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title: "¿Cuántos estados de conciencia hay?"
description: "Una mosca ve el mundo a 240 imágenes por segundo; tú, a 60. Qué dice eso de la ayahuasca, de la palabra «alterado» y de lo que no es psicosis."
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date: "2026-10-31T01:32:16+00:00"
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[ Análisis ](https://ponundios.com/analisis)

#  ¿Cuántos estados de conciencia hay?

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 Lo sabido ·

######  Pon un Dios

######  · Revisado el 23 de octubre de 2026

![](https://ponundios.com/media/yootheme/cache/07/perspectivas-07595a10.jpg?src=images/perspectivas.jpg&thumbnail=775,392,&hash=edb6974a)

*Una mosca percibe el mundo a cuatro veces nuestra velocidad; una garrapata, con solo tres señales: un olor, el tacto y el calor; una gamba, con doce tipos de receptor de color, y aun así distingue los colores peor que nosotros. Ninguna se equivoca. Este artículo trata de lo que eso dice de la manera humana de percibir, y de por qué tantos llaman «alterado» a lo que se vive con ayahuasca. Esta web cree que lo vivido es real. Precisamente por eso no va a decir que lo visto existe fuera.*

La primera vez que Benny Shanon tomó ayahuasca, en 1991, en una colonia del Santo Daime en la Amazonia brasileña, cerró los ojos por prudencia y vio más de lo que esperaba. «Cuando tenía los ojos cerrados y estaba alucinando, el tiempo parecía una eternidad y tenía miedo. Abrí los ojos y, mirando el reloj de la pared, me di cuenta de que solo habían pasado dos minutos.» Años después tuvo una visión cuyo tema era exactamente eso: bailaba, y mientras bailara el tiempo estaba detenido. «Objetivamente, todo este episodio duró un par de minutos; lo que experimenté, sin embargo, fue de duración prácticamente ilimitada.» Shanon es psicólogo cognitivo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, se había definido durante años como «un ateo devoto», y llevaba otros tantos años defendiendo en sus libros que toda la cognición humana está fundada en el tiempo. El reloj de la pared le llevaba la contraria. Lo dejó escrito: «para mí, el descubrimiento de lo atemporal fue intelectualmente de lo más inquietante».

Este artículo va de ese reloj. De cuántas maneras hay de percibir el mundo, empezando por las que no son humanas; de la palabra con la que casi todo el mundo, casi siempre sin saber de dónde viene, nombra la que da la ayahuasca; de lo que cambia en una sesión, según quien lo ha mirado con método; de por qué eso no es psicosis, y de cuándo sí lo es; y de lo que tiene razón quien dice que la realidad es una y la percepción correcta también. Vamos de lo más seguro a lo menos.

### No hay una sola manera de percibir

Empecemos por lo que nadie discute, porque lo miden instrumentos.

La gamba mantis tiene doce tipos de fotorreceptor para el color, frente a los tres humanos, y durante décadas se dio por hecho que veía un mundo más rico que el nuestro. En 2014 se comprobó que distingue los colores peor que nosotros: no compara tonos, los reconoce, barriendo la escena con los ojos, «un tipo de reconocimiento del color más que de discriminación». Más receptores no es más mundo: es otra manera. Las abejas ven el ultravioleta; los perros no ven en blanco y negro, ven con dos pigmentos en lugar de tres; muchas aves tienen cuatro tipos de cono.

Con el tiempo pasa lo mismo. Una luz que parpadea deja de parecer un parpadeo y se vuelve continua a partir de una frecuencia, y esa frecuencia mide la resolución temporal de un sistema nervioso. En un estudio de 34 vertebrados, el ser humano funde el parpadeo a unos 60 hercios; una ardilla, a 120; la tortuga laúd, a 15. Una moscarda, en otro estudio, a 240. Los autores del primero escribieron que la percepción del tiempo «puede constituir una dimensión importante y desatendida de la diferenciación de nichos»: cada animal vive a la resolución que su cuerpo le permite. Lo medido es la resolución, no el tiempo vivido; pero la resolución basta para el argumento.

Y hay sentidos que no tenemos. Las rayas detectan campos eléctricos de diez nanovoltios por centímetro, el latido de un pez enterrado en la arena. Los murciélagos ven con ecos de hasta 212 kilohercios. Las serpientes de cascabel perciben el calor de una presa a un metro, con un órgano que no es un ojo. Las aves migratorias quizá perciban el campo magnético; el mecanismo sigue siendo una hipótesis. Cada uno de estos sentidos detecta una magnitud física que un instrumento puede medir con independencia del animal: nanovoltios, kilohercios, grados. Conviene retener esto, porque es el mejor argumento del escéptico, y volveremos a él.

