dan «alguna medida de excursión psíquica». A estas últimas, en el apéndice, las llama «fármacos visionarios».

**El método.** En la introducción pide «una crítica que deslinde experiencia y prejuicio, dato cierto y suposición». Al final del libro reconoce: «No me siento imparcial, aunque he tratado de ser objetivo». Las dos frases son la mejor forma de leerlo.

### La tesis

Dicho en pocas palabras: la prohibición no nació de la farmacología, y es ella la que decide qué es peligroso. «Drogas peligrosas son las drogas prohibidas», escribe. «Es la prohibición aquello que determina la naturaleza farmacológica de algo, en vez de ser esa naturaleza lo que determina su prohibición.»

Según él, el control internacional arrancó a principios del siglo XX como una «cruzada»: «la nueva actividad nace de una cruzada religiosa, crece gracias a ella y se sostiene nominalmente con argumentos suyos». La empujaron misioneros protestantes estadounidenses, con Charles Brent, obispo en Filipinas, a la cabeza. Se les sumaron los médicos y los farmacéuticos, que a cambio obtuvieron «un sistema de rigurosa exclusiva» sobre la cocaína y los opiáceos; el miedo a las minorías a las que se asociaba cada sustancia, los chinos con el opio, los negros con la cocaína, los mexicanos con la marihuana; y unos Estados Unidos que la exportaron como misión civilizadora. Lo resumió con ironía: «Grecia exportó filosofía, Roma derecho; los Estados Unidos exportarán salud».

Para él, lo que vino después confirma la tesis. Prohibir no hizo desaparecer nada: «la historia enseña que ninguna droga desapareció o dejó de consumirse debido a su prohibición». Lo que hizo fue crear un mercado negro, adulterar lo que se vende y empujar hacia sucedáneos más peligrosos. Del crack y de las llamadas «drogas de diseño» de los años ochenta escribió: «Nacieron de la prohibición, y existen gracias a ella casi exclusivamente». Y, a propósito de la MDMA, escribió que si se investigara y los resultados fueran buenos, las autoridades tendrían que admitir lo mismo que, según él, había admitido la DEA estadounidense: «no se prohíbe una droga porque sea nociva, sino porque muchos parecen estar deseando tomarla».

Al sistema que resulta lo llamó «farmacracia», con la palabra de Szasz: las brigadas de estupefacientes, el tráfico ilegal y los expertos en tratar a quienes consumen, que se sostienen unos a otros. «La farmacracia propiamente dicha sólo se constituye cuando a los represores y a las organizaciones de tráfico ilícito se añade este tercer sector», el de los terapeutas. Conviene leerlo con cuidado: él mismo pedía que terapeutas y científicos tuvieran acceso a todas estas sustancias, así que su crítica va contra un sistema, no contra quien trata. Pero tal como está, mete en el mismo saco a quien persigue, a quien trafica y a quien trata una dependencia, y tratarla es un trabajo necesario que esta web no pone en duda.

**Lo tenía antes del libro.** En 1986, tres años antes de la primera edición, lo publicó en una revista científica, la *Revista Española de Investigaciones Sociológicas*, en un artículo titulado «La creación del problema (1900-1929)». Su resumen habla ya de «una cruzada de moral puritana», y el texto señala a los chivos expiatorios: «Tratándose del opio, los culpables son los chinos de San Francisco y Nueva York», y «Años más tarde, el chivo expiatorio serán los mexicanos».

### Lo que vio bien

Lo que se ha investigado después le da la razón en el arranque.

**La chispa fue religiosa.** Un estudio de 2013 sobre Filipinas confirma que fueron misioneros protestantes estadounidenses, indignados porque el gobierno colonial quería volver a arrendar la venta de opio, los que «revived a faltering global anti-opium movement»: reanimaron un movimiento internacional contra el opio que languidecía, y de ahí salieron los primeros acuerdos internacionales. El historiador David Courtwright lo confirma: «Protestant clergy and missionaries», el clero y los misioneros protestantes, atacaron el comercio de opio entre la India y China y el monopolio del opio en Filipinas. La carta en que el obispo Brent se lo planteó al presidente Theodore Roosevelt, en 1906, está entre los documentos diplomáticos que publica el Departamento de Estado.