El biólogo que lo pensó primero fue Jakob von Uexküll, en 1934, con una garrapata. La garrapata vive en un mundo de tres señales: el olor del ácido butírico que desprende la piel de un mamífero, el tacto del pelo y el calor. Nada más. «Todo el rico mundo que rodea a la garrapata se encoge y se convierte en una pobre estructura que consiste sobre todo en tres señales que percibe y tres maneras de actuar: su mundo propio.» Y puede esperar: en el Instituto Zoológico de Rostock mantuvieron vivas garrapatas que llevaban dieciocho años sin comer. «Dieciocho años puede esperar la garrapata; eso nosotros, los humanos, no podemos.» Uexküll llamó *Umwelt*, mundo propio, a ese recorte que cada especie hace del entorno, y llamó ilusión a «la fe en la existencia de un único mundo en el que estarían encajados todos los seres vivos». Pero distinguió con cuidado el mundo propio de cada animal del entorno físico que todos compartimos; el artículo necesita las dos cosas. (Uexküll firmó en 1933 la declaración de apoyo de los científicos alemanes a Hitler; se dice porque es verdad, y no cambia lo que la garrapata enseña.)

Cuarenta años después, un filósofo, Thomas Nagel, llevó la idea a su límite con un murciélago. «Quiero saber qué es para un murciélago ser un murciélago», escribió, y concluyó que no podemos saberlo: su sonar no se parece a ningún sentido nuestro, y podemos describir cómo funciona sin saber cómo se vive. Pero Nagel añadió otra cosa que suele olvidarse: «el rayo tiene un carácter objetivo que no se agota en su apariencia visual, y que un marciano sin vista podría investigar». Que haya muchas maneras de percibir el rayo no significa que haya muchos rayos.

Y no hace falta cambiar de especie. Dentro de la nuestra, sin tomar nada, un 4,4 % de las personas tiene sinestesia (ve los días de la semana con color, por ejemplo); un 3,9 % no puede formar imágenes mentales; un 8 % de los hombres europeos confunde el rojo y el verde; y una de cada veinticuatro mujeres portadoras de una anomalía del color ve, según las pruebas, con cuatro dimensiones de color en lugar de tres. «La» manera humana de percibir no es una ni siquiera entre humanos.

Shanon lo dijo de otro modo, antes de hablar de ayahuasca, en un pasaje que es la columna de este artículo. Imaginó seres que «podrían percibir los colores de otra manera, sentir que sus cuerpos son más pesados o más ligeros, ver las cosas del mundo más grandes, más nítidas o más energéticas, y experimentar el flujo del tiempo como más rápido o más lento». Los animales de este apartado son esos seres, y existen. De ahí su definición: «la conciencia puede definirse como el conjunto de parámetros que especifican la manera particular en que los seres humanos experimentan el mundo, tanto físico como mental. Si las especificaciones de esos parámetros cambiaran, la fenomenología de la experiencia se modificaría». Y su ejemplo: «Llevo gafas. Sin ellas no puedo ver. Normalmente no presto atención a las gafas… si las lentes estuvieran tintadas de rosa, el colorido de todo lo que veo se modificaría. Con esto, la existencia de las gafas, sus especificaciones y su contribución a mi visión se harían evidentes. Lo mismo ocurre con la conciencia, solo que en este caso la situación es más radical. Las gafas pueden quitarse, pero la conciencia está siempre con nosotros».

Las otras especies no perciben otro mundo; perciben el mismo de otra manera, y eso basta para que la nuestra deje de ser *la* manera. Lo que la ayahuasca hace, y es la tesis de todo lo que sigue, es cambiar durante unas horas el cristal de las gafas.

### La palabra «alterado»

La expresión con la que se nombra ese cambio nació en marzo de 1966, en un simposio de Montreal sobre «estados de posesión en pueblos primitivos». Un psiquiatra de un hospital de Wisconsin, Arnold Ludwig, definió el «estado alterado de conciencia» como «una desviación suficiente en la experiencia subjetiva o en el funcionamiento psicológico respecto de ciertas normas generales de ese individuo durante la conciencia de vigilia alerta». Dos detalles de esa definición se han perdido por el camino. La norma era la de cada individuo, no la de la sociedad. Y la lista de lo que produce esos estados incluía el ayuno, la danza, la oración ferviente, la fatiga, la meditación, la hipnosis y, al final, las sustancias. La palabra que hoy se reserva a las sustancias prohibidas nació para el ayuno y la oración.

Quien la popularizó, Charles Tart, escribió diez años después que se usaba «de una manera tan ambigua que casi no significa nada», y rechazó «la suposición de que nuestro estado ordinario de conciencia es de algún modo el "mejor" o el "óptimo"… y de que todos los estados alterados son de algún modo variantes inferiores o patológicas de él». Stanislav Grof la descartó por su «énfasis unilateral en la distorsión o el deterioro de la "manera correcta" de experimentarse a uno mismo y al mundo», y añadió una observación de veterinario: en inglés coloquial, *alter* es castrar a un perro o a un gato.

En castellano la palabra pesa más que en inglés. El diccionario de la Academia da cuatro acepciones de «alterar», y tres son malas: «estropear, dañar, descomponer»; «perturbar, trastornar, inquietar»; «enojar, excitar». La única neutra es la primera, la etimológica, de *alter*, «otro». Quien dice «estado alterado» en castellano está diciendo, sin querer, «estado estropeado», y casi nadie lo señala. Las alternativas existen: «no ordinario», «modificado». El antropólogo Josep Maria Fericgla preguntó lo esencial en 2002: «¿estado modificado respecto de qué?… cada sociedad escoge como normal aquel estado que más le conviene».

Shanon pasó por el mismo problema con los nombres de las sustancias. Eligió «psicoactivo» por ser el más neutro; rechazó «alucinógeno» porque la experiencia es demasiado rica para reducirla a efectos perceptivos y porque la palabra «a menudo arrastra connotaciones despectivas»; y de «psicotomimético», que imita la psicosis, dijo que «está claramente tanto fundado en el prejuicio como fenomenológicamente equivocado». Dos notas a pie de página de su libro dicen más que muchos tratados. Una recoge la definición de ayahuasca del diccionario Webster de 1975: una bebida «que produce una psicosis delirante». La otra va en la dirección contraria: los secoya, de Ecuador y Perú, emplean «la misma palabra, *quepe*, tanto para "loco" como para "embriagado con yagé"». La confusión no es solo occidental.

El título de su libro, *Las antípodas de la mente*, lo tomó de Aldous Huxley, que después de la mescalina escribió que más allá de la conciencia cotidiana, «atravesando otro océano, más vasto», estaba «el mundo de la Experiencia Visionaria». La metáfora es exacta y conviene no perderla: las antípodas no son otro planeta. Son el otro lado del mismo.

Y los primeros en describir ese otro lado con precisión fueron químicos, no místicos. En 1800, Humphry Davy respiró óxido nitroso y escribió que había existido «en un mundo de ideas recién conectadas y recién modificadas»; al volver en sí, le gritó al médico que le acompañaba: «¡No existe nada más que pensamientos!». Según su propio registro, habían pasado tres minutos y medio; a él le parecieron mucho más. Es el reloj de Shanon, casi dos siglos antes. En 1902 William James, después del mismo gas, escribió la frase con la que acaba este artículo. Y la neurociencia actual ha llegado, por su camino, a una posición parecida a la de Tart: el modelo más citado describe la vigilia ordinaria como un régimen entre varios, que «podría verse como algo que ejerce una influencia limitadora o estrechadora sobre la conciencia»; aunque el mismo artículo llama «regresivos» a los otros estados y sus medidas no se han replicado de forma consistente. Lo exacto es esto: la ciencia ha dejado de tratar la vigilia como *el* estado correcto del que los demás se desvían, aunque la siga usando, por necesidad, como referencia.

### Lo que cambia, según quien lo ha mirado

Nadie ha descrito con método lo que la ayahuasca hace con la percepción como Shanon, que tomó la bebida más de ciento treinta veces en diez años y entrevistó a 178 personas. Lo que sigue va en tres capas: lo que él describe, lo poco que la ciencia ha medido de lo mismo, y la voz de quien lo ha vivido, incluida la de un testimonio de esta web, [El niño que no se permitió llorar](https://ponundios.com/testimonios/27-el-nino-que-no-se-permitio-llorar).

**El tiempo.** «Uno de los efectos más básicos de la ayahuasca es la inducción de un nuevo modo temporal para la mente. En concreto, el brebaje induce estados mentales que, experiencialmente, desafían el dominio del tiempo.» Pero Shanon corrige, en una nota, a casi todos los que escriben sobre esto: no es que el tiempo vaya más deprisa ni más despacio. «En el mundo visionario, el tiempo no pasa ni más deprisa ni más despacio; más bien, las cosas ocurren.» La sorpresa viene después, al consultar el reloj. Y en el extremo: «la experiencia no es de un tiempo que pasa más despacio, sino de un tiempo que deja de ser relevante». Su propuesta es que el dominio que se vive con ayahuasca no tiene ni espacio ni tiempo: «se define por el parámetro del significado». Con la reserva que pone en la línea siguiente: «no suscribo la visión espiritista, sobrenaturalista».