**La lista es política.** David Musto, el gran historiador del control de estupefacientes en Estados Unidos, escribió que la preocupación de su país por los narcóticos era «more than a medical or legal problem—it is in the fullest sense a political problem»: más que un problema médico o legal, un problema político en el sentido más pleno. Courtwright explica por qué se prohibieron unas sustancias y otras no: «the more marginal and subculturally identified a drug was, the easier it was to prohibit», cuanto más marginal y más asociada a una subcultura, más fácil de prohibir. Las industrias del alcohol y del tabaco, en cambio, eran, como los bancos de inversión cuando él lo escribía, «too big to fail», demasiado grandes para caer.

**Los primeros tratados regulaban.** Escohotado distinguía los primeros acuerdos de lo que vino después. De la Convención de La Haya (1912), que limitaba el opio, la morfina y la cocaína a «usos médicos y legítimos», escribió que «las estipulaciones eran sensatas», y la de Ginebra (1925) le parecía de «tímidos compromisos» para el gusto de Estados Unidos, que se retiró de la conferencia. Es lo que dicen hoy los historiadores. Del tratado de 1925 escribe John Collins: «Far from an absolute prohibition, it dealt only with international trade», lejos de una prohibición absoluta, solo trataba del comercio internacional. Y los monopolios coloniales del opio en el sudeste asiático, resume Virginia Berridge a partir del libro de Diana Kim, eran «not prohibition as we usually think of it», no una prohibición tal como solemos entenderla.

**La ley Harrison era fiscal.** En 1986 escribió que «la originalidad de la ley Harrison», la de 1914 con que Estados Unidos controló el opio y la cocaína, «fue presentarse como una norma exclusivamente fiscal y no como una ley penal sustantiva». El propio Tribunal Supremo de Estados Unidos la había llamado en 1925, en una sentencia que él recoge, «essentially a revenue measure», en esencia una medida recaudatoria, y lo hizo para limitar su uso contra los médicos.

**El mercado negro.** Lo que él escribió en 1989 lo reconoció en 2008 la propia Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en un informe que por lo demás defiende el sistema de control: la primera y más importante de sus consecuencias no deseadas es «the creation of a lucrative and violent black market», un mercado negro lucrativo y violento.

**El Convenio de 1971.** Escribió que lo esencial del [Convenio de 1971](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-convenio-de-1971) era «poner fuera de la ley en términos absolutos cualquier fármaco relacionado con “expansión de la conciencia”, fuesen cuales fuesen sus efectos primarios y secundarios, su toxicidad o su naturaleza química», cuando esas sustancias «eran científicamente prometedoras, no sólo a nivel terapéutico inmediato sino para conocer mejor el sistema nervioso humano». Un estudio de 2026 sobre los archivos de Naciones Unidas, pagado por la fundación sueca Norrsken Mind, le da la razón en lo primero: se las puso en la lista más estricta «despite limited scientific evidence of public health dangers», con pocas pruebas de que fueran un peligro para la salud pública. Pero matiza lo segundo: el tratado dejó abierta la investigación, en buena parte por empeño de Estados Unidos, y la terapia con psicodélicos había empezado a perder terreno en los años sesenta. Él mismo sabía que el artículo 7 permitía la investigación, aunque sus condiciones le parecían «prácticamente incumplibles».

### Lo que se le discute

Donde los historiadores no le siguen es en el alcance.

**No fue solo cosa de clérigos.** En el cuerpo del libro, Escohotado avisa de que «es una tentación para los historiadores atribuir a un factor u otro la génesis del prohibicionismo», y reparte el origen entre varios: el resurgir religioso, las tensiones sociales y étnicas, los médicos, el fin del Estado mínimo y el conflicto del opio entre China e Inglaterra. En el epílogo, en cambio, lo resume en exceso: «En sus orígenes concretos, la iniciativa prohibicionista constituye un asunto de clérigos exclusivamente», aunque enseguida añade a los médicos, el comercio y las colonias.

Los historiadores le dan la razón en quién encendió la mecha, pero dan menos peso a la religión en lo que vino después. Courtwright señala que, aunque la motivación de aquellos reformadores fuera religiosa, «their tactics were often secular and innovative», sus tácticas fueron a menudo laicas e innovadoras, y que con los años dominaron el debate la salud pública, el coste social y la seguridad nacional. Collins habla de «commercial expansionist, diplomatic, and moralist forces»: fuerzas comerciales, diplomáticas y morales. El historiador William McAllister señala que el sistema lo dominaron pronto intereses muy diversos, de la industria farmacéutica a los ingresos de los monopolios coloniales del opio, pasando por las «religious sensibilities». Y el propio Brent, el gran cruzado, pedía en su carta «an investigation on the basis of science»: una investigación científica.

**Ni todo vino de Estados Unidos.** Fue el gran motor, y los tratados, según Berridge, fueron «driven by the US», impulsados por Estados Unidos. Pero no siempre. En México, la prohibición de la marihuana fue, según el historiador Isaac Campos, «home grown», de cosecha propia, y «the influence mostly flowed northward»: la influencia fue sobre todo de sur a norte. En el cannabis, Escohotado acierta al contar que Estados Unidos se quedó fuera de la convención de 1925, pero atribuye la propuesta de incluirlo a la delegación británica. Según Collins, se incluyó «at the behest of Egypt», a petición de Egipto.

**Desaparecer no es lo mismo que reducirse.** Que ninguna sustancia haya desaparecido por prohibirla no demuestra que prohibir no cambie cuánto se consume. Con la Ley Seca, la comparación que él usaba, dos economistas estimaron que el consumo de alcohol en Estados Unidos cayó al principio a alrededor del 30 % de lo que era antes, y que luego subió hasta el 60 o el 70 %, sin volver al nivel anterior mientras duró. Se bebió menos, y a la vez creció el mercado negro que él describía.

**Los errores de detalle.** En un libro de más de mil quinientas páginas, con miles de fechas, nombres y cifras, algunos son casi inevitables. Él lo sabía: reconoció que el libro «arrastraba desde el comienzo innumerables imprecisiones», porque empezó a publicarse mientras lo terminaba en la cárcel, y dio por corregida la edición de 1998: «Sólo ahora ha sido devuelto al grado de precisión exigible a un trabajo científico», escribió. En esa edición, que es la que hemos leído, hemos comprobado en fuentes primarias o académicas que siguen al menos estos:

- Fecha en 1638 el edicto de la Inquisición de México contra el peyote, y lo cita en una versión retraducida del inglés. El original, en castellano, es del 19 de junio de 1620.
- Atribuye a Bonaparte la orden francesa de 1800 contra el hachís en Egipto. La dio el general Menou; Bonaparte se había marchado de Egipto el año anterior.
- Atribuye a Louis Lewin, en 1888, el descubrimiento de que la mescalina era el principio activo del peyote. La aisló y la probó en sí mismo Arthur Heffter, en 1896 y 1897.
- En un capítulo escribe que la heroína no entró en el control internacional hasta 1925. Ya la incluía la Convención de La Haya de 1912.
- Sitúa en 1917 el comité Rolleston, el que estudió en Gran Bretaña la adicción a la morfina y a la heroína. Se formó en 1924 y presentó su informe en 1926.
- Dice que el informe La Guardia sobre la marihuana en Nueva York «sólo viese la luz en 1969», cuando alguien lo encontró en un archivo. Se publicó en 1944.
- Escribe que «Un hijo de Friedman murió por “sobredosis” de heroína». A Milton Friedman le sobrevivieron sus dos hijos.
- Presenta a España como «Primer país del mundo (con Chipre) en ratificar la Convención de 1988». La primera fue Bahamas, en enero de 1989; Chipre ratificó en mayo de 1990, y España, en agosto de 1990.
- En el apéndice llama *set* al ambiente y *setting* a la preparación. Es al revés: el *[set](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-set-y-setting)* es la disposición de quien toma la sustancia, y el *setting*, el entorno.

Ninguno de estos errores, por sí solo, tumba su tesis. Pero hay uno que sí la toca. Para demostrar que la prohibición del opio en China disparó el contrabando, compara dos épocas: con la importación prohibida pero el cultivo local permitido (1729-1793), el contrabando pasa de 200 cajas a 4.000; con todo prohibido (1793-1842), de unas 5.000 a más de 40.000. De ahí deduce que «la tasa de incremento en la entrada de opio se cuadruplica», y habla de «un incremento del ocho mil por cien en medio siglo». Con sus propias cifras, pasar de 5.000 a 40.000 es un aumento del 700 %, no del 8.000 %, y el crecimiento medio anual sale parecido en las dos épocas, en torno al 5 %. Puede que la prohibición estimulara el contrabando, pero estas cuentas no lo demuestran.