Lo que la ciencia ha medido del tiempo es poco y en pedazos. En laboratorio, la psilocibina a dosis alta hace que la gente reproduzca más cortos los intervalos de varios segundos (doce personas). Con ayahuasca existe un solo estudio, en un ritual brasileño, con nueve personas y una tarea: reproducir un fragmento de música de veinte segundos; lo reprodujeron algo más largo después de beber, y los autores concluyeron, con mucho más de lo que tenían, que la ayahuasca «no tiene efectos alucinógenos». El dato que más dice está en otro sitio: en 591 sesiones experimentales de Zúrich, el ítem más puntuado de los 66 de la escala con la que se mide la experiencia fue «Como en un sueño, el tiempo y el espacio cambiaron», 64 sobre 100; y la versión moderna de esa escala, la que se usa hoy, no incluye ese ítem.

Hay un dato de esta web que encaja con eso, y es una ausencia. De los veintiún testimonios publicados aquí, ninguno desarrolla la percepción del tiempo durante la sesión, cuando en el cuestionario es lo que más se marca. La explicación es la de Shanon: el tiempo cambiado no se vive dentro, donde las cosas simplemente ocurren; se descubre después, al mirar el reloj, y el reloj no suele entrar en un relato. Las voces que sí lo cuentan son de entrevistas hechas justo después, en estudios con DMT: «ridículamente largo, como si durara para siempre»; «parecía tan ralentizado, en tantos pasos distintos, que podía meterme en cualquier momento».

**El espacio y el cuerpo.** Shanon lo llama «calibración»: las cosas son grandes o pequeñas, pesadas o ligeras, «en relación con ciertos patrones», y con ayahuasca los patrones se mueven. Una informante sintió que su cuerpo «se encogía hasta el de una cerilla», y le vino a la cabeza Alicia; dos se sintieron «tan altos como los árboles de la selva amazónica»; él mismo sintió varias veces que su cuerpo se elevaba del suelo. Y una instrucción al lector: «Cierre los ojos. ¿Cuál es la extensión espacial de lo que ve? Con la ayahuasca, el campo interno de visión se agranda significativamente». El lugar donde uno siente que está su conciencia, normalmente detrás de los ojos, puede salirse del cuerpo.

Aquí está el límite exacto de todo el artículo, y lo pone Shanon en otra nota a pie de página: «Lo que aquí discutimos es experiencia fenomenológica, no estados de cosas físicos en el mundo real. También en nuestro estado ordinario de conciencia, las distancias (tanto temporales como espaciales) que tienen las cosas se sienten de cierta magnitud. Experiencialmente, la misma distancia física podría sentirse de mayor o menor magnitud fenomenológica». La mesa sigue a un metro. Lo que cambia es cuánto se siente ese metro.

Lo medido: la sensación de salirse del cuerpo o perderlo aparece en el 27 % de los relatos con psicodélicos frente al 13 % de los de meditación; «las cosas a mi alrededor parecían más pequeñas o más grandes» es otro ítem de Zúrich que la escala moderna dejó fuera. Las voces: «Las manos me parecían más grandes»; «era casi como si me hubiera vuelto pequeño y estuviera debajo de un mueble»; «lo sentía ajeno, repartido por más dimensiones que nunca». Y el testimonio de esta web, ya avanzada su primera sesión: «Tenía las rodillas heladas y la columna como un tubo de metal metido en nieve. No tenía sentido, porque en el salón hacía buena temperatura y entraba el sol por la ventana». Es la nota de Shanon hecha carne: el sol seguía entrando por la ventana; lo que cambió fue el cuerpo que lo recibía.

**Lo físico, visto de otra manera.** Shanon describe un fenómeno que llama «ver-como». En una sesión del Santo Daime vio, delante de él, dos rostros mayas mirándose. «Cuando inspeccioné por primera vez lo que veía, me di cuenta de que los rostros eran en realidad las sombras de los dos zapatos que llevaba la persona sentada en el banco de delante. La apreciación de este hecho, sin embargo, no afectó a mi sensación visual.» Cuando el hombre movía los pies, los rostros conversaban. Otra vez, una nube era un gran pájaro con las alas abiertas protegiendo el universo, y el amigo que estaba con él lo vio también. Lo tangible sigue ahí: son zapatos, es una nube. Se percibe de otro modo, y saberlo no lo deshace.

Y mucho de lo que se ve es con los ojos cerrados, por el mismo mecanismo con el que se imagina. Decir que «bajo ayahuasca se ve lo que no hay» es impreciso: a menudo se ve lo que hay, de otra manera.

**Los sitios en los que se está.** Hay un punto, dice Shanon, en el que una visión deja de ser algo que se ve y pasa a ser un sitio en el que se está. Lo llama «realidad virtual»: «el bebedor de ayahuasca es transportado a otro reino de existencia, que siente muy real… en su totalidad la experiencia trasciende lo visual y se siente como una realidad en la que el bebedor está inmerso». La comparación que da es la de cualquiera en su despacho: no digo «veo a mi ayudante y el ordenador», digo «estoy en la habitación». Distingue tres posiciones, «fuera de la escena de la visión, estáticamente dentro de la escena, o en movimiento dentro de la escena», y una última en la que uno está «no solo como actor, sino también como director». Lo que separa eso de un sueño lo dice en una frase: «En las visiones con ayahuasca uno está plenamente despierto y consciente; en los sueños, no… Uno experimenta una visión y al mismo tiempo puede interactuar con sus compañeros de sesión, manipular objetos del mundo real, moverse, cantar».

Lo medido de esto es casi todo con DMT fumada, en casa de usuarios experimentados: «otros mundos» en 36 de 36 entrevistas; «¡No era algo que hubiera visto, sino un sitio en el que había estado!»; y una frase que une las dos sustancias: «Me transportó exactamente al lugar al que me había llevado la ayahuasca en el viaje anterior». Pero ningún estudio ha medido lo que Shanon describe: que esos sitios sean coherentes, que uno pueda moverse en ellos, que se vuelva al mismo. No hemos encontrado el instrumento.

El de esta web recorre las tres posiciones de Shanon en orden. Primero, fuera: «me vi volando por encima de algo enorme, como una ciudad vista desde arriba. Era una placa base de ordenador: circuitos como carreteras, cruces, chips». Después, dentro y en movimiento: «dejé de volar por encima. Dejé de ser un humano mirando aquello y fui la electricidad que corría por dentro, moviéndome como se mueve la corriente en una placa, por conexiones que no tienen nada que ver con las que se viven teniendo un cuerpo». Y lo que dice de ese sitio, que «era muchísimo más real que este desde el que escribo», es el tema de otro artículo, [Más real que lo real](https://ponundios.com/analisis/mas-real-que-lo-real), y aquí no se vuelve a analizar.

**Ser otro animal.** Shanon cuenta que una vez «sentí que experimentaba lo que es ser una hormiga. Me encontré en medio de un hormiguero y aprecié la fuerza que uno gana al formar parte de un todo mayor que uno mismo». Y que en una de sus primeras sesiones, con los ojos abiertos, «me pareció que mi mano izquierda se convertía en una zarpa negra. Sentí como si mi cara sobresaliera hacia delante. Me asusté y no dejé que la experiencia se desarrollara más». Sus informantes se transformaron en felinos, águilas, una serpiente, un delfín, una araña. En el chamanismo amazónico, convertirse en jaguar es la marca del chamán.

Aquí vuelve el murciélago de Nagel, y conviene no esquivarlo. Sentir que uno es un jaguar no es saber qué siente un jaguar. Shanon no pretende lo contrario: no cree en la reencarnación y propone otra lectura, la del reparto de papeles en el teatro. La experiencia es la de *ser* otro; lo que no da es acceso al otro. Es una experiencia real de la que no se puede sacar un conocimiento.

**Lo que Shanon saca de todo esto.** Los rasgos que William James daba por universales en la conciencia humana, concluye, «no son ni generales ni necesarios… han de verse como valores específicos definidos sobre un conjunto de parámetros; en distintos estados de conciencia, los valores son distintos». La pregunta que se hace al final de su libro no es «adónde lleva la ayahuasca», sino «¿qué le hace la ayahuasca al sistema cognitivo humano?», y la respuesta tiene la forma de «las modificaciones en los valores de una serie de especificaciones». Diales, no viajes. Lo compara con un cambio de marcha: los seres humanos «tienen la capacidad de operar, y de existir, en dos estados distintos», y una teoría que lo explique «abarcará tanto la conciencia ordinaria como la no ordinaria y las verá como casos específicos obtenidos mediante variaciones en una estructura común, general». Con la advertencia que esta web hace suya: «Debo subrayar que aquí no hago ninguna afirmación metafísica, ontológica ni mística. De manera muy empírica, estoy definiendo los distintos tipos de experiencia que se encuentran en la fenomenología psicológica humana».