**Cuando la tesis va por delante.** A veces da por hecho lo que no está probado. Del fresco de la capilla francesa de Plaincourault escribe, en una nota, que su árbol «es claramente una enorme amanita muscaria». Conocía la objeción del historiador del arte Erwin Panofsky, que el propio Wasson aceptó, y la descartaba apoyándose en otro autor. Los historiadores del arte lo siguen viendo como un árbol estilizado, como contamos en *¿Tomó Jesús algún enteógeno?*. Y cuando faltan pruebas de un uso antiguo de estas sustancias, tiende a explicarlo por la censura: lo que nos ha llegado de la Antigüedad no puede deberse al simple paso del tiempo, escribe, «como si esta materia en particular no hubiese sido filtrada por cuidadosos censores». Puede que en parte sea así, pero un argumento que convierte la falta de pruebas en una prueba no se puede comprobar.

**Pocas reseñas.** Para ser la gran referencia en castellano, hemos encontrado pocas reseñas suyas en revistas académicas. La de 1989 es favorable, aunque ya recoge que se le reprochaba manejar conceptos «difícilment objectivables», difíciles de objetivar. El etnobotánico Richard Evans Schultes la reseñó en el *Journal of Ethnopharmacology*; su editorial cita de esa reseña una frase elogiosa, pero no hemos podido leerla entera. Y una reseña de 2023 en *Asclepio*, la revista de historia de la medicina del CSIC, la incluye entre las historias generales de estas sustancias como «erudita y exhaustiva, en ocasiones algo irregular», por detrás de «la más interesante y compendiosa» del estadounidense Courtwright, de 2001. En sus memorias, Escohotado escribía que no había encontrado «historiadores, médicos o sociólogos dispuestos a asumir la refutación de sus datos y tesis». No hemos encontrado ninguna refutación de conjunto. Pero, con tan pocas reseñas, eso no demuestra que el libro sea irrefutable, ni lo contrario: demuestra que se le ha discutido poco. Lo que se ha investigado después confirma unas partes de su relato y corrige otras.

### Lo que dijo de la experiencia

Para esta web, lo más valioso de Escohotado está en el apéndice, donde habla de la experiencia en primera persona.

**Por qué experimentaba.** Era filósofo, y lo explicaba como filósofo: el tema de la filosofía es «la relación entre ser y pensamiento», y estas sustancias le servían para pensarla. Con el paso de las décadas, escribió, se le hizo manifiesto que «la diferencia entre toxicómanos y toxicólogos, ignorantes maníacos y personas razonables, dependía de asumir la libertad y la belleza como desafíos éticos».

**Lo que se recuerda.** Su criterio para separar unas sustancias de otras no es químico. Es la memoria: «Lo que distingue nuclearmente fármacos visionarios de fármacos alucinógenos es la memoria». Con las primeras, «la conciencia crece, admitiendo lo inaudito»; con las otras, como la datura, «se ve reducida, hasta el extremo de actuar sobre la base de una credulidad ciega». Se parece a la distinción que hace la psiquiatría entre la [alucinación](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-alucinacion), que quien la tiene confunde con el mundo que le rodea, y la [pseudoalucinación](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-pseudoalucinacion), que no se confunde con él. De su propia experiencia con la datura, que no recordaba, confiesa algo poco habitual: «A veces he dicho a otros que volé —siendo de plomo—, aunque sinceramente creo que se trata de una elaboración ulterior». De ahí su regla: «Carece de valor alguno, a mi juicio, una experiencia que no puede ser analizada y vuelta a analizar por el entendimiento».

**Lo que queda.** Pensaba que una sola experiencia «es capaz de persistir indefinidamente como troquel de la vida psíquica, aunque puede permanecer almacenada en pliegues poco accesibles para la vigilia cotidiana». Y que lo que pone en cuestión no es tal o cual idea: «lo que queda finalmente en entredicho es una u otra forma de hipocresía, empezando por la autoimportancia». De sus viajes más duros escribe que «sólo en experiencias ulteriores, de maravillosa plenitud, comprendí que con el recorrido por lo temible había pagado de alguna manera mis deudas». Es parecido a lo que hoy se llama [integración](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-integracion): volver sobre lo vivido y darle un sitio.