### Lo que no es psicosis

La idea de que estas sustancias producen una psicosis en miniatura es anterior al LSD: en 1927 ya se usaba la mescalina como modelo de la esquizofrenia aguda. Se abandonó por tres razones, no por una: porque las comparaciones mostraron, en palabras de Hofmann, «diferencias esenciales»; porque aparecieron modelos mejores, la anfetamina y la fenciclidina; y porque la prohibición de los años sesenta acabó con la investigación. Y volvió en 1998, con otro sentido: como modelo de los primeros episodios psicóticos, no de la enfermedad. Lo que sigue es lo que separa las dos cosas y lo que no.

La primera diferencia es la modalidad, y la vio Shanon en 2002 antes de que la psiquiatría la cuantificara: con ayahuasca predominan las visiones, y «en la psicosis, las alucinaciones auditivas son con mucho las más comunes». La comparación más completa que existe, publicada en 2020 en la revista de referencia de la esquizofrenia, da las cifras: en la esquizofrenia, las alucinaciones son auditivas en torno al 79 % de los casos; con psicodélicos, sobre todo visuales, a menudo geométricas, de horas, y «la conciencia de su origen suele conservarse; en otras palabras, el juicio de realidad no está afectado». La clasificación internacional de enfermedades lo recoge: la intoxicación es «transitoria» y cede «a medida que la sustancia se elimina».

La segunda es el contexto y la actitud, y es la que Shanon pone primero: «La diferencia entre la cordura y la locura no tiene por qué ser intrínseca, no tiene por qué estar en el estado mental mismo… Que uno sea el dueño de una experiencia no ordinaria o esté esclavizado por ella puede marcar toda la diferencia». Pero añade las intrínsecas: «el bebedor experimentado de ayahuasca puede considerarse un navegante competente o un compañero de baile del brebaje. Nada de eso es cierto del psicótico».

La tercera es lo que se conserva. «Por reales que se consideren las visiones de ayahuasca, no suelen confundirse con las percepciones normales del mundo ordinario… por lo común, los bebedores aprecian que están en un lugar determinado (por ejemplo, sentados en una silla), que pueden manejar objetos… y, lo que es más significativo, mantienen el reconocimiento de la presencia de otras personas.» Su comparación es el cine: uno puede estar absorto en la película y aun así «volver la cabeza, dejar que sus ojos se acomoden a la oscuridad e inspeccionar lo que hay en la sala». Es lo que en el glosario de esta web se llama [residuo](https://ponundios.com/consulta/glosario#t-residuo): «siempre puedo mantener un residuo que es mi yo normal… Ese residuo sirve de brújula interna». El testimonio de esta web lo dice en el momento más duro de su relato: «En ningún momento dejé de saber dónde estaba, y sabía que, si me derrumbaba, me iba a oír toda la casa».

Y ahora lo que va en contra, porque sin ello este apartado sería un folleto. Saber que es la sustancia depende de saber que se ha tomado: si alguien la recibe sin saberlo, no puede reconocer su estado como artificial, y por eso un grupo de psiquiatras alemanes escribió en 1998 que «saber que el estado es artificial no es un criterio válido para distinguir entre las psicosis endógenas agudas y los estados alterados inducidos por psicodélicos». A dosis altas, ese saber se puede perder; en un estudio de 1959, dos voluntarios lo perdieron. Un investigador que pasó treinta años con el LSD, Sidney Cohen, lo dijo con exactitud: «Bajo los efectos del LSD es raro perder del todo la conciencia de que se ha tomado una sustancia… Esa información tan útil no está al alcance de los esquizofrénicos». Raro no es nunca. Y una corrección a algo que circula: la «doble contabilidad» que describió Bleuler en 1911, saber que el hombre que te habla no está ahí y a la vez vivirlo como real, es un rasgo del esquizofrénico, no lo que distingue de él a quien ha tomado.

No es psicosis, salvo cuando lo es, y eso tiene cifras. Entre 1.200 voluntarios que tomaron LSD o mescalina en estudios de los años cincuenta, uno tuvo una reacción psicótica de más de 48 horas, y era el gemelo idéntico de un paciente con esquizofrenia. La tasa clásica es de 0,8 por mil en voluntarios sanos y 1,8 por mil en pacientes en psicoterapia. De las psicosis inducidas que sí ocurren, un metaanálisis de 2025 que reunió 353 casos encontró que el 13 % (entre el 9 y el 18) había acabado en un diagnóstico de esquizofrenia, con un seguimiento medio de diez años. Shanon preguntó a médicos brasileños con experiencia en la bebida: los brotes con ayahuasca «no superan la tasa general que se encuentra comúnmente en la población», y a su pregunta de si las personas con psicopatologías graves deberían tomarla, «respondieron negativamente». Todo esto está, con detalle, en la [ficha de la ayahuasca](https://ponundios.com/consulta/sustancias/ayahuasca), en «Antes de tomarla» y «Cuándo acudir a un médico»; aquí solo se dice que existe.

Queda la palabra «deterioro», que es la otra forma del mismo prejuicio. Shanon le dedica un pianista: «si, en mitad de un concierto, los investigadores sometieran al pianista a una prueba de sus habilidades aritméticas o de memoria, también encontrarían un deterioro grave del rendimiento. ¿Significa esto que tocar el piano debería caracterizarse como un deterioro cognitivo?… No es que lo que afirman estos modelos sea fácticamente erróneo; lo significativo es lo que les falta».

### Lo que el absolutista tiene de razón

Quien sostiene que la realidad es una y que hay una percepción correcta de ella tiene razón en tres cosas, y esta web las dice.

Los sentidos se pueden contrastar; las visiones, no. En 1897, el psicólogo George Stratton se puso durante ocho días una lente que invertía la imagen de un ojo, con el otro tapado; al cabo de ochenta y siete horas el mundo volvía a verse «derecho» en casi todo, y concluyó que ver derecho no es una propiedad de la imagen sino «la armonía entre el tacto y la vista». Cada sentido del primer apartado detecta una magnitud que mide un aparato. Con lo visto bajo ayahuasca no existe ese contraste: ningún instrumento confirma la placa base dorada. Es el rayo de Nagel.

Sentirlo real no prueba nada. Los sueños se viven como reales mientras duran, aunque sean extraños: «El sueño se siente real aunque no lo es». El filósofo Thomas Metzinger lo formula en una línea: «La experiencia subjetiva de certeza no es lo mismo que poseer realmente la certeza». Y hay un dato de laboratorio que incomoda, de 1963: con psilocibina y LSD, la capacidad de distinguir tonos de color *empeora*, aunque quienes los toman digan ver los colores más intensos. El propio Shanon concede este punto, y es de los pocos del campo que lo hace: las razones por las que se atribuye realidad a las visiones «no son en esencia muy distintas de las que subyacen a nuestra evaluación de que el mundo ordinario de nuestra percepción es real», y cuando preguntaba a sus informantes cómo sabían que lo visto era verdad, respondían «simplemente lo sentí». Lo contamos en «Más real que lo real» y no lo repetimos.

El salto. De «lo viví así» a «existe así» hay un paso que la experiencia invita a dar y que nada autoriza; Metzinger lo llama pasar de la fenomenología popular a la metafísica popular, y los investigadores que midieron en 2021 cómo cambian las creencias después de una sesión advirtieron de no leer sus propios datos como un aval. Shanon no da el salto: «no suscribo la visión espiritista». Esta web, tampoco.

Donde el absolutista no tiene razón es en lo que viene después: en convertir la vigilia en el único estado legítimo. Dos filósofos de la conciencia lo escribieron en 2018: «no hay ningún sentido determinado en el que uno de estos dos estados sea "superior" o "inferior" al otro»; «mejor» o «peor» solo tienen sentido frente a una tarea concreta, que es el pianista de Shanon dicho con otras palabras. Y Chris Letheby, un filósofo naturalista que no cree en otros mundos, dio la frase que mejor cuadra con lo que esta web piensa: el mensaje de los enteógenos «no es que haya otra Realidad metafísica que deje a esta en la sombra. Es que hay otras Realidades fenomenológicas, muchas de las cuales dejan en la sombra nuestro modo ordinario, el que viene por defecto».

Las dos posiciones se pueden sostener a la vez. Una percepción merece ese nombre cuando algo independiente puede corregirla, y lo vivido bajo ayahuasca no tiene ese contraste; y el estado ordinario no es un nivel superior, sino un ajuste de los diales entre otros posibles. Lo vivido es real; su origen, abierto.

### Quién pagó

Como siempre, se dice y no se juzga. Los estudios sobre la percepción animal son de universidades y agencias públicas, con una excepción: el del olfato del perro lo financió Royal Canin, que aprobó su diseño y emplea a uno de los autores. Los estudios de DMT de los que salen casi todas las voces de este artículo los financian la Fundación BIAL, la Society for Psychical Research, la Parapsychological Association y un mecenas, Anton Bilton, que financió también el ensayo de DMT prolongada: son organizaciones de investigación parapsicológica, y se dice. El modelo de la «entropía» del cerebro lo pagó el Consejo de Investigación Médica británico, con una coautora que firma por la Fundación Beckley. La revisión de efectos adversos de 2022 es de Drug Science, que recibe una subvención de un consorcio de empresas de psicodélicos médicos, y uno de sus autores asesora a una de ellas. La comparación de 2020 entre psicodélicos y esquizofrenia la pagaron el Wellcome Trust, los institutos de salud estadounidenses y el Heffter Research Institute. Shanon investigó desde la Universidad Hebrea de Jerusalén.