**La preparación.** Lo que hoy se llama *set* y *setting* él lo llamaba «el ambiente y la preparación» (aunque, como hemos visto, cruzaba los términos ingleses). Lo primero era el interés: «ningún indicio mejor que el interés espontáneo del sujeto, cuando posee datos fiables sobre farmacología y reacciones». Después, la compañía: «Los usos sensatos pasan, pues, por no ser usos solitarios en las primeras administraciones», y conviene tener cerca a «alguien digno de confianza, tanto por sus cualidades personales como por conocimientos específicos en este terreno». Recomendaba elegir con cuidado el lugar y la hora, y pensar antes en la experiencia, porque, escribe, «ese “darle vueltas” no sólo defiende de imprevistos evitables, sino que fortalece y matiza la intención». Avisaba: «Quien realmente no desee saltar al vacío debería abstenerse de usar psiquedélicos poderosos». En una conferencia de 1997 añadió una norma de trato: «no tomar nunca una sustancia con otra persona sin estar dispuesto a atenderle a fondo. Tomarla siempre pensando en lo que nos pueda ayudar en nuestro conocimiento».

**Los riesgos.** No los negaba. Escribió que «el “mal viaje” no está descartado», que el ambiente y la preparación son «aspectos de gran importancia, aunque no decisivos», y que ciertas personalidades «tienden a asimilar mal» la experiencia. En la *Historia general* advertía de que, con estas sustancias, «las equivocaciones graves se pagan con imbecilización, envenenamiento y recortes de la propia libertad». Pensaba, eso sí, que con la preparación adecuada y en quien siente un interés genuino, el mal viaje sería «tan sólo un viaje difícil, posiblemente más enriquecedor aún para quien persigue la excursión psíquica que una experiencia sin sobresaltos». Esta web usa la misma palabra, [viaje difícil](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-viaje-dificil), pero no da por hecho que siempre enriquezca.

Sobre si la LSD puede hacer perder el juicio a quien antes no lo había perdido, escribió: «No he conocido ningún caso semejante, y creo haber tenido experiencias con un número próximo al millar de personas. He visto mucho sufrir, y mucho andar perdido, empezando por mí mismo, pero no a alguien que perdiese el juicio duraderamente». Y en la conferencia de 1997 dijo que el miedo a no volver, «que es básicamente el mal viaje», «suele desaparecer simplemente por transcurso del tiempo», y que a quien no se le pasa «o no debió tomar esa sustancia o ha cambiado». Hablaba sobre todo del viaje mismo.

**Lo que se sabe hoy.** Sobre lo que puede venir después, la investigación de estos años añade dos cosas. En un estudio de 2023 con 608 personas que habían tenido dificultades prolongadas después de tomar psicodélicos, a un tercio le duraron más de un año, y a una sexta parte, más de tres. El estudio no dice con qué frecuencia ocurre, porque solo preguntó a quienes las habían tenido; lo que muestra es que, cuando ocurre, puede durar mucho. Lo que más hicieron esas personas para sobrellevarlo, según otro trabajo del mismo equipo, fue meditar o rezar y buscar apoyo en amigos y familiares. Los dos estudios los pagó una fundación estadounidense, Emergence Benefactors. Y una revisión de 2025 de los estudios publicados, encabezada por psiquiatras de la Universidad de Ginebra (sin financiación externa, aunque varios de sus autores declaran vínculos con farmacéuticas), encontró, a partir de estudios en su mayoría de baja calidad, que la psicosis desencadenada por estas sustancias es rara: entre el 0,002 % en los estudios de población y el 0,6 % en los ensayos clínicos. Que él no viera ningún caso en cerca de un millar de personas encaja con la cifra de los estudios de población; pero los casos existen, y el 13,1 % de quienes tuvieron una psicosis así desarrolló después esquizofrenia. De lo que puede venir después, y de lo que ayuda, hablamos en [*Nadie te dice qué hacer al día siguiente*](https://ponundios.com/analisis/nadie-te-dice-que-hacer-al-dia-siguiente).

### Lo que propuso

En el epílogo, escrito en 1989, propuso tres medidas que, según él, cabían en los tratados, «sin necesidad de denunciar el derecho internacional vigente»:

- «Hacer efectivos —y no sólo potencialmente— y accesibles a terapeutas y científicos, para usos médicos y experimentales, todos los psicofármacos descubiertos, asegurándose de que laboratorios competentes los elaboren con las debidas exigencias de pureza».
- «Dirigir efectiva y no sólo teóricamente la acción penal sobre el gran tráfico, tomando medidas que se concentren en la corrupción de los cuerpos armados y en las conexiones de servicios secretos con el asunto».
- «Asegurarse de que la información en el campo de las drogas merezca su nombre, ofreciendo datos farmacológicos en vez de farmacomitologías contraproducentes».

Confiaba en que un equipo de magistrados, médicos y científicos sociales «elegidos exclusivamente por su prestigio profesional» acordara las reformas concretas. Para la tercera medida detallaba lo que debería saberse de cada sustancia, legal o ilegal: su tolerancia, cuándo aparece la abstinencia, sus contraindicaciones, cómo tratar las intoxicaciones agudas o los «trances paranoicos», cómo detectar la adulteración. Es, en buena parte, lo que intentan las fichas de [Consulta](https://ponundios.com/consulta).

En el mismo epílogo iba más lejos: «el fin de la prohibición contribuiría a pacificar la vida civil, como sucediera al derogarse la ley Seca». No quería que estas sustancias estuvieran «gobernadas por especuladores», y sostenía que nada favorece tanto la especulación como «mantener el mercado dividido en blanco y negro». En 2019 lo decía así: «No hace falta legalizar. Deroguemos la prohibición, como se derogó la Ley Seca». Y añadía que «la solución es siempre pasar del prejuicio al juicio, de la ignorancia a la ilustración». Sobre cuál es el mejor camino hay un debate legítimo, que recogemos en *Prohibido no es peligroso*. La tercera medida es la que menos discusión admite: sin información fiable, nadie decide bien. Es la razón de ser de esta web y lo que [defendemos](https://ponundios.com/lo-que-defendemos).

### Qué no sabemos

- Qué dice la sentencia de 1988. No hemos podido leerla, y su relato no coincide en un dato: el fiscal pedía seis años o pedía ocho.
- Cuándo entró y cuándo salió exactamente del penal de Cuenca. Lo más probable es que saliera en enero de 1990, pero es una deducción a partir de lo que cuenta.
- Cuánto del libro escribió en la cárcel. Solo tenemos su testimonio.
- Qué escribió Richard Evans Schultes en su reseña.
- Si la prohibición del opio en China disparó el contrabando, como él sostenía. Sus cuentas no lo demuestran, y no sabemos si otras lo harían.
- Cuánto influyó en la política española sobre estas sustancias. Estuvo en el debate público desde principios de los años ochenta, pero no hemos encontrado ninguna institución que lo reconozca.
- De dónde viene lo que se vive. Escohotado trató estas experiencias como una forma de conocer, y esa era su postura, no un dato. Sobre su origen no tenemos respuesta, y no vamos a fingir que la tenemos, ni en un sentido ni en otro.

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 <a class="el-title uk-accordion-title" href="">Fuentes: </a>- Escohotado, A. (1998). *Historia general de las drogas: incluyendo el apéndice «Fenomenología de las drogas»*. Madrid: Espasa Calpe. (Primera edición, con el título *Historia de las drogas*: Madrid, Alianza Editorial, 1989, en tres volúmenes.)
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- Escohotado, A. (1972). [*La conciencia infeliz: ensayo sobre la filosofía de la religión de Hegel*](https://search.worldcat.org/es/title/La-conciencia-infeliz-ensayo-sobre-la-filosofia-de-la-religion-de-Hegel/oclc/1943213). Madrid: Revista de Occidente.
- Escohotado, A. (2019). [*Mi Ibiza privada*](https://www.planetadelibros.com/libro-mi-ibiza-privada/293702). Madrid: Espasa.
- Ribas, N. (2023). [«Amnesia, la discoteca que montó el filósofo Antonio Escohotado para contribuir a la 'mafia hippie'»](https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/amnesia-discoteca-monto-filosofo-antonio-escohotado-contribuir-mafia-hippie_1_10499333.html). *elDiario.es*, 9 de septiembre.
- Escohotado, A. (2003). *Sesenta semanas en el trópico. Viajes por el planeta exterior*.
- Escohotado, A. (2017). [«En la residencia forzosa»](https://canamo.net/cultura/historia/en-la-residencia-forzosa), partes 1 a 6. *Cáñamo*, n.º 232 a 237.
- Escohotado, A. (2023). [*Confesiones de un opiófilo. Diario póstumo (1992-2020)*](https://www.planetadelibros.com/libro-confesiones-de-un-opiofilo/384325). Edición de Jorge Escohotado; presentación de Juan Carlos Usó. Madrid: Espasa.
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