### Lo que se repite sin prueba

Lo comprobamos en los dos sentidos.

**«Los perros ven en blanco y negro.»** Ven con dos pigmentos en lugar de tres.

**«La gamba mantis ve dieciséis colores.»** Doce receptores, no dieciséis, y los distingue peor que nosotros.

**«El perro huele diez mil veces mejor.»** La cifra viene de un documental, con dos perros y una sustancia; para alguna, los humanos somos comparables.

**«Para una mosca, tu mano llega a cámara lenta.»** Es de una nota de prensa; el estudio mide resolución, no tiempo vivido.

**«Los psicodélicos producen una psicosis temporal.»** Mezcla una etiqueta histórica con un diagnóstico; hoy es intoxicación transitoria, y las diferencias están documentadas. Pero el modelo no está del todo abandonado: volvió en 1998 como modelo de primeros episodios.

**«Nunca causan psicosis.»** Falso: 0,8 por mil en voluntarios; el gemelo de 1960.

**«Saber que tomaste algo prueba que no es psicosis.»** Depende de saberlo, y a dosis altas se pierde.

**«El estado normal es el estado real.»** Como jerarquía, falso; lo que se sostiene es que el estado ordinario funciona mejor en las tareas del mundo compartido.

**Y del otro lado: «La ayahuasca te lleva a otra dimensión».** Tal como se formula, no se puede poner a prueba: un plano que no deja huella en ninguna medición compartida no se puede ni confirmar ni refutar. En un análisis de relatos de internet, el 87,5 % de los encuentros con seres se sitúan «en otra dimensión»; eso mide el relato, no la dimensión. Lo que sí se podría probar son las afirmaciones derivadas: una información que no se hubiera podido obtener de otro modo. Nadie lo ha hecho.

### Cómo lo cuenta esta web

Esta web cree que lo que se vive en una sesión es real y que su origen está abierto. Por eso no dice «otro plano» ni «otra dimensión», y tampoco «alucinación». Dice que la ayahuasca cambia, durante unas horas, los diales con los que se percibe el mismo mundo: el tiempo, el tamaño, el cuerpo, el sentido de lo real. Y que eso basta para ver que la manera ordinaria de percibir es una entre varias, como las gafas que solo se notan cuando alguien cambia el cristal. No es una afirmación sobre lo que hay fuera. Es una afirmación sobre lo que hay dentro, que es lo único que un testimonio puede contar y lo único que esta web promete.

### Qué no sabemos

- **Cómo son por dentro los sitios en los que se está.** Hay una descripción, la de Shanon, y voces. No hay instrumento que mida si son coherentes, si se vuelve al mismo, si uno actúa en ellos. No hemos encontrado ninguno.
- **Qué hace la ayahuasca con el tiempo, medido.** Un estudio, nueve personas, una canción.
- **Por qué la escala más usada dejó fuera lo que más se declara.** Tiempo, espacio, tamaño y «otro mundo» son los ítems más marcados y no están en la versión moderna. El motivo es estadístico; nadie ha explicado si es el bueno.
- **Si hay manera de medir el saber que es la sustancia.** No existe una escala validada.
- **Qué se siente al ser un murciélago, o un jaguar.** Nagel dice que no podemos saberlo. La ayahuasca da la sensación de serlo; no el conocimiento.

William James lo escribió en 1902, después de respirar el mismo gas que Davy, y Shanon abrió su libro con la cita y con la queja de que casi nadie lee las dos frases anteriores, las que dicen de dónde salió. «Nuestra conciencia normal de vigilia, la conciencia racional, como la llamamos, no es más que un tipo especial de conciencia, mientras que a su alrededor, separadas de ella por la más fina de las pantallas, hay formas potenciales de conciencia enteramente distintas. Podemos pasar la vida sin sospechar que existen; pero basta aplicar el estímulo necesario y, al menor contacto, ahí están en toda su plenitud… La cuestión es cómo considerarlas, porque son muy discontinuas con la conciencia ordinaria. Aun así, pueden determinar actitudes aunque no puedan dar fórmulas, y abrir una región aunque no den un mapa. En cualquier caso, prohíben cerrar prematuramente nuestras cuentas con la realidad.»

